Hay que escribir para que te entienda tu madre...
Hay que escribir para que te entienda tu madre...

La mejor manera de entender un país, su cultura (en el sentido más amplio), es, a través, de la continua lectura de los artículos periodísticos o de opinión.

Se trata de un género mínimo, como indica el sufijo “culos”, que proviene del latín (culum); indica algo diminuto. En realidad, tendrían que designarse como “artejos”. Se trata de una manifestación literaria un tanto desigual y variopinta, en la que el autor lo dice todo. Mi familiaridad con esta manifestación periodística (he publicado miles de artículos) me dice que hay cuatro fórmulas para confeccionar una pieza de este estilo, según sea la posición del autor:

Algunas personas creen que La Sexta da información.

Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

Suscríbete ahora

La más socorrida, y puede que atractiva, es la de condensar las experiencias vitales del autor. Resulta más interesante cuando el autor ha vivido mucho y ha firmado algunas obras literarias de mayor alcance. Es la fórmula típica de los escritores de ficción, o sea, novelistas o dramaturgos. Ejemplos: Mario Vargas Llosa o Camilo José Cela.

Más hondura exige un artículo en la forma de reflexiones. Es la característica de los que, en España, pasan por pensadores. Es la traducción castiza de la intelligentsia (un término, originariamente, polaco, y luego ruso) o los intelectuales (una etiqueta francesa, que prendió, pronto, en España). En nuestro país, el prototipo clásico puede ser José Ortega y Gasset o Miguel de Unamuno.

Una deriva de la fórmula anterior es la de los escolios, que hace el autor de las opiniones de diversos pensadores. Se estila citar a autores extranjeros o a los maestros del autor.

Una especie muy cultivada es la de las crónicas o comentarios sobre los sucesos de actualidad. Suele ser característica de los periodistas.

Son cuatro tipos algo diferentes, según sea su estilo literario y su enfoque ideológico. Merecen una estima parecida, con tal de que cumplan algunos requisitos de calidad. Naturalmente, se trata de un juicio personal, que puede hacer, por sí mismo, cada lector. Si de mí dependiera, propondría los siguientes criterios de calidad:

El título debe entrar por los ojos, quiero decir, al primer golpe de vista. Debe ser lo más corto posible, aunque contenga más de una palabra. Es mejor que no llegue a ser una frase. No debe ser una síntesis de las proposiciones de la pieza en cuestión.

Ninguna frase, entre punto y punto, debe sobrepasar un límite razonable de voces. Personalmente, sigo el criterio de las 30 palabras. En los artículos españoles, no es raro encontrar frases, entre punto y punto, de más de 80 palabras. Suelen ser ilegibles, aunque sería mejor tildarlas de “ileíbles”.

Es conveniente que todas las palabras del artículo se encuentren en un buen diccionario. Se pueden tolerar ciertos vulgarismos o neologismos, con tal de que se justifiquen en la lógica del escrito.

La lectura sufre mucho si se acumulan varias frases interrogativas o exclamativas. Suelen ser pura retórica. El lector avisado se las salta.

En las costumbres literarias española del momento, es, ya, usual que las frases eviten el modo subjuntivo o el punto y coma. Es una pérdida lamentable. Es muy efectista el punto, al que sigue una frase sin verbo, a veces, como sustituto del punto y coma. Personalmente, el recurso no me gusta, aunque sobre gustos hay poco que escribir.

En algunos periódicos españoles, una práctica común es que los artículos de opinión se presenten con una foto del autor. Suele ser una imagen un poco antigua, aunque, nadie proteste por tal rejuvenecimiento. No es un detalle arbitrario; obedece a la necesidad de subrayar que las opiniones vertidas en el texto son las del autor, no las del editor. Naturalmente, el lector puede coincidir con ellas o no.

La satisfacción de la lectura de un artículo está en que aguante hasta la última palabra. Confieso que, como lector, incumplo, demasiadas veces, tal exigencia. De ahí, que la frase última del texto deba ser rotunda. No es fácil.

Amando de Miguel, artículo originalmente publicado en Actualidad Almanzora

Comentarios

Comentarios