El cardenal Carlos Osoro Sierra, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española
El cardenal Carlos Osoro Sierra, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española / EFE

El recién nombrado por el Papa Francisco cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, concedió una breve entrevista al medio La cuarta columna antes de viajar a Roma para recibir este honor junto a otros doce obispos.

Durante la misma, le preguntan sobre la ideología de género y la imposición que ciertas Comunidades Autónomas, como es el caso de Madrid, realizan al obligar a todos los colegios, ya sean públicos, concertados o privados, a enseñar una serie de conceptos que son contrarios a sus creencias. Y Osoro lo califica como dictadura.

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En concreto, dice que «en una sociedad libre, sería una dictadura». Y añade: «No creo que ningún grupo social, si es de verdad respetuoso con los derechos fundamentales del ser humano, se atreva con cosas de éstas».

A continuación reproducimos por su interés parte de la entrevista:

¿Se ciernen nubarrones sobre la libertad de los padres con ciertas leyes aprobadas recientemente en la Comunidad de Madrid?

El nubarrón más grave se cierne cuando no hay familias que realmente vivan, en toda su constitución, lo que es la familia cristiana. Esa familia es el mejor antídoto contra la ideología de género.

No creo que ningún grupo social, si es de verdad respetuoso con los derechos fundamentales del ser humano, se atreva con cosas de éstas

La ideología de género se acabaría con esa medicina que es curativa que es la familia cristiana. Eso no quiere decir que no haya situaciones en la que alguna familia encuentre que algún hijo toma decisiones erróneas. Pero serán familias que acogen, que no juzgan.

¿Se puede obligar a ciertos colegios a enseñar conceptos que chocan con las convicciones de los padres?

En una sociedad libre, sería una dictadura. Y no creo que en España estemos dispuestos a volver a dictaduras, sino a construir una sociedad libre en la que todas las dimensiones del ser humano sean respetadas entre otras, la dimensión religiosa y las creencias de cada uno. Lo otro sería una dictadura. No creo que ningún grupo social, si es de verdad respetuoso con los derechos fundamentales del ser humano, se atreva con cosas de éstas.

¿No es más el papel de los laicos que de los consagrados o de la jerarquía intentar frenar todo esto?

Me fío totalmente de los laicos, pero también es un papel de la jerarquía. De toda la Iglesia, cada uno en el lugar donde esté. Tengo la obligación de seguir predicando el Evangelio y decir cuáles son las armas que se tienen que utilizar al anunciar el Evangelio, porque no cualquier arma es válida.

Es decir, el descarte y el insulto no son cristianos. Y eso hay que decirlo también, aunque duela a algunos cristianos: lo de los cristianos es intentar acercar a todos los hombres, incluso a aquellos que hacen daño. Pero no con las mismas armas que a mí me hacen daño, sino con las armas que rehabilitan al ser humano. Han de ser armas curativas, no morales.

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