Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el Congreso de los Diputados.
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el Congreso de los Diputados.

Está claro que Sánchez e Iglesias ha sido lo peor que le ha ocurrido a España desde la posguerra. Tendrían el dudoso honor de figurar en una galería de gobernantes ominosos: Fernando VII, Juan Negrín, Zapatero… 

El récord de desafueros y calamidades es de pelos de punta: una masacre de más de 43.000 personas, una catástrofe sanitaria, una catástrofe económica con la mayor caída del PIB  de Europa -solo superado por Grecia e Italia-, la destrucción de casi 4 millones de puestos de trabajo, el hundimiento de la clase media… etc. A lo que hay que sumar las arbitrariedades del estado de alarma, las presuntas prevaricaciones en la gestión de la pandemia, el sesgo liberticida de muchas de las medidas del Gobierno, el intento de cargarse la separación de poderes, el desprecio por la libertad de expresión… etc.

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Y los responsables del desaguisado -por acción o por omisión- no son ni los chinos, ni un virus maligno, ni la coyuntura internacional. Sino que tienen nombres y apellidos. Pedro y Pablo, en primer lugar, y todos los ministros del Gobierno después. Basta poner antena para captar comentarios recurrentes de la calle: “¡En manos de quien estamos!”… o “esto es nada para lo que nos espera”. 

¿Qué hacer? que diría Lenin -como sabrá Pablo Iglesias, profesor de Políticas-. En una democracia existen opciones para que no queden impunes las responsabilidades penales y para que el gobernante haga frente a sus responsabilidades políticas y abandone el poder. 

Tenemos tres posibles vías para desalojar a Sánchez e Iglesias.

1.- La vía política: Hoy por hoy, inservible

Dado la férrea entente PSOE-Podemos-separatistas y el apoyo circunstancial e interesado de Ciudadanos. La oposición no tiene ni mucho margen de maniobra, ni tampoco demasiado fuelle. Ni está preparado, ni es el momento -el clímax del drama que estamos viviendo llegará cuando la situación económica se deteriore todavía más y entonces haga falta que el 7º de Caballería pepero regrese quizá en forma de adelanto de las elecciones-.

Descartada de momento.

Esperemos que con el 8-M no pase lo mismo que con la famosa X de los GAL

2.- La vía judicial: complicada, con Montesquieu amordazado

Asociaciones de afectados por Covid-19, familiares de las víctimas, médicos y enfermeros, asociaciones de guardias civiles, sindicatos policiales etc han presentado hasta 60 querellas.

En sus escritos demuestran que hay indicios de sobra para que la Justicia investigue a quienes han puesto en peligro la integridad física de 47 millones de españoles y tienen sobre su historial más de 43.000 víctimas mortales. Dos de los más recientes, ofrecen sólidos argumentos para que el juez actúe. 

Se trata, por un lado, de la macroquerella criminal contra el Gobierno, de HazteOir.org, presentada como acusación popular, que pide que se investigue al Ejecutivo de Sánchez por haber cometido presuntamente seis delitos: homicidio imprudente, prevaricación, imprudencia grave con resultado de muerte y lesiones, omisión del deber de socorro, delitos contra la seguridad de los trabajadores y delito contra los sentimientos religiosos.

La otra se centra específicamente en el 8-M: es la denuncia presentada por el abogado y exdiputado del PP, Jaime Ignacio del Burgo, contra el Gobierno por autorizar y animar a participar masivamente en las manifestaciones de aquel día, cuando España ya tenía 17 muertos por coronavirus.

Otra cosa es que el tren judicial quede en vía muerta. Acabamos de ver como la juez Rodríguez Medel ha sobreseído provisionalmente la investigación del 8-M. Ha descartado la imputación de Fernando Simón, director de Emergencias sanitarias, el hombre que minimizó el riesgo de la pandemia y que no desaconsejaba ir al 8-M, del que había numeroso material probatorio en contra; y se centró, en cambio, en el delegado del Gobierno de Madrid, sobre el que no había indicios de prevaricación. Total, nada.

Como dice Jiménez Losantos, “nuestros jueces no se atreven a defendernos del Gobierno”. Ya sabemos lo politizada que está la Justicia y el escaso respeto que el PSOE tiene por la división de poderes, ya desde la época de Felipe González. El último episodio ha sido la destitución del coronel de la Guardia Civil Pérez de los Cobos, por colaborar con la Justicia investigando presuntos delitos del Gobierno durante la crisis del coronavirus. 

Esperemos que con el 8-M no pase lo mismo que con la famosa X de los GAL, que todo el mundo sabía quién era, pero que fue imposible que se despejara, porque el PSOE tenía amordazado y maniatado al pobre Montesquieu. 

3.- La vía de la UE o el choque inevitable Sánchez-Iglesias

Cuanto peor, mejor. Bruselas no puede permitir que se despeñe una de las más grandes economías de la Unión Europea, porque arrastraría a la demás. Así que nos lanzarán el salvavidas, pero no gratis et amore, sino en forma de créditos condicionados, de suerte que mirarán con lupa cómo los gasta el Gobierno socialpodemita y en qué los gasta.   

El dinero de la UE está para lo que está. Para pagar las pensiones, los sueldos de los funcionarios, los ERTES, o ayudar a la pequeña y mediana empresa. No para despilfarrarlo en fuegos artificiales ideológicos, o para que Podemos pretenda convertir Madrid en Caracas. 

La UE presionará a Sánchez, y éste a Iglesias, que se encontrará ante el dilema de perder su pureza comunista o pelearse con su socio

La UE presionará a Sánchez, y éste a Iglesias, que se encontrará ante el dilema de perder su pureza comunista o pelearse con su socio. Claro que entre la pureza y el marquesado de Galapagar ¿qué creen ustedes que elegirá?

¿Como acabará un duelo Sánchez-Iglesias? En este caso es donde el PP tendría alguna posibilidad. Como ocurrió con Aznar en 1996, o con Rajoy en 2011, la clave vuelven a ser el paro y la economía. El bolsillo del ciudadano volverá a ser el catalizador del voto útil, y el mejor pegamento para tapar las grietas de la fragmentación de la derecha que se produjo en 2019. 

Todo ello favorecerá, sin duda, al PP y su pragmatismo económico -e irá en detrimento de Vox-.

Posdata.- La izquierda se reserva la baza de un nuevo PER

Claro que la izquierda puede contraatacar con la demagogia bolivariana. 

Fíjense como Pablo Iglesias está comprando voluntades y tejiendo redes clientelares entre jubilados, pensionistas y parados, a través del Ministerio de Empleo. Con el Ingreso Mínimo Vital, que supone multiplicar casi por tres los 290.000 perceptores que actualmente cobran la renta mínima de inserción; en segundo lugar, reformulando el subsidio de desempleo para aumentar  su cuantía y el número de beneficiarios; y en tercer lugar, reformando las prestaciones de paro para incrementar su cobro y duración. 

¿Justicia social? No, amigos, un remake del PER de Andalucía extendido por Podemos a más de 7 millones de españoles, que son otros tantos votantes. Es una de las bazas políticas que Iglesias se reserva y que encajan perfectamente en el proyecto bolivariano: en lugar de incentivar la creación de empleo, repartir limosna para tener asegurado un granero de votos. 

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.