Santiago Abascal, junto a simpatizantes tras un acto de Vox /EFE
Santiago Abascal, junto a simpatizantes tras un acto de Vox /EFE

Santiago Abascal ha dado un puñetazo en la mesa. Las cartas han saltado al unísono, y alguna de ellas ha quedado al descubierto. Las cuentas se han movido de sitio como presagio de lo que va a venir. Desde La Coruña, el líder de Vox ha anunciado la próxima creación de un sindicato afiliado al partido. Horizontal, porque puede romper los pilares del corruptísimo régimen del sindicato vertical UGT-CCOO.

El Partido Laborista fue una creación de un sindicato, mientras que en el caso del PSOE fue al revés, el sindicato se creó casi diez años después que el partido, como Comisiones Obreras es hijo tardío del Partido Comunista de España. Hoy, el PCE aparece revitalizado, o desfigurado, por sus nietos políticos. Y al PSOE no le conoce ni la madre que lo parió, como diría Alfonso Guerra. Vox ha querido darle la razón a quienes le acusan de traer el pasado a la política, y también va a crear su propio sindicato. 

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Abascal habla, con convencimiento y naturalidad, de servir “a trabajadores españoles”; adjetivo, este último, que ha caído en desuso, enterrado como está en una montonera de oprobio y vergüenza. En su discurso hace un repaso de varios sectores con bajos salarios, y añade: “Tantos sectores que han protegido a España y que están haciendo lo posible para volver a la normalidad, pero no a la normalidad totalitaria, no. Volver a la de siempre, a la de vivir de su trabajo y llevar el pan a sus familias”.

Se dirige a los sectores más populares de España, abandonados por la derecha, pero también por la izquierda. La izquierda se define como representante natural de los orillados por el sistema, los más pobres, los que menos oportunidades tienen de cubrir las necesidades que otros dan por supuestas. El hecho de que la izquierda atraiga a tantos miembros de la élite de cualquier país debería hacernos pensar que quizás no sea del todo así.

De hecho, esa izquierda ha pasado del obrerismo ontológico a la defensa del Estado del Bienestar como transacción con el capitalismo: No te mato, pero compro votos con tu riqueza. Pero de ahí ha pasado a adoptar ese conglomerado que forman las ideas identitarias, y que que son un elemento disolvente de la civilización. Las nuevas luchas de la izquierda (el feminismo andrófobo, los nuevos racismos progresistas, el histerismo de género y demás) le han alejado de una parte de su electorado natural, que ve estas nuevas ideas como una agresión a su forma de entender el mundo. Y el intento por disolver la identidad nacional tampoco ayuda. Vox ve en esa España abandonada por la Izquierda feraz terreno para su apoyo electoral.

Por eso crean un sindicato. Porque cualquier acercamiento al fascismo es un paso hacia la izquierda. 

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José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.