El amor para toda la vida es posible; ¡sí se puede!
El amor para toda la vida es posible; ¡sí se puede!

Llega Ana Iris Simón, escribe un artículo sobre el amor puro, y algunas voces de la progresía trasnochada dicen que el pensamiento de estar toda una vida con una sola persona es fascista o ultraconservador. Estefanía Molina o Antonio Maestre se sulfuraron al leer las líneas publicadas en El País interpretando, en especial la primera, que una ola reaccionaria trata de amoldar a las mujeres penetrando en su conciencia con el fin de volver a modelos anacrónicos.

Les llevas la contraria y parece que las mujeres van a volver a estar encerradas en las trincheras infinitas del hogar, sin poder votar, sin tener derechos. No son conscientes, de que incluso mentes progresistas han claudicado en sus intenciones de progresar retrocediendo. Ya dijo Julián Marías que el mayor problema que tenía una parte de la izquierda era su obsesión empedernida de progresar sin poner coto a ese desarrollo, en ocasiones, temerario. Ignoran, o seguramente sean conscientes, de que con sus premisas liberticidas están minando la sociedad prostituyendo y degenerando uno de los pilares de toda civilización: las familias. He aquí una de las principales misiones del marxismo cultural hoy imperante, el destruir todo vínculo emocional entre las personas convirtiéndolas en entes independientes fáciles de colectivizar.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Por eso fluyen cada vez más la diversidad de lazos personales. Parejas liberales, personas poliamorosas, rollos sin compromiso concebidos en los adentros de Tinder sin la más mínima responsabilidad afectiva… Hay tantos casos que cada día me sorprendo con uno nuevo. En la sociedad líquida en la que vivimos, todo es posible. Cuando basamos nuestra relación con el medio que nos rodea en la sensación que las emociones tengan de este es lo que pasa. Todo se basa en el sentir sin dar cabida a la racionalidad de elegir. Es posible querer a una persona por la mañana y romperle el corazón por la tarde tras haberlo meditado con la almohada. El desvarío ha llegado hasta tal punto que existen conductas como la del ghostin que consiste en romper una relación sin dar explicaciones, por la puerta de atrás, sin más dilación que bloquear al despechado o ignorando sus mensajes. Somos la generación más preparada de la historia, pero parece que no nos han enseñado a tratar a los demás, a amar, a empatizar. Vamos como pollo sin cabeza con nula inteligencia emocional.

Ausencia de empatía o del amar que genera declaraciones manidas como la de: “el mercado está muy mal” enrolando a hombres y mujeres a la soledad más lúgubre. Las hay que presumen felices de estar solas viviendo con dos gatos obviando su deseo más íntimo de ser amadas, de ser comprendidas más allá que los ronroneos de su felino. Y no estoy cayendo en el tópico de la Charo tradicional, que diría el gran Miguel Ángel Quintana Paz, sino que es la verdad. El ser humano desde lo más profundo de su corazón está destinado a amar y a ser amado. Lo que ocurre es que la sociedad está tan mal que algunos hombres piensan con su miembro viril metiendo su músculo en las vaginas femeninas como si fueran el sacacorchos a la botella, y algunas mujeres se dejan llevar por las hormonas confundiendo la realidad. Vivimos en un mundo de tarados, a quien queremos engañar. El típico casanova que presume de ligarse cada fin de semana a una y de llevársela a la cama, quiere ser amado, lo que pasa que todavía no lo sabe, llegará un momento de su vida en el que se dé cuenta de ello.

Para hacer el amor, también hay que hacer la guerra. Luchar por una causa común con la persona de tu vida. Esfuerzos, sacrificios, sufrimientos… Amar es gratis, pero conlleva grandes responsabilidades, por eso no todo el mundo está dispuesto a hacerlo.

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