Caricatura de la ministra de Educación Isabel Celaá, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. /AMB
Caricatura de la ministra de Educación Isabel Celaá, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. /AMB

Dicen que este texto está en la entrada de una universidad sudafricana:

Para destruir una nación no se necesitan bombas atómicas o misiles. Sólo se necesita bajar el nivel de la educación y permitir que se copie en los exámenes.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Y enumera lo que sucede cuando esa educación permisiva y degradada empieza a dar sus frutos:

Los pacientes mueren en manos de esos doctores.
Los edificios colapsan en manos de esos ingenieros.
El dinero se pierde en manos de esos economistas.
El humanismo muere en manos de esos filósofos.
La justicia desparece en manos de esos jueces.
Porque el colapso de la educación es el colapso de la nación.

Y yo podría añadir que las leyes justas y útiles y el sentido común mueren en manos de esos políticos y de esos presidentes y vicepresidentes de gobierno.

Y que si la excelencia educativa, incluso una mínima calidad, desparece, se consigue un país de ignorantes manipulables.

La destrucción de España desde la educación lleva tiempo en marcha. El nivel educativo ha ido bajando desde la nefasta LOGSE. Y nuestra ministra Celaá, madre de la LOMLOE, hermana de la LOE y de la LOGSE, gran entusiasta del colapso de la educación, no sabemos si también del colapso de España como sus socios de Gobierno, ha decidido cargarse la calidad educativa. Y para que nadie escape, también la libertad educativa. Libertad y calidad que ella disfrutó para sus hijas pero que nos quiere cercenar al resto.

La izquierda toda ha decidido igualar a la baja. Y no es que haya renunciado a la excelencia educativa, es que la persigue dándole mazazos

Y porque sabemos que un país se destruye a través de su educación, sabemos que quieren destruirlo y quién quiere destruirlo: quien no quiere que se establezcan escalafones de excelencia, quien defiende el “progresa adecuadamente” para que triunfe la mediocridad igualadora, quien vacía de contenido las asignaturas mientras las llena de ideología, quien impide y limita esa libertad para elegir que supone una calidad de educación frente al rancho de la obligatoriedad.

La izquierda toda ha decidido igualar a la baja. Y no es que haya renunciado a la excelencia educativa, es que la persigue dándole mazazos con “medalla para todos los corredores” para que el esfuerzo carezca de sentido y la medalla, o el título, termine no significando ni valiendo nada. La estafa educativa del “progresa adecuadamente” frente a la excelencia en los niños y jóvenes que es la excelencia en los profesionales. Y la independencia que da la cultura, el conocimiento y una preparación profesional. Porque la libertad y la calidad educativa están tan unidas que una y otra crecen en proporción directaDa libertad y tendrás calidad, da calidad y formarás seres libres. La calidad va unida a la libertad. Y a la exigencia. Y a la competitividad.  Quien quiere destruir la educación sabe que está poniendo cargas de profundidad en los cimientos de la nación.

Sólo nos queda una postura sin complejos y sin miedo a etiquetas, de defensa de la libertad educativa, los derechos de los padres, la excelencia de los alumnos, la neutralidad de la escuela pública cada vez más llena de ideología de extrema izquierda, y la defensa de los centros de iniciativa social, cada vez más demandados y necesarios para escapar de la mediocridad impuesta y del adoctrinamiento en marxismo cultural e ideología de género.

Triste paradoja que nos toque defender la Constitución frente quienes juraron cumplirla.

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