Aprovecho mi columna de opinión mensual para reproducir mi conversación con un ecologista acérrimo, de bandera, aunque sosegado a la hora de dialogar, más dado a razonar con temple que a expresar sus sentimientos de forma volcánica, dispuesto a escucharte e incluso a cambiar de opinión en algunos aspectos si con tu oratoria logras convencerle.

Se trata de un buen conversador, de un pensador socrático al que le gusta más hablar que discutir, que no entiende el diálogo como un debate que te tiene que ganar para autodemostrarse que es más inteligente que tú, sino que interpreta el cruce de voces y palabras como un método de enriquecimiento intelectual, en el que cada parlante necesita aprender algo del otro, por pequeño que sea y por mucha sabiduría que atesore en su privilegiado intelecto. Combina erudición y humildad con sin par maestría, con una destreza sin igual, con un dominio sin parangón.   

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Tras esta laudatoria, pero real, presentación de mi entrevistado, a quien he prometido respetar su anonimato para no menoscabar su fama, ni violar su privacidad (sobre todo, en una coyuntura tecnológica en la que el derecho al olvido brilla por su ausencia), procedo a reproducir nuestro conciso, a la par que campechano diálogo, mitad amistoso, mitad discrepante, luego doblemente enriquecedor.

– Tú que entiendes del tema, macho, y que no te exaltas al explicar las cosas, dame tu versión de esto del cambio climático

Los polos se están derritiendo, fenómeno que provocará que un frío glaciar se esparza por los océanos. Al cambiar la temperatura de las aguas, cambiará la graduación de los territorios de manera brutal. Veremos que se multiplicarán los grados de calor en algunas zonas, haciendo de ellas unos lugares insoportables, y que otras, por el contrario, se enfriarán, en ambos casos, de manera exagerada.

– Dime dónde hará frío, porque el calorón no lo soporto. Bromas aparte, ¿crees que el planeta saltará por los aires por culpa de este descomunal cambio de temperatura?

Las consecuencias serán catastróficas, como te puedes imaginar, pero, también, te reconozco que no creo que traiga consigo el fin del mundo. Será un desastre, pero no “el Apocalipsis”, como tanto te gusta decir.

– Hay un término medio entre “el fin de los tiempos”, como a mí, también, me gusta decir, y la producción de cambios feroces. Reconóceme, tronco, que a los tuyos les gusta dibujar esto como que se vecina la desintegración del mundo.  

A ver, ya sabes que para que la gente reaccione, suele ser necesario recurrir a la exageración. De hecho, tú eres muy dado a hacer lo mismo.

– Una cosa es enfatizar un poco y otra, alarmar de la manera de la que lo hacen. Sin irme por las ramas, ¿hasta qué punto crees que las personas somos culpables de este fenómeno y en qué medida piensas que no depende de nosotros?

Esta pregunta es incontestable. Por un lado, no puedo garantizar que el cambio climático lo hayan provocados los humanos. Por otro, estoy seguro de que la acción humana ha contribuido notablemente.    

– ¿Crees que esa acción humana ha contribuido hasta el extremo de ser determinante o imprescindible?

Sabía que ibas a atacar por ahí. Repito: no puedo garantizar que el cambio climático lo hayan provocado los humanos.

– De hecho, en la Edad Media, tuvo lugar un calentamiento global, conocido como “periodo cálido medieval”. También, se produjo un enfriamiento considerable justo después, con el advenimiento de la época Moderna, al que se conoce como “la pequeña Edad de Hielo”. En aquellos remotos momentos de la historia, difícilmente sería la acción humana la causante de estos desajustes meteorológicos.

Por eso, precisamente, no estoy seguro de si el cambio climático lo hemos causado los humanos, aunque ahora, a diferencia de aquellas épocas, sí que estamos echando leña al fuego. Ni tanto, ni tan poco.

Lo que proponen es puro maquillaje y no va a solucionar nada. Es un simple instrumento para conseguir votos, que es lo único que le importa a estas oligarquías

– ¿Crees que las medidas que proponen los políticos ecologistas, en caso de aplicarse, pondrían punto final al cambio climático o actuarían más como parches para ralentizar el problema?

Hay muchos tipos de ecologistas y de medidas. No hay un frente unificado, por desgracia. Es el problema de politizar esta lucha, que evita que unamos fuerzas, al margen de las banderas ideológicas, las causantes de casi todos los males. En cuanto a tu incisiva pregunta, pienso que las recetas de los políticos socialdemócratas, de los Macron y compañía, son más parches orientados a ralentizar el problema. Es esta la respuesta que esperabas, ¿verdad?.

– Verdad. Y lo de que te hayas metido con Macron, me gusta más todavía. ¿Me reconoces que hay algo de “postureo” en todo esto?

Me obligas a reconocerlo, aunque “postureo” lo hay en casi todo. Hasta para defender la unidad de España. Tanta pulserita, por ejemplo, no deja de ser una pose.

La verdadera revolución es vivir el ruralismo puro, sustituir el éxodo rural por el abandono de las ciudades

– Mi pulsera de España no es una pose, que conste. Es orgullo patrio. Sin perderme por estos derroteros, querría saber si hay mucha diferencia entre aplicar las medidas ecológicas de los políticos socialdemócratas y no hacerles ni puñetero caso.

Soy más partidario de hacerles caso, aunque sea por afinidad o hermandad ecológica. Sin embargo, entre pasar de ellos y asumir sus políticas parche, no hay mucha diferencia. Lo que proponen es puro maquillaje y no va a solucionar nada. Es un simple instrumento para conseguir votos, que es lo único que le importa a estas oligarquías. La solución ha de ser todavía más revolucionaria.

– ¿Y cuál es esa revolución?

La verdadera revolución es vivir el ruralismo puro, sustituir el éxodo rural por el abandono de las ciudades, de su contaminación, de sus prisas, de su estrés, de sus vehículos, de su tecnología disruptiva y destructiva, y volver a la vida rural, a respirar aire fresco en el campo, a retomar el trabajo de la tierra, los cultivos…

– ¿Estás viniendo a decir que es hipócrita este ecologismo urbanita, de aquellos que viven en Madrid y mueren por viajar a London?

Totalmente. Si de verdad queremos solucionar el problema del cambio climático, y ser coherentes y consecuentes con evitarlo, tenemos que abandonar los caprichos de la vida moderna. No vale con alzar pancartitas y luego, coger el coche y vivir en la capital. Hemos de volver a la vida tribal, al ruralismo auténtico, al indigenismo. Eso sí es coherencia ecologista. Si queremos acabar, en serio, con esta amenaza global, hagamos del mundo un gigantesco Amazonas. Recuperemos el paraíso. Todo lo demás serán parches y más parches, tiritas colocadas sobre una herida que necesita de una inmensa gasa.

– Podrías empezar por hacerlo tú.

Lo haría si me viese respaldado en esta lucha. Solo no puedo hacer nada. El cambio climático no se soluciona con que tres o cuatro frikis hagan lo que he dicho. Eso sería postureo. Lo necesario es que lo hagamos todos o, al menos, una mayoría significativa.

– Si fuésemos todos correteando en taparrabos por las sendas de la madre naturaleza y cogiendo manzanas de los árboles, ¿se evitaría al cien por cien esto del cambio climático?

No lo puedo garantizar, porque no sé hasta qué punto depende de la acción humana, pero sí te prometo que el planeta lo notaría una barbaridad. Y además, viviríamos con menos estrés y seríamos más felices.

– Creo que, con esto, me has dado carnaza suficiente. Muchas gracias y hasta pronto.

Espero que te haya sido suficiente con la carnaza y que este empacho te lleve a comer más vegetales. Y fruta, ya sea de paso. Un placer siempre, amigo.   

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Escritor por vocación y amor a las causas nobles. Mi licenciatura en Derecho no me ha impedido dedicarme profesionalmente al periodismo durante una temporada de mi vida, oficio que desempeñé en Intereconomía, casa en la que blandí la pluma, con más fuerza que la espada, cerca de 4 años. En el presente, no vivo solamente de escribir, sino de otros menesteres, al igual que Cervantes, pero es una afición que sigo cultivando como colaborador en diversos medios de comunicación y a través de mi blog, El Despacho de Don Pepone, el cual goza ya de más de 1 millón de visitas