Estudiantes de la Universidad de Oxford.
Estudiantes de la Universidad de Oxford.

«La libertad de expresión es el alma de una universidad. Permite la búsqueda del conocimiento. nos ayuda a acercarnos a la verdad». Así arranca la declaración oficial de la Universidad de Oxford (Reino Unido) en respuesta a una petición realizada principalmente por un grupo de estudiantes LGTBI el jueves de la pasada semana.

Esta petición estudiantil se titula ‘Protección de estudiantes transgénero, no binarios, discapacitados, de clase trabajadora y mujeres del odio en contextos universitarios’ y pretende la censura previa de los contenidos de las conferencias, los materiales, tutoriales y exámenes.

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Esta moción fue aprobada por 28 votos a favor, 11 en contra y 10 abstenciones entre los representantes estudiantiles.

La Universidad de Oxford abunda en rechazo a las propuestas censoras de los grupos LGTBI al afirmar que la libertad de expresión «permite a los estudiantes, profesores e investigadores conocer mejor la variedad de creencias teorías y opiniones».

«Dentro de los límites establecidos por la ley, todas las voces u opiniones que cualquier miembro de nuestra comunidad considere relevantes deben tener la oportunidad de una audiencia»

Esta toma de postura no es óbice para que se defienda que una universidad puede establecer «reglas relativas a la conducción del debate, pero nunca debe evitar el discurso que sea legal«. En este marco, la Universidad de Oxford asume que sus miembros se enfrentarán en consecuencia «a opiniones que algunos consideran inquietantes, extremas u ofensivas» y esto no puede ser motivo de censura.

Al tiempo, una de las instituciones educativas británicas más prestigiosas expone que «no todas las teorías merecen el mismo respeto» pero «dentro de los límites establecidos por la ley, todas las voces u opiniones que cualquier miembro de nuestra comunidad considere relevantes deben tener la oportunidad de una audiencia».

Y, como es normal en el trabajo universitario, estas expresiones de ideas «siempre que sea posible, también deberían estar expuestas a pruebas, preguntas y argumentos». En este compromiso, la Universidad de Oxford se compromete a tomar medidas para que los intercambios de ideas «ocurran pacíficamente» (sic).

Y concluye: «Con una regulación adecuada del tiempo, el lugar y la forma de los eventos, ni los oradores ni los oyentes deben tener motivos razonables para sentirse intimidados o censurados. Es esta comprensión de la importancia central y los roles específicos de la libertad de expresión en una universidad lo que subyacerá en los procedimientos detallados de la Universidad de Oxford».

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