¿Qué tal si les enseñamos a ser libres?
¿Qué tal si les enseñáramos a ser libres? (Fotografía: Pedro Semmitiel, bajo licencia Creative Commons)

La idea de establecer una Formación Profesional en Tauromaquia en la Educación reglada ha arruinado el propósito de un mandato corto y simpático con el que Íñigo Méndez de Vigo llegó en junio al Ministerio.

La noticia levantó este fin de semana una riada de improperios y sátiras en las redes digitales. El hashtag (etiqueta) #FPTauromaquia ha canalizado más de 40.000 tuits –y subiendo–, casi todos de repudio a la medida:

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La sensibilidad animalista en auge se unió al eficaz estigma del PP como un partido antiguo y casposo, más el relato de los recortes en servicios púbicos y el de la LOMCE como la “ley Wert” oscurantista y retrógrada. Un cóctel completo que hizo inevitable que el tema explotara en Internet.

La consejera catalana de Educación, Irene Rigau, dio a conocer el viernes en Catalunya Radio el borrador del decreto que regulará distintas enseñanzas de la nueva FP Básica, entre ellas una titulación en Tauromaquia y Ganadería de lidia. Aunque fuentes del Ministerio no identificadas por El Mundo han asegurado a ese periódico que no existe tal borrador, la consejera catalana afirma que lo han recibido todas las Comunidades Autónomas para preparar la reunión del Consejo Sectorial de Educación, y otros dos diarios, El País y El Periodico, aseguran que han visto el documento.

El hecho de que la iniciativa se haya conocido por medio de la consejera Rigau revela, por si solo, la impericia del Ministerio en el manejo de la Comunicación. ¿Cómo es posible que, después de entregar el borrador del Decreto a las Comunidades Autónomas, el ministro y sus asesores no previeran lo que iba a pasar? ¿Cómo es que no se les ocurrió adelantarse y presentar las nuevas titulaciones, antes de que otros lo hicieran por ellos?

Libertad de Educación: otra vez será

El episodio es solo una anécdota, pero tiene el valor de ilustrar que el PP ha renunciado a tener una idea de la Educación alternativa a la de la izquierda, y si la tiene, ha renunciado a dar la batalla cultural por realizarla.

Íñigo Méndez de Vigo, eurodiputado hasta el pasado mes de junio, aristócrata –es el IX barón de Claret–,  vino con la misión de pacificar un sector que su predecesor, José Ignacio Wert, quiso rescatar del dominio ideológico de la izquierda, algo que esta nunca va a permitir en España, sin oponer toda la resistencia que sea necesaria, cuanto más demagógica y agitadora, mejor, al tratarse del campo estratégico donde se juegan el control cultural y la renovación de su granero de votos.

Íñigo Méndez de Vigo
Un ministro en territorio hostil. (Fotografía: José Lizón / Efe)

La tentativa de Wert fue, al principio, un proyecto de reforma educativa que avanzaba en la libertad de las familias y los centros, y garantizaba la neutralidad de la escuela en debates de valores.

Topó con la reacción de los estamentos de la enseñanza, de fuerte sesgo ideológico, bien organizados, capaces de sostener a lo largo de la legislatura una de las campañas de hostigamiento y manipulación más eficaces, cuyo resultado salta a la vista: un ministro quemado, un presidente que se rindió sin oponer batalla y una nueva ocasión perdida de poner los cimientos de una libertad de educación real y una escuela de calidad y sin feudos ideológicos.

Probablemente sea la última oportunidad que vea esta generación de padres con hijos en edad de escolarización, si se cumplen los pronósticos de una fragmentación del arco parlamentario tras las elecciones del próximo 20 de diciembre,

El ministro Méndez de Vigo llegó con el único objetivo de facilitar a Rajoy un final de mandato tranquilo entre los señores de la guerra de la educación y la cultura.

Parece que no podrá ser, y ya es significativo que el ministro creyese que podría conseguirlo. Demuestra no entender la importancia de la Educación para la izquierda.

Hacer concesiones en el desarrollo de la LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa), o fichar al ensayista José Antonio Marina, uno de los valedores de la asignatura de Educación para la Ciudadanía implantada por Rodríguez Zapatero, para elaborar a toda prisa un Libro Blanco de la Educación que deberá estar listo antes de las Elecciones del próximo 20 de diciembre, no conseguirán rebajar el perfil de la Educación en la campaña, ni evitar que el PP rinda cuentas por un mandato perdido, que no ha traído la libertad a las familias y encima, no ha conseguido apaciguar a los chacales ideológicos del sector.

La CEAPA, portavoz de las asociaciones de padres afines al PSOE, ya ha anunciado que no aceptan otra iniciativa del nuevo ministro que no sea la retirada de la LOMCE.

Y es elocuente este rechazo visceral, porque la reforma de Wert no reforma nada, sino que mantiene intactos los fundamentos de la ley de Educación de Rodríguez Zapatero, la más ideológica de las siete que ha conocido España en la etapa democrática

Si el presidente Rajoy y el ministro Méndez de Vigo piensan que van a conseguir una fotografía de la paz con los estamentos corporativistas de la educación y con el PSOE, alrededor de ese libro blanco de Marina, es que realmente no han aprendido nada, después de 30 años de control de las leyes educativas por la izquierda.

La polémica por la nueva FP de Tauromaquia es una anécdota significativa de que el plan del presidente Rajoy de no buscarse líos con la educación y, en general, con todo lo que tenga que ver con la defensa de valores, no coincide con el plan de sus adversarios, de aquí al 20 de diciembre. Parafraseando a Churchill, el presidente ha renunciado al modelo educativo de la libertad a cambio de un poco de paz y un final de mandato con honra. No tendrá una cosa ni la otra.

Nota del editor.- En una primera edición de este artículo, indicábamos erróneamente que el señor Méndez de Vigo es diplomático de carrera. No es así, y lo hemos corregido, gracias al aviso de un amable lector.

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