La ciudad de Venecia acaba de sufrir las mayores inundaciones desde 1966 y, como no podía ser de otra manera, al igual que en las malas películas policiacas en que se adivina al asesino sólo por su mirada torcida, los medios de comunicación han señalado el responsable habitual: el cambio climático. Estoy convencido de que hace medio siglo no se culpó a ese cambio climático que aparece hasta en las páginas de deportes de la prensa.

Antes de nada, hay que recordar que Venecia se construyó hace más de 1.500 años en los islotes de una laguna de agua dulce conectada con el mar Adriático a través de tres bocanas: Lido, Malamocco y Chioggia. Sus habitantes la fundaron en un lugar tan incómodo para protegerse de ataques de piratas y de invasores por tierra y por mar. Después se convirtió en un centro comercial y cabeza de un imperio marítimo cuya riqueza se muestra en sus numerosos palacios. Hoy es una de las ciudades más visitadas del mundo, pero su atractivo es su debilidad, ya que se calcula que se hunde entre dos y cuatro centímetros por siglo.

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Además, otros factores que hay que tener en cuenta son los siguientes. Muchos edificios se levantan sobre cientos de pilotes de madera clavados en el fondo de la laguna, no sobre cimientos de piedra excavados en tierra firme. Las islas que sirven de base a la ciudad, nacidas después del final de la última glaciación, son las más bajas de la laguna. Y también se dan fenómenos naturales como el hundimiento de la superficie por subsidencia y la subida ocasional del nivel del mar por eustatismo.

Las docenas de cruceros que penetran en la laguna de Venecia arrastran toneladas de agua salada que aumenta el nivel

Uno de los motivos del hundimiento progresivo de Venecia, la extracción de agua subterránea, se eliminó con la clausura de cientos de pozos artesianos, pero el desarrollo económico ha traído otros, como el turismo masivo, como ha explicado el profesor Franco Mancuso, experto en restauración, en una magnífica crónica de la agencia Efe.

Desde hace años, los barcos de pasajeros de menos de 96.000 toneladas penetran en la laguna y se acercan a Venecia para embarcar y desembarcar a miles de turistas. Su paso provoca un gran desplazamiento de agua salada al interior de la laguna, que, aparte de aumentar el volumen de agua, corrompe los pilotes y también levanta los sedimentos del lecho marino, lo que vuelve negra el agua de los canales.

La restauración y ampliación de hoteles ha aumentado el peso de los edificios y, por tanto, afectado a la estabilidad de los pilotes. A éstos también les perjudican las olas que levantan los taxis acuáticos.

Los desencadenantes de la última ‘acqua alta’ fueron un fuerte vendaval, una marea alta y las lluvias otoñales

Por último, en desencadenar la inundación del pasado 12 de noviembre intervinieron razones meteorológicas. Una tormenta lanzó fuertes ráfagas de viento en dirección sur-norte dentro de la laguna, cuyo nivel de agua había subido debido a las lluvias otoñales, y, por último, la luna llena provocó una potente marea alta.

Todos estos factores sumados desencadenaron la mayor ‘acqua alta’ desde hace 53 años. Pero en ella el villano habitual en nuestra sociedad, el cambio climático, no aparece. En cambio, sí apareció la corrupción con la excusa de evitar las inundaciones en Venecia.

El proyecto Mose consiste en la construcción de compuertas que cierren la laguna a las olas del Adriático. Comenzó en 2003 y todavía no se ha acabado. Además, su presupuesto se ha más que triplicado y en 2014 el alcalde de Venecia y varios funcionarios y empresarios fueron detenidos y juzgados por sobornos de unos 25 millones de euros.

Unas 25.000 personas acudirán a Madrid a la cumbre del clima. ¿No ayudarían mucho más reuniéndose por vídeo-conferencia?

Y el problema sigue sin resolverse. Al igual que la lucha contra la ‘emergencia climática’. La enésima cumbre sobre el coco oficial de la humanidad obesa traerá a Madrid a 25.000 personas. Hagamos unas preguntas incómodas. ¿Cuántas de ellas vendrán en medios de transporte ecológicos?, ¿cuánto CO2 generarán? ¿No podrían reunirse por vídeo-conferencia? ¿Es imprescindible su presencia en España para salvarnos de la extinción… o es una excursión con gastos pagados?

Por cierto, ¿cuántos de los turistas de los cruceros responsables de las inundaciones en Venecia dicen estar preocupados por el cambio climático?, ¿no harían más por la ecología quedándose en su casa?

Yo creeré en el supuesto peligro del calentamiento global cuando vea a los delegados de estas cumbres viajar en bicicleta, velero o globo.

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