El presidente de Vox, Santiago Abascal, maneja un tractor.
El presidente de Vox, Santiago Abascal, maneja un tractor.

Para sorpresa de todos, en plena campaña electoral para las autonómicas gallegas, el líder de la formación nacional conservadora, Santiago Abascal, anunció la creación de un nuevo gran sindicato ligado a VOX que tendrá como objetivo ser un sindicato verdaderamente útil para los trabajadores españoles y libre de cualquier atadura ideológica. Además, como es coherente siguiendo con el discurso del partido, Abascal dejó claro que sería financiado a través de las cuotas de sus afiliados y no recibiría ni un céntimo del contribuyente. Toda una declaración de intenciones contra el duopolio corrupto de CCOO y UGT cuya inutilidad y su capacidad para “vivir del cuento” resulta más que evidente.

La idea, me resulta magnífica. No soy muy entusiasta de la existencia de sindicatos generales. Lo ideal, sería la existencia de sindicatos localizados y particulares. Pero, esto no se trata de nuestra propia utopía, sino de tener los pies en la tierra. Ese realismo, es la base de la actitud conservadora. Es necesario dar la batalla tanto cultural como social a la izquierda y, el ejemplo del ámbito sindical, es idóneo para ello. En él, la izquierda tiene la hegemonía absoluta.

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Aunque los sindicatos estatales -lo son, pues viven más del Estado que de las cuotas de sus afiliados- de CCOO o UGT no representan ni al 12% de los trabajadores españoles, son los primeros en aparecer en los medios de comunicación y en tener voz en las negociaciones con la patronal. Tampoco es necesario hablar de cómo se han convertido en una herramienta para promover los postulados ideológicos de la extrema izquierda, la lucha de clases y las redes clientelares. Este nuevo sindicato de VOX no solo puede romper con esta diarquía sindical, sino que puede ayudar al partido a mantener el voto obrero y ganar el poco que les queda por hacerse.

Como era predecible, esto ha creado mucho resquemor entre ciertas personas cercanas a un liberalismo económico más radical y pronto han sacado a relucir los típicos insultos de siempre: “nacionalistas españoles”, “lepenistas”, “neofalangistas”, etc.

La mayoría de los que hoy se hacen llamar “liberales”, no son más que una síntesis burda entre anarquismo filosófico y deificación del mercado

Es evidente que la mayoría de los que han realizado calificativos del estilo no tienen ni idea de lo que propugnaba el movimiento creado por José Antonio Primo de Rivera. También, han sacado a la luz una realidad que se venía mascando desde tiempo ha: la mayoría de los liberales anteponen la pureza o la ortodoxia de eso que llaman “libre mercado” por encima de cualquier noción de Bien Común o apego nacional. Su defensa de la unidad de España no es más que un trampantojo consecuencia de la aversión compartida hacia la izquierda y el independentismo. Quitando eso, no hay más que relativismo, adoración cuasi idolátrica al dinero y a las imágenes de él, amén de un simplismo que insulta a la inteligencia.

La soberbia de “los sofistas, los economistas y los calculadores” -que diría Edmund Burke- ha llegado a puntos tan absurdos como moldear a su gusto el relato histórico o renegar de un Estado Moderno en cuya creación los liberales fueron imprescindibles y sin el cual el capitalismo jamás habría tenido lugar. Poco queda de esa vieja tradición liberal clásica  que hoy –y parcialmente- solo defiende el conservadurismo. La mayoría de los que hoy se hacen llamar “liberales”, no son más que una síntesis burda entre anarquismo filosófico y deificación del mercado.

Estamos viviendo, seguramente, el fin del viejo fusionismo entre liberalismo y conservadurismo. En España, supone la muerte del aznarismo político de donde, siendo claros, nació VOX. Ese fusionismo, se ha agotado en todo Occidente y lo único que ha traído es demasiado liberalismo y poco o nada de conservadurismo.

El liberalismo actual, representado por partidos como el PP y – en menor medida- Ciudadanos, ha asumido plenamente los postulados culturales relativistas de la nueva izquierda. Son el zapaterismo cultural de hace unos años. Por ello, es necesario que el nuevo fusionismo sea cada vez más claro.

La Guerra Fría ha terminado y, a día de hoy, la alianza debe ser entre conservadores y trabajadores asalariados y autónomos, sin dejarse llevar por el fundamentalismo de mercado de los liberales. Es necesario defender un programa económico nacionalista, que aliente la economía nacional con incentivos de bajadas de impuestos y desregulación, que luche por evitar lo máximo posible la deslocalización y sin miedo a presionar por medidas proteccionistas inteligentes cuando sea necesario.

Eso debe ir acompañado con planes de colaboración público- privada para reindustrializar el país, por ejemplo. No podemos dejarnos llevar por teorías económicas liberales radicales que promueven una falsa dicotomía entre estado y sociedad. Quien conoce la Historia, sabe que las instituciones políticas y el capitalismo de libre empresa siempre han ido de la mano. Todo esto, por supuesto, debe ir acompañado de la defensa de los valores tradicionales conservadores y de la nación española como elemento cohesionador de todo nuestro país. Una derecha conservadora, social que no tenga miedo de que la llamen “nacionalista española” y que no ceda a los chantajes de los taifas autonómicos que, seamos claros, son parte fundamental de la “antiEspaña” de nuestros días.

En definitiva, la creación de este nuevo sindicato constituye una noticia magnífica. También debe ir acompañada de la creación de organizaciones estudiantiles para intentar romper con la hegemonía de la izquierda en el ámbito de la educación. La lucha será ardua. Quizás, no salga del todo bien y sea prematura por la tardanza de la llegada de las ideas de la nueva derecha a España. Pero, estamos ante otro paso importante de VOX para romper con un liberalismo anticonservador que le desprecia y apostar por posiciones más cercanas al nacional conservadurismo. 

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