Un hombre ataviado con mascarilla en Wall Street, sede de la bolsa de Nueva York.
Un hombre ataviado con mascarilla en Wall Street, sede de la bolsa de Nueva York.

* Por Ricardo Martín de Almagro

Confinado en el estudio de mi hogar, quisiera compartir un análisis geopolítico y geoeconómico de la situación actual tras los cambios producidos por la pandemia del Covid19.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

Suscríbete ahora

Aún con la comunidad debatiendo sobre su origen, si de laboratorio (que es lo más lógico según la realidad del mundo que vivimos) o animal, debemos plantearnos qué será del mundo cuando sea anecdótico y veamos lo que nos está ocurriendo distanciado en el calendario.

Creo que es de extrema importancia ver qué sucedía en el plano geoeconómico antes de que estallara la crisis que nos asola.

A escala internacional teníamos (y seguimos teniendo) enfrentamientos por el dominio en el orden económico internacional. Desde hace varios años vemos cómo se había desatado la guerra comercial entre EEUU y China, enzarzándose los dos países en la adopción de sanciones y levantamientos de muros a la teoría del libre mercado.

En un mundo globalizado, resulta extraño este último hecho. Sin embargo, es el orden lógico del desarrollo económico de la potencia que pretende dominar el globo. La historia lo demuestra, es un orden natural: primero hay que fortalecer las economías interiores para así desarrollar una capacidad intrínseca que, después, permita dominar a los demás agentes de la esfera internacional, las demás potencias.

No es nuevo, pasó con Inglaterra y la Revolución Industrial y con EE. UU. tras la II Guerra Mundial (en este último caso estableciendo aduanas de hasta un 50% del producto importado), para así después implantar en los demás países el libre comercio.

Esto significa, a efectos prácticos, lograr que sus productos se exporten minimizando el pago de gravámenes al país al que se exporta, subordinándolo así económicamente en tanto que se dispone de fuerza para ser la parte con más fuerza en una hipotética relación contractual. La guerra comercial entre EEUU y China fue un ejercicio de ello: dos potencias con economías muy avanzadas intentando subyugar a la otra a través de aranceles.

Así es como se revienta el sistema capitalista y del libre mercado: con imprevistos. Lo demostró el Crack del 29, también lo hizo la caída de Lehman Brothers en 2008 y ahora el Covid19

Destacable es que precisamente la administración Trump se estaba viendo superada por el gigante asiático. Como bien dice Pedro Baños, los orientales estaban ganado la partida. Ejemplo de ello nos sirve Huawei, que había pasado de vender 20 millones de móviles a 250 millones actualmente.

El efecto del coronavirus

Si algo podemos tener claro respecto al coronavirus es el efecto petrificador que está teniendo en las economías modernas. Así, ya hemos asistido al espectáculo de ver cómo se ha pulsado reiteradamente el botón antipánico de Wall Street ante un Dow Jones que se deslomaba en su caída. Mientras, el Nasdaq le seguía, pero amortiguando los impactos gracias a la resiliencia y robustez que los Amazon, Netflix y compañía ofrecen.

Por otro lado, vemos cómo el avance y el despegue del 5G, que el Dragón Rojo estaba consumando, ha sido frenado en seco, focalizando el esfuerzo en la recuperación sanitaria y económica del que será el próximo imperio del planeta (porque lo va a ser, es cuestión de tiempo y trabajo).

Sin embargo, hay que destacar un hecho: China ya ha salido de esta crisis sanitaria cuando el mundo está sumido en ella. Además, los noticiarios desvelan que precisamente ellos han desarrollado en exclusiva la vacuna, la cual va a necesitar un tiempo para ser testeada y aprobada. De ser una jugada, recuerda a la astucia que caracterizó a la Guerra Fría: jugadas inteligentes para salir de tensiones.

El panorama que nos deja el coronavirus no es otro que el del país con mayor capital humano del planeta recuperado frente a un mundo en shock, paralizado por una mezcla de prudencia y miedo ante lo desconocido e incontrolado. Una crisis que nadie veía venir (o que los ciudadanos de la calle ignorábamos). Así es como se revienta el sistema capitalista y del libre mercado: con imprevistos. Lo demostró el Crack del 29, también lo hizo la caída de Lehman Brothers en 2008 y ahora el Covid19.

Por lo pronto, como primera medida, en España se han movilizado 200.000 millones de euros para minimizar los perjuicios de lo que, además de crisis sanitaria, es un giro geoeconómico. La administración Trump, la misma que dejaba el paro de su país rozando el mínimo matemáticamente posible (el paro friccional) hace solo unos meses, ahora se encuentra forzada a movilizar 850.000 millones de dólares (es cuatro quintas partes del PIB español) y quién sabe si más.

Tal es el extremo, que el país capitalista por antonomasia se plantea incluso dar cheques a sus ciudadanos para reactivar una economía que está frenándose en seco. Si algo está salvando los muebles estadounidenses es la siempre rápida y contundente acción de la FED y sus medidas, pese a que su efectividad empieza también a flaquear (vemos bajadas de hasta el 12% del Dow Jones, traspasando a la baja la barrera de los 20.000 puntos por primera vez desde 2017).

¿Y qué pasará el día de mañana?

El escenario que cada vez veo más cercano es el del cambio de orden o paradigma global. Nos encontramos en un nuevo episodio en el que la balanza occidente–oriente vuelve a tambalearse. ¿Quién saldrá reforzado del pulso? Solo Dios lo sabe. El tiempo nos dará respuestas. Sea cual sea el resultado, si algo queda claro es que Europa ha dejado de ser protagonista. El mundo cambia y el Viejo Continente cada vez es más senecto.

Las consecuencias del Covid19 están siendo catastróficas más allá del aspecto sanitario, que es escalofriante. El mundo no va a ser el mismo, pero Europa continuará siendo espectadora, y España más si cabe. Si nos queda algo de protagonismo será para votar al coronavirus como el personaje del año de la revista Time. Y también para reflexionar nuestro lugar en la Posmodernidad, en el siglo XXI.

Tal vez este confinamiento nos ayude a darnos cuenta del lugar que nos corresponde en el mundo. Y tal vez, solo tal vez, podremos incluso aprender para no repetir los errores que desde hace tanto tiempo venimos cometiendo. Mientras tanto, no nos queda otra que apoyar a nuestros héroes con los mejores aplausos y oraciones que podamos dar. Al mismo tiempo, podremos cuestionar si la actuación seguida por nuestro gobierno ha sido la debida. Y más importante: no hacerlo por sectarismo, sino motivados por pertenecer a la estirpe de los libres, esa que se hace preguntas.

Comentarios

Comentarios