Podrán acusarme de delirar tras leerme y yo podría achacar mi estado mental al escribir estas líneas al malvado calor que me acecha mientras garabateo mi artículo con una pluma antigua que he tenido que desempolvar tras quedarme huérfano de computador. No obstante, no haré uso de semejante excusa pues creo realmente que la tesis en la que me basaré puede convertirse en una realidad: dentro de unos años, los consumidores tendrán muy en cuenta las posiciones políticas de las empresas a la hora de hacer sus compras. No deja de ser una tesis, pero no me gustaría despedirme de usted tan pronto, por lo que me permito abusar de su paciencia para desarrollar de forma somera parte del porqué de mi aseveración.

¿Sabe quién es Larry Fink? Pues es un señor que se dedica a dirigir uno de los llamados «bancos en la sombra» más grandes del mundo. De hecho se dice que es el más grande: BlackRock. Para que se haga una idea son el mayor inversor de la Bolsa española con unos 18.000 millones de Euros distribuidos entre bastantes bancos y empresas como Santader, BBVA, Telefónica, Repsol, Iberdrola o ACS. Globalmente controlan más de 6,3 billones de dólares americanos (dos veces el PIB de Alemania). Este buen señor tiene por costumbre publicar una carta anual a los presidentes de las empresas que controla o en las que tiene participación. 

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

En su última misiva del pasado mes de Enero afima que la «confianza en el multilateralismo e instituciones oficiales se está desmoronando» tras sorprederse de un supuesto aumento de la «ira popular, nacionalismo y xenofobia». La mejor parte, sin duda es en la que declara que «frente a la incapacidad de los gobiernos para aprobar soluciones duraderas, la sociedad está mirando cada vez más a las empresas públicas y privadas para que se encarguen de estos problemas sociales y económicos». No crea que no se moja, pues a continuación define cuáles son los problemas a los que se refiere, que van «desde la protección del medio ambiente hasta la jubilación pasando por el género o la desigualdad racial». Su receta ante un ambiente «polarizado» es que los empresarios se conviertan en «líderes» sociales. 

Termina con un aviso a nevegantes: «las empresas que cumplan con las responsabilidades debidas a los agentes sociales recibirán recompensas en el largo plazo (…), lo que se acelerará debido a que los milenials tienen nuevas expectativas de las empresas en las que trabajan, compran o invierten». 
Don Larry, en definitiva, se retrata abiertamente como un globalista que, como es de esperar, está en contra de lo que él llama «nacionalismo» – palabra que ha evolucionado para demonizar a aquéllos que creen en la soberanía de los estados-nación. Y, cómo no, no falta en este cóctel el apoyo al predominante mundo de la ideología de género. Tras declarar a los políticos incompetentes para resolver los problemas, pone la responsabilidad sobre las empresas para que, sin controles democráticos, se encarguen de impulsar su agenda ideológica. No es otra cosa que una carta amenazante en la que se deja claro que si quieres su dinero, hay que pasar por el aro de la colaboración con la ingeniería social. De ahí a poner todos a una banderas multicolores en todas las fachadas y logos de sus empresas no hay una distancia muy grande. 

El cambio radical que estas actitudes pueden crean en la sociedad y en el mercado no deben desdeñarse. Se trata de un mundo en el que un puñado de «bancos en la sombra» se dedican a forzar agendas de ingeniería social concretas sin que la ciudadanía tenga plena conciencia de la razón última de las mismas. En realidad esto ya ha empezado pero de continuar y estrangular cada vez más las libertades y la sana diversidad ideológica, me temo que los daños podrían ser difíciles de reparar.

Otro de los que no se corta un pelo es Netflix, que tras intentar boicotear a Georgia por sus leyes provida le ha salido el tiro por la culata

Podría poner muchos ejemplos, pero me fijaré en los más recientes. 

Disney acaba de organizar su primera marcha para aquéllas personas que creen en la existencia de algo llamado género o aquéllos que creen que la mutilación genital es capaz de modificar su realidad biológica. No creo que la demanda social para ello fuese tal como para justificarlo. Todavía me pregunto cuándo harán una marcha en favor de todos los niños perseguidos y aniquilados por su fe en el mundo. 
Otro de los que no se corta un pelo es Netflix, que tras intentar boicotear a Georgia por sus leyes provida le ha salido el tiro por la culata, pues has sufrido en sus carnes otros boicot a manos de ciudadanos activos provida de todo el mundo -yo mismo cancelé mi cuenta. Sus acciones han caido un 10% tras perder más de 100.000 subcriptores, cuando preveían una subida de más de 200.000. Aunque lo explican por la subida de precios y la competencia, lo cierto es que estos factores ya se tuvieron en cuenta a la hora de realizar sus predicciones, por lo que nadie puede negar que sus posiciones abiertas a favor de la matanza satánica de vidas humanas les ha costado caro. 

Este tipo de situaciones es lo que me hace pensar que de persistir, empezará a abrirse un nicho de mercado interesante para aquéllas empresas que quieran posicionarse a favor de otros ideales como la libertad, la vida o la familia. O incluso para aquéllas que prefieran no meterse en temas sobre los cuales la sociedad está dividida.

Puede que los consumidores se harten de la imposición de lo políticamente correcto por parte de sus «líderes» empresariales, que pretenden erigirse en salvadores del mundo, y empiecen a no sólo tener en cuenta la calidad de los productos, su precio, procedencia o las condiciones laborales de sus trabajadores, sino también sus posiciones en materia de aborto o matrimonio homosexual del supermercado en el que van a hacer la compra los sábados. 
Quizás nos acerquemos más a un mundo como este, así que le sugiero que investigue bien y compruebe a qué políticas van a parar los euros que se gastará mañana en los tomates para hacer el gazpacho que seguro merece. 

Comentarios

Comentarios