Caricatura de la ministra de Educación Isabel Celaá, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. /AMB
Caricatura de la ministra de Educación Isabel Celaá, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. /AMB

Hoy voy a empezar este artículo citando un diario español nada sospechoso de ser colaboracionista o afín a HazteOir.org. Concretamente, reproduzco una información de El País del 22 de octubre: “Los estudiantes españoles de 15 años tienen más habilidades para afrontar conflictos de convivencia y cuestiones globales como la igualdad de género, la pobreza, el hambre, la guerra, la presión demográfica o el medio ambiente, que para resolver problemas de asignaturas como Matemáticas, Ciencias y Comprensión lectora”.

De esta manera, el históricamente autodenominado “diario independiente de la mañana” nos da cuenta del último Informe PISA elaborado por la  Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Por si no lo saben, las siglas PISA corresponden (en inglés) al Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos y se propone evaluar hasta qué punto los alumnos cercanos al final de la educación obligatoria (en España, 4º de ESO o Educación Secundaria Obligatoria, es decir entre 15 y 16 años) “han adquirido algunos de los conocimientos y habilidades necesarios para la participación plena en la sociedad del saber”.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Bueno, pues ya lo han conseguido. Es el primer año en el que el Informe PISA ha evaluado a los alumnos de las llamadas “competencias globales”, pretenciosa expresión que el propio Ministerio de Educación define así: «capacidad de analizar asuntos globales e interculturales, valorar distintas perspectivas desde el respeto por los derechos humanos para interrelacionarse con personas de diferentes culturas, emprender acciones por el bien común y el desarrollo sostenible».

Esto de las “competencias” es una argucia de la llamada pedagogía posmoderna sobre la que me he ilustrado últimamente gracias a la lectura de un libro muy recomendable (aunque descatalogado): ‘La gran estafa’ (Grupo Unisón ediciones, 2006), de la profesora y experta en políticas educativas Alicia Delibes. 

Para los pedagogos posmodernos los conocimientos no tienen sentido porque la verdad no existe

Para la pedagogía posmoderna, explica Delibes, “el objetivo de la enseñanza no es tanto transmitir conocimientos como adquirir capacidades, es decir: aprender a aprender”. Y además, para los pedagogos posmodernos los conocimientos no tienen sentido porque la verdad no existe. 

¿Qué significa esto? Pues que los adolescentes españoles acaban la ESO convenientemente adoctrinados en ideología de género, feminismo, pacifismo, ecologismo y globalismo y son capaces de repetir como cotorras las consignas de los maestros de lo políticamente correcto pero son incapaces de entender un texto o resolver un problema de matemáticas o de física.

Así que ya tenemos la operación perfecta: pedagogía posmoderna más incapacidad para entender un texto. Y la suma de los dos factores da lugar a un resultado inequívoco: ignorantes adoctrinados sumisos al poder político siempre que sea de izquierdas, por supuesto.

Y es que los pedagogos progres que llevan deconstruyendo desde hace más de cuarenta años la educación de nuestros niños y adolescentes con sus insufribles e innombrables leyes no quieren que las nuevas generaciones aprendan contenidos ni se esfuercen ni se sacrifiquen. No es dejadez o flojera o ignorancia. Es una voladura intencionada y programada del sistema de enseñanza diseñada por los que, en palabras de Alicia Delibes, “niegan la capacidad de enseñar, abominan de la educación como transmisión de conocimientos, y se recrean el el multiculturalismo, el plurilingüismo y la transversalidad”. 

Así que no se sorprendan ustedes porque la enésima reforma educativa, pactada por PSOE, Podemos y ERC (lo mejor de cada casa), va a permitir a nuestros estudiantes pasar de curso sin límite de suspensos en la ESO. Es una vuelta de tuerca, un paso más en la desescalada educativa que consiste en convertir a los chicos en borregos en manos de políticos demagogos.

Les ruego me disculpen la autocita pero servidora ya advirtió en este mismo diario que la ministra Isabel Celaá estaba educando a los niños para el socialismo. Y hace ya dos años que vaticinó la que suscribe que en nuestras aulas se estaba forjando una nueva generación de “podemitas”

Ya tienen lo que querían. No lo digo yo. Lo dice el Informe Pisa.

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