He leído con disposición de ánimo la entrevista que Antonio García Maldonado le ha hecho al periodista Esteban Hernández, de El Confidencial, azogue de la prensa española. Ha publicado un libro titulado El tiempo pervertido, derecha e izquierda en el siglo XXI, motivo por el cual ambos han mantenido esta interesante conversación. 

Nos enseña García Maldonado que a Hernández le leen “con interés en los círculos poderosos, económicos y políticos”. Con interés, pero al parecer no con inquietud. No cabe motivo para ello. Los lectores de El Confidencial no quieren sustos y, a la vista de las ideas que le extrae García Maldonado, Hernández no se los da. Tiene un lenguaje correcto, hace las denuncias correctas, señala los correctos fallos del sistema y nos advierte de los peligros adecuados.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Para mí, su discurso resulta inquietantemente predecible. Por lo que se refiere al método, recurre al atávico y reconfortante antropomorfismo. Los fenómenos exteriores responden a una lógica humana, con sus intenciones, buenas y malas, sus fallas y sus triunfos. Es una representación de guiñol, pero le permite a él, y a nosotros, compartir un relato asimilable. También en este sentido metodológico Hernández es ortodoxo y canónico. 

Hernández defiende la democracia a no ser que gane Donald Trump

El capitalismo “exige” una “disminución de recursos para la mayoría de la población”, dice, lo cual exige la extracción de ingentes cantidades de impuestos para poder compensarla. No explica por qué los impuestos recaen sobre el conjunto de la población que según él habría sido empobrecida (contra toda evidencia, por cierto), por el capitalismo, y no sobre unos pocos contribuyentes. Incoherencias al margen, lo interesante es el verbo “exige”, que le confiere al aspecto económico del orden social (el capitalismo) una inteligencia subyacente. Un guiñol, vaya. 

Hernández defiende la democracia a no ser que gane Donald Trump. Porque Trump es, como resulta abrumadoramente evidente a no ser que uno se moleste en demostrarlo con hechos, una persona de carácter autoritario; no como Obama, que creó el programa de espionaje masivo de su propia población. Eso sí, no tiene ningún problema en asumir su discurso frentista y proteccionista sobre China. 

La entrevista discurre por territorios ciertamente interesantes, y eso es mérito de ambos, y especialmente de García Maldonado, que demuestra tener buen ojo para identificarlos. Pero lo que más me interesa no son las contradicciones de Hernández, todos las tenemos, ni su discurso ortodoxamente contestatario y entusiasta de los impuestos, ni siquiera su metodología antropomorfista, que es moneda de curso legal. Me interesa sobre todo ello qué es para él el poder, la izquierda y la derecha. 

¿Qué es la izquierda? La respuesta exacta y completa nos la da Esteban Hernández cuando dice: “El ser humano es mejorable”. Somos trozos de arcilla. Muerto Dios, son otros los que nos deben modelar para crear una nueva sociedad, más perfecta. Nuestro deber es dejarnos hacer, no ofrecer resistencia, asumir nuestra condición maleable. El hombre de hoy “debe enfocar su vida en aprovechar todas las posibilidades llevando un estilo de vida adecuado, formándose continuamente, adoptando un pensamiento positivo, etc”. 

Pero para Hernández, las categorías de izquierda y derecha viven por otros motivos: “siempre hay un eje operativo, el del poder y la resistencia”. No le inquieta tanto el poder (sin sustos, hemos dicho), como su concentración. ¿Por qué, entonces, critica que el Estado no cobre ingentes cantidades adicionales de impuestos? Porque quizá ese poder, el poder público, coactivo, no le inquieta tanto.

Lo que desvela sus noches es “la concentración de poder en manos privadas”. Parece no tener presente que Bill Gates no tiene capacidad alguna para coaccionarme. Si adquiero su sistema operativo o el resto de sus productos es porque me da la gana, y los prefiero a las muchas alternativas que hay. No hay más que pensar en las alternativas a Windows y a pagar impuestos: Apple y la cárcel, respectivamente. ¿Quién tiene poder sobre nosotros? A mí me inquieta que la alternativa a ser obediente ante el Estado sea la cárcel, no tener que comprarme un Mac porque Gates me cae gordo. 

Y, hablando de concentración de poder, que se fije en qué mensajes lanzan las instituciones como la ONU, Unesco, el Acuerdo de París y demás. Y verá que asume la práctica totalidad, con el cambio climático y la guerra de sexos por delante. Haría bien. ¿No tenemos que adoptar un pensamiento positivo? Hay que predicar con el ejemplo.

Comentarios

Comentarios