Leonardo Da Vinci y Cristóbal Colón fueron catalanes, según los nacionalistas.Leonardo Da Vinci y Cristóbal Colón fueron catalanes, según los nacionalistas.
Leonardo Da Vinci y Cristóbal Colón fueron catalanes, según los nacionalistas.

Sobrecoge escuchar los compases de El Cant dels Ocells -“el Canto de los Pájaros”-. Se trata de una melodía tradicional catalana que, si bien tiene letra, se conoce más por sus interpretaciones sólo con un chelo, destacando las del gran Pau Casals. Un ilustre músico y una canción preciosa, dos ejemplos más de lo mucho que Cataluña ha enriquecido al resto de España con su cultura. La letra en cuestión de El Cant dels Ocells, como podrá suponerse, es en catalán. En este idioma escribía Josep Pla; le cito únicamente a él porque me gusta especialmente, aunque la lista de autores en esta lengua es muy rica. Por no hablar de las canciones de Marina Rosell o de Joan Manuel Serrat, zarandeado de un tiempo a esta parte por ciertos energúmenos.

Son sólo algunas gotas el inmenso océano de calidad que es el catalán. Igual que el castellano, el gallego o el euskera. Me resisto a llamarle “español” al castellano, o, al, menos, sólo al castellano, pues tan español es éste como el citado catalán. Tenemos la inmensa suerte de contar en España con varias lenguas, expresiones todas ellas del valioso acervo cultural de nuestro país. Una de ellas, el castellano, es hablado en todo el mundo por más de 500 millones de personas, algo tan digno de orgullo como de protección. Pero la izquierda no lo ve así.

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Los nacionalistas vascos reivindica al perturbado de Sabino Arana, cuyos desvaríos han llevado a lo que han llevado. Los nacionalistas catalanes, por su parte, no han ido a la zaga, utilizando su política de inmersión lingüística como arma de exclusión social. A día de hoy, allí es imposible que unos padres puedan escolarizar a un niño en castellano. Los rótulos de las tiendas, las cartas de los restaurantes y las indicaciones están en catalán -y muchas veces sólo en catalán-. Eso sí, como a alguien se le ocurra abrir un negocio y no rotularlo en catalán, multa al canto. En todas las instituciones oficiales se habla catalán, y todo es en catalán. Más aún, desde la propia Generalitat alientan campañas en redes sociales de quienes sugieren “apedrear” –apuntando con nombre, apellidos y dirección- a aquellos que quieren que sus hijos aprendan castellano y catalán por igual.

¿Y aún hay que “protegerlo”? Por supuesto, si estuviera en peligro. Pero afortunadamente no es el caso. Con independencia del excesivo pábulo que se le ha dado por parte de los poderes públicos, hoy el catalán goza de buena salud gracias, sobre todo, a que es un idioma hablado, respetado y querido por los catalanes y el resto de españoles; algo que Franco no consiguió desterrar. Sí logró, en cambio, darles una coartada a nacionalistas e izquierda para canalizar sus absurdos complejos.

Porque, eso hay que tenerlo presente, la campaña nacionalista para intentar desterrar al castellano no habría sido posible sin la inestimable ayuda de la izquierda, en especial el PSOE. A más de un socialista le sigue provocando urticaria la palabra “España”, y consideran “franquista” que alguien que quiera vender pan en Las Ramblas lo haga desde una panadería y no desde un forn de pá. Como decía Shakespeare, “la vida a veces es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido”. Ojalá los nacionalistas leyesen un poco más, ya que no a Cervantes, al menos a Shakespeare. Y un poquito también el María Moliner. Hacen daño a la vista los continuos actos de “terrorismo ortográfico” perpetrados por nacionalismo e izquierda, imperdonables en la era de corrector.

Antonio Hualde

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