Seiscientos millones de mujeres accederán en los próximo años al mercado laboral y, llora la ONU, no lo harán en pie de igualdad con respecto a los varones. ¿Por qué? Porque no accederán a las carreras técnicas -STEM: ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas- en la misma proporción que los varones.

Ahora, cuando has decretado que hombres y mujeres somos, contra los indicios sugeridos por el dimorfismo sexual, idénticos en aptitudes, actitudes y preferencias, esto debe tener una causa racional como, digamos, una vasta conspiración mundial decidida a mantener a las segundas en condiciones de inferioridad perpetua, el Patriarcado.

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No, en serio, los mismos que llevan décadas riéndose de conspiraciones bastante más razonables pretenden que nos creamos esta, la Madre de Todas las Conjuras improbables. Al parecer, en Europa habrá hacia 2020 habrá unas 825.000 vacantes de empleos relacionados con la informática y las telecomunicaciones que no podremos cubrir las mujeres. ¿Y eso? ¿Nos lo van a prohibir? No, sencillamente no nos decantamos tanto como deberíamos por esas carreras. En España, las mujeres representan apenas el 12% en algunas carreras técnicas, sin embargo están por encima del 70% en las relacionadas con el sector educativo o el de la salud y bienestar.

Una podría ver aquí una preferencia estadísticamente significativa, pero eso sería demasiado fácil y, sobre todo, sería una razón para que dejaran de darnos la tabarra ideológica y perder una montaña de subvenciones y puestos ad hoc y observatorios y agencias. Mejor, el Patriarcado, dónde va a parar.

Hay un estudio de la OCDE según el cual la presencia minoritaria de ingenieras o informáticas es un ejemplo más de la ‘brecha de género’ que se explica por los estereotipos sociales, la ausencia de referentes y la estigmatización de esta opción profesional.

¿Alguno de mis lectores se ha llevado un disgusto porque su hija quiera ser ingeniera de Caminos, Canales y Puertos? ¿La ha mandado al psicólogo para que le quite esa absurda idea de licenciarse en Física Nuclear? No es probable

No, no “se explica” por eso; lo explican, sencillamente porque no parten de la realidad observable si no de una ideología apriorística. Y ya se sabe: si la realidad no se ajusta a tu idea, tanto peor para la realidad.

Es curiosa la cantidad de ideas que son hoy dogma inatacable y que, sin embargo, vemos diariamente contradichas por nuestra experiencia diaria y el sentido común. ¿Tienen alguna prueba de que la disparidad se debe a esos (vaguísimos) factores que alegan? Ninguna. ¿Tienen algún indicio, al menos, de que hombres y mujeres tenemos capacidades y preferencias distintas? Por un verdadero tubo. ¿Alguien ha visto alguna vez ese famoso ‘estigma’? ¿Alguno de mis lectores se ha llevado un disgusto porque su hija quiera ser ingeniera de Caminos, Canales y Puertos? ¿La ha mandado al psicólogo para que le quite esa absurda idea de licenciarse en Física Nuclear? No es probable. Pero da igual, exactamente igual: tragaos la indigerible sopa políticamente correcta u os dejarán sin postre.

Pero vamos a entregarnos de lleno a la conspiranoia oficial, y vamos a pensar que es por eso, por los estigmas y los estereotipos y la ausencia de referentes. Si se debiera a eso, va de suyo que allí donde se aplica una política más feminista, donde está más avanzada la lucha contra el sexismo y la discriminación, mayor será la coincidencia en número de hombres y mujeres en cada carrera, ya sean estereotípicamente masculinas o femeninas. Del mismo modo, allá donde la cultura más segregue por sexos -por motivos religiosos, por ejemplo- y más normalizado esté el sexismo por razones históricas o de cualquier tipo, mayor será disparidad y menor el número de mujeres en carreras STEM, ¿no? ¿Tiene sentido lo que digo?

Vamos a los primeros. Y creo que por goleada ganan los países escandinavos, naciones como Noruega, en la que incluso las empresas, por ley, deben tener un consejo de administración partitario. ¿Y qué vemos? En enfermería, la proporción de mujeres sobre varones es de 20 a uno en Dinamarca, de 9 a uno en Noruega, de 100 a uno en Islandia. En ingeniería, las cifras son más o menos las inversas.

Las jóvenes en carreras de ciencias son la norma, no la excepción, en todo Oriente Medio. Al menos un tercio del estamento científico en el mundo musulmán es femenino

Vamos al caso contrario. ¿Les parece bien que acudamos a países musulmanes? No, no me malinterpreten: hablo de países donde la sharía es la ley de la tierra, ya saben, esa ley que estipula que la hija reciba la mitad de la herencia que el hijo, o que el testimonio de una mujer valga la mitad que el de un hombre; países donde es ilegal que la mujer vaya por la calle con el pelo descubierto, como Irán, o que pueda andar por ahí sin un ‘guardián’, padre, marido o tutor legal, como Arabia Saudí. ¿Lo encuentran justo? Vale, vamos allá.

En Irán, casi el 70% de los graduados en carreras de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas son mujeres, un porcentaje más alto que en cualquier otra parte del mundo. Proporción no muy diferente de lo que se ve en Omán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes, con un 60% de graduadas en carreras STEM. Las jóvenes en carreras de ciencias son la norma, no la excepción, en todo Oriente Medio. Al menos un tercio del estamento científico en el mundo musulmán es femenino, como revela Saadia Zahidi en su libro Cincuenta Millones y Contando, que estudia los avances de la mujer en el empleo dentro del mundo islámico desde principios de siglo.

La razón parece ser que allí donde la mujer es más libre para dedicarse a lo que le dé la gana, efectivamente se dedica a lo que le dé la gana y no a lo que la ONU decida que debe dedicarse. En cambio, allí donde están efectivamente discriminadas, encuentran en estas carreras un modo práctico de combatir esa discriminación.

Estereotipos. Referentes. Estigmas.

Seguro.

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