El aeropuerto internacional de Male en las Islas Maldivas.
El aeropuerto internacional de Male en las Islas Maldivas.

Se dice, y con razón, que un político no aguanta una visita a la hemeroteca para comprobar sus declaraciones y sus ideas de hace un tiempo con las actuales.  Por ejemplo, Pedro Sánchez pasó en solo unas semanas de firmar con Pablo Iglesias un acuerdo programático para los Presupuestos Generales de 2019  a afirmar que “no dormiría tranquilo” con ministros del partido de Iglesias en su Gobierno.

Lo mismo se puede aplicar a la matraca del cambio climático, el calentamiento global o la emergencia climática. Quien tenga paciencia para repasar los anuncios hechos por la ONU o sus agencias, por el multimillonario progresista Al Gore y por diversos universitarios subvencionados y los compare con la realidad comprobará que casi ninguno se ha cumplido.

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A los maldivos no les asustan los pronósticos, pues cada vez reciben a más turistas en sus islas, supuestamente amenazadas

Un tuitero ha recuperado una noticia publicada en El País en 1988 que pronosticaba la desaparición del archipiélago de las Maldivas para dentro de treinta años o antes incluso debido a la subida del nivel del océano:

“Las 1.196 islas que forman el archipiélago de las Maldivas, en medio del océano indico, corren el riesgo de hundirse bajo las aguas en los próximos 30 años debido a una lenta pero progresiva subida del nivel del mar. Algunos de los expertos más pesimistas creen que la desaparición de la República Independiente de las Maldivas podría producirse antes incluso del año 2010.”

Desde entonces y a medida que aumentaba la calentología promovida desde el Poder, se acumulaban las noticias catastróficas y los pronósticos apocalípticos.

En 2005, un periodista de la BBC hizo de agente de viajes y publicista del cambio climático con un reportaje que concluía así: “Así que visiten las Maldivas pronto, antes de que desaparezcan. Un paraíso a punto de desaparecer”. Un paraíso… siempre que no quiera llevar una Biblia, por cierto.

Bueno, pues como reza el título de la obra de teatro, “No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”. Ya hemos alcanzado esos treinta años… ¡y las islas siguen sobre la superficie del Índico! Y cada vez con más aeropuertos y más turistas adinerados, a los que no les importa contaminar y generar gases de efecto invernadero. ¡Qué vergüenza, oiga usted!

El Gobierno de las Maldivas participa en la campaña de los calentólogos para sacar dinero y publicidad

Como el negocio, digo, el espectáculo no puede detenerse, ya hace unos años los ‘calentólogos’ ampliaron el plazo para la destrucción de las Maldivas. En marzo de 2009, los científicos reunidos a pan y manteles en un Congreso Internacional sobre Cambio Climático anunció que las Maldivas desaparecerán antes de fin de siglo. Más prudente dar un plazo tan largo en el que no quedará vivo nadie de los que participaron en su elaboración o se enteraron de él.

Para participar en la campaña, el Gobierno maldivo celebró un consejo de ministros bajo el agua. ¡Qué imágenes para todo el mundo! Y mientras tanto, se hacía más caja: “Venid a vernos antes de que desaparezcamos”. Para acoger a la avalancha de turistas, el archipiélago tiene cuatro aeropuertos internacionales y diez internos

Sin embargo, nuevas versiones reducen un poco el plazo, para que el cuento asustaviejas tenga efecto, y así se ha puesto como nueva fecha para la catástrofe el año 2050… o más allá.

Ahora bien, los maldivos no son los más pícaros en esta nueva versión del timo del traje del emperador invisible para los idiotas.

Una reunión en Sicilia de ‘celebrites’ mundiales para hablar del clima llevó a la isla más de cien vuelos privados y docenas de yates

En agosto, se celebró el último Google Camp, una reunión anual de mega-ricos, mega-famosos y mega-pijos organizada por los mayores dueños del gigante tecnológico, Larry Page y Sergey Brin. Algunos la definen como una alternativa ‘indie’ al Club Bilderberg. Este año se desarrolló en Sicilia, y el tema principal a debatir entre los ricos preocupados era el cambio climático.

Varios de ellos se trasladaron en sus yates y otros lo hicieron en sus aviones privados. Los 114 vuelos registrados generaron una huella de carbono de 100.000 kilos de CO2 que se diluyeron en la atmósfera, acercándonos al fin del mundo. Pero el CO2 emitido por una ‘celebrity’ tiene una calidad de la que carece el CO2 generado por los votantes socialdemócratas y verdes cuando van en avión a Mallorca.

¡Cómo se reirían los invitados pensando en las Gretas y las Fannis de este mundo, a las que ni invitan a comer las sobras de sus mesas!

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