Dicen que el español es poco florido. ¡Sera que no lo usan con el gracejo necesario!
Dicen que el español es poco florido. ¡Sera que no lo usan con el gracejo necesario!

Me pongo en el lugar de un hablante de otras lenguas, dispuesto a introducirse en el castellano, es decir, en el español de España. No lo suele hacer a través de la literatura clásica, sino atento al lenguaje que se oye en la radio, la tele o el cine. Luego, se apresta a ser testigo de las conversaciones de los españoles actuales, de modo particular, los jóvenes estudiantes o profesionales.

Por un lado, se acortan algunas palabras, como esas que acabo de citar: cine(matógrafo), tele(visión), radio(fonía). Es un hecho universal inveterado. Son los apócopes o abreviaturas, como si tuviéramos prisa a la hora de ensartar voces. Se pueden añadir otros muchos ejemplos: “porno, metro (ferrocarril subterráneo), gran, san, kilo, poli, covid (virus corona), mega, macro, súper”. Algunas de esas abreviaturas se entienden bien, ya que se utilizan en distintos idiomas.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

Suscríbete ahora

Hay fórmulas más castizas con el propósito de abreviar o el opuesto de alargar las palabras o las expresiones. Ejemplos: “con anterioridad o anteriormente (antes), en tanto en cuanto (por cuanto), por siaca (por si acaso), la fácul (la Facultad)”. Más caprichoso es el uso de una palabra por otra más efectista. Por ejemplo, en lugar de algo difícil o dificultoso, ahora, se oye decir “complicado” e, incluso, “complicadísimo”.

Un modo muy peculiar de relatar algo, para hacerlo más efectista, es la introducción de superlativos: “buenísimo” (equivale a “sabroso” para las comidas, pero, se puede aplicar a cualquier cosa); o también “ni muchísimo menos”, una negación enfática. Un extraño superlativo, en lenguaje, aparentemente, obsceno, es calificar algo “de puta madre”, como lo mejor del mundo. Por si la voz “puta” (prostituta) pudiera parecer ofensiva, se puede recurrir a ñoñismos, como “perra” o “zorra”.

Por influencia del inglés, se utilizan, cada vez más, los adverbios terminados en -mente. Así, “obviamente” o “no necesariamente”.

El arte de persuadir al interlocutor lleva al abuso de expresiones, que, bien miradas, no dicen nada, aunque quieran decir todo. Es el caso de frases lapidarias, como “esto es lo que hay” o “las cosas son como son”. Vienen bien para terminar un argumento poco convincente.

En castellano no se distingue bien, como en otros idiomas, la tarde (evening en inglés) de la noche (night), Ahora, en los medios de comunicación, acuciados por el tiempo cronológico, ha entrado la moda de decir “tarde noche”. No se sabe bien a qué hora se refiere.

Las ideologías prevalentes (ecologismo, feminismo) en nuestros días, más la influencia del inglés ubicuo, nos han invadido de nuevas palabras, que no se sabe bien lo que significan. Por ejemplo, “cambio climático, emergencia climática, sostenible, verde (como ponderativo), inclusivo, empatía, relato, estamos hablando de”.

La adopción de nuevas voces para la retórica política, aunque sean barbarismos, viene bien al idioma castellano, tenido por muy monótono. Hay que ver la desesperación de los poetas para encontrar una rima con “España”. Casi todas las voces con esa terminación son despectivas o denigratorias: “alimaña, araña, artimaña, calaña, cizaña, engaña, guadaña, legaña, maraña, musaraña, patraña, saña”. Ya es desgracia.

El castellano monótono quiere ser florido y se adorna con muchas reiteraciones retóricas. Recordemos: “única y exclusivamente (solo), todos y cada uno, lisa y llanamente, primero y principal, en corto y por derecho (directamente; del lenguaje taurino), visto y no visto (de repente), normal y corriente, gratis et amore (sin pagar)”. ¡Será por palabras!

Amando de Miguel. Artñículo originalmente publicado en Actualidad Almanzora

Comentarios

Comentarios