Mural de Black Lives Matter en los Estados Unidos.
Mural de Black Lives Matter en los Estados Unidos.

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Estoy seguro de que ha estado siguiendo las elecciones de Estados Unidos (no sé si mientras se comía unas palomitas con queso en su honor) y como yo, estará todavía intentando indagar y conocer algo más sobre lo que ha pasado realmente.

En realidad, a mi me gustaría hablarles de una certeza y una corazonada. Empiezo pues.

Es probable que Biden no hubiese ganado sin el apoyo de la órbita de los comunistas chinos.

Por todos es sabido que los gobernantes suelen tener sus intereses cuando se trata de elecciones en otros países pues pueden afectar a las relaciones comerciales, militares o de otra índole.

Lo que está claro es que si le preguntásemos al Partido Comunista Chino lo más seguro es que se decantasen por el Partido Demócrata frente a un Trump que ha sido el primero en mucho tiempo en darse cuenta de que si Estados Unidos quiere seguir ganando la carrera de potencias dominantes, va a tener que darse prisa, pues los chinos le están pisando los talones a pasos agigantados.

Le voy a contar una historia muy resumida. En 1972 se fundó en San Francisco la Asociación Progresista China (APC) con el objetivo de preparar a los residentes del barrio chino de Nueva York para la “revolución”. En 2003 una de las fundadoras, la camarada Lee, concedió una entrevista en la que admitió que en la APC se apoyaba la revolución comunista China y demás cuestiones que hacían ver el carácter marxista de la organización.

Lo cierto es que se siguieron creando asociaciones similares en distintas ciudades de los EE. UU. cuyos fundadores han colaborado con el régimen comunista chino hasta la fecha, promoviendo su visión del mundo.

¿Se acuerda del movimiento que ha dominado el debate público casi mundial durante los meses previos a la campaña? Seguro que sí. Hablo del Black Lives Matter. Resulta que una de las entidades formadas por Alicia Garza, co-fundadora, para exprimir la naranja negra, Black Futures Lab, ha sido noticia (bueno, en algunos medios, claro) porque resulta que estaba apoyada por los amigos de la Asociación Progresista China. Sí, esos mismos que llevan usando los agravios raciales para intentar imponer una visión comunista en los Chinatowns de los EE. UU. durante décadas. Estaremos de acuerdo en que es bastante interesante.

Si les preocupaba el racismo generalizado en Estados Unidos, descanse tranquilo porque es probable que se esfume pronto y que los estadounidenses de todos los colores sean felices y coman perdices, o sapos

Pues yo me atrevo a decir que sin la interferencia de estos grupos marxistas (veremos a ver hasta dónde llegan los lazos), es muy probable que otro gallo estuviese cantando en la Casa Blanca. Podríamos estar ante un verdadero Chinagate.

Todavía me imagino qué pasaría si en China saliese la gente a la calle para protestar por cualquier muerte a manos de la policía. Lo bueno (para ellos) es que la población no suele enterarse muy bien de cuándo matan a sus conciudadanos, pues simplemente desaparecen, como le ocurrió al obispo católico James Su Zhi-Ming, del que no se sabe nada -o casi nada- desde que le secuestraron en 1996.

El racismo sistémico ha terminado.

Seguro que recuerda que hace poco las calles de Estados Unidos se llenaron de manifestantes pacíficos que cortaban calles, prendían fuego y destrozaban establecimientos mientras otros pegaban tiros a los oponentes que se encontraban por las calles. Por cierto, con esto no quiero esconder que la violencia desgraciadamente ha provenido de varios tipos de manifestantes. De hecho se han contado unas 25 muertes en protestas políticas sólo este año, algo que tiene que hacerse mirar en el otro lado del Atlántico.

Hemos escuchado de todo para defender la idea de que en EE. UU. existe un racismo sistémico-institucional que siempre ha estado ahí y que está creando injusticias a lo largo del país más poderoso del mundo. La solución, también jaleada por algunos medios era la de hacer desaparecer a la policía, al parecer. Muy inteligente.

Al parecer todos estos asuntos no despertaban la atención mediática diaria mundial hasta que un señor negro murió desgraciadamente a manos de un policía, evento que había ocurrido en bastantes ocasiones en el pasado, pero se ve que antes no convenía montar todo un movimiento político alrededor del cadáver.

Pues bien, les puedo asegurar que si Biden llega a ser el próximo presidente, el racismo sistémico-institucional americano se arreglará en cuestión de días. No lo volverá usted a ver en el papel higiénico al que todavía siguen llamando prensa y si algún señor negro vuelve a morir a manos de un policía ya tratarán de que no se achaque a un problema institucional, sino a que el policía malvado era de algún grupo minoritario extremista y había votado a Trump en algún momento.

Así que si les preocupaba el racismo generalizado en Estados Unidos, descanse tranquilo porque es probable que se esfume pronto y que los estadounidenses de todos los colores sean felices y coman perdices, o sapos.

Un cordial saludo,

Álvaro de la Peña

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