Isabel Celaa, ministra de Educación y portavoz del gobierno, afirmó que los hijos no son propiedad de sus padres y, en parte, tiene razón. Y es que los hijos no son ni mascotas ni adornos de peluche que puedan ser utilizados según el capricho de sus dueños.

Los hijos -por muy pequeños que sean- son seres humanos, portadores de valores eternos, con personalidad propia diferente a la de sus padres pero que (aquí se encuentra lo medular) son la prolongación no solamente material sino también espiritual de quienes les transmitieron la vida, o sea de sus padres.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Unos seres que han venido a este mundo y que, antes de incorporarse plenamente dentro de la comunidad de la cual forman parte, necesitan formarse, o sea, educarse.

Educación (palabra que viene del verbo latino “educere” que significa “extraer”) consiste en que quienes forman al individuo lo hacen extrayendo las aptitudes y potencialidades que éste oculta en lo más profundo de su ser.

Según lo anterior, la obra del educador podría compararse con la del escultor que, partiendo de una pieza de mármol, extrae una obra de arte. Ejemplo: Miguel Ángel dando vida al monumental Moisés que admiramos en Florencia.

Pues bien, al ser los hijos prolongación material y espiritual de quienes los trajeron al mundo, lo más lógico es que sean sus padres quienes deben educarlos.

Un derecho que es también un deber y que se apoya en esa inclinación del ser humano que lo empuja a la conservación de su especie.

La educación de los hijos por sus padres es un deber-derecho que se apoya en el Derecho Natural el cual posee tres propiedades: Inmutable, universal y absoluto.

  • Inmutable porque no cambia ni en el tiempo ni en el espacio.
  • Universal porque sus preceptos se extienden a todas las creaturas.
  • Absoluto porque sus preceptos no pueden ser derogador por otra Ley ni en ellos se admite dispensa alguna.

Y profundizando un poco más en el tema, diremos que no es lo mismo instruir que educar. La instrucción nos hace conocer el Bien en tanto que la educación nos induce a practicarlo.

Según esto, no basta conocer el Bien o saber muchas cosas, sino que es necesario practicar ese Bien que conocemos lo cual se consigue aplicando rectamente los conocimientos.

Consecuencia de lo anterior es que la educación sea responsabilidad primaria de los padres de familia y que la Escuela sea un medio en donde los padres delegan esa responsabilidad, concretamente en el terreno de la instrucción.

Pondremos un ejemplo: los padres pueden formar rectamente a sus hijos fortaleciendo su voluntad o sea inclinándolos a elegir lo bueno y rechazar lo malo. Sin embargo, esos mismos padres pueden ignorar temas de utilidad práctica como son las Matemáticas, la Geografía, las Ciencias Naturales o algún idioma extranjero.

Es aquí donde entra la misión instructiva de la Escuela quien, de ese modo, se transforma en un auxiliar de los padres dentro del proceso educativo.

Y como los padres desean educar a sus hijos de acuerdo con sus creencias y tradiciones familiares, lo justo es que se les permita elegir la escuela que sea más acorde con el modelo de educación que pretenden darles a sus hijos.

Por lo tanto, impedir a los padres elegir la escuela que consideren más apropiada para la instrucción (y también educación) de sus hijos constituye un atentado en contra de ese derecho natural que es propio de los paterfamilias.

Resumiendo, y a manera de conclusión, nos dirigimos a la ministra del Gobierno:

Doña Isabel Celaa: Estamos de acuerdo con Usted en que los hijos no son propiedad de sus padres como (y acaso aquí Usted no esté de acuerdo con nosotros) tampoco lo son del Estado o de cualquier otro organismo como pudieran serlo un sindicato o algún club deportivo.

Los hijos, doña Isabel, especialmente los más pequeños, están iniciando un proceso que -en caso de tener éxito- habrá de llevarlos a integrarse dentro de la sociedad.

Y solamente lograrán integrarse gracias a la educación que le den sus padres dentro del hogar. Una educación que se verá complementada gracias a la instrucción que reciban en la Escuela que sus progenitores hayan elegido libremente.

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