El feminismo político y mediático retuerce el derecho
El feminismo político y mediático retuerce el derecho

Creer que para definir tu identidad puedes prescindir totalmente de la biología es una posibilidad dentro de la libertad de pensamiento. Afirmar que eso es científico y, por tanto, válido y exigible para todos, es algo muy diferente.

Mike Nayma publicó recientemente un video en youtube contando la historia del incidente conocido como “Grievance Studies Affair” (el escándalo de los estudios de reivindicación) y ya tiene más de un millón de visualizaciones. El video describe cómo James Lindsay, Helen Pluckrose y Peter Boghossian presentaron a diferentes revistas científicas –las conocidas como Journals– algunos “estudios” empaquetados en palabras relacionados con el género aunque sin verdadero rigor científico y, en muchos casos, con total carencia de lógica.

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Puede ver el video subtitulado en español aquí.

Entre 2017 y 2018 enviaron multitud de trabajos a prestigiosas revistas académicas sobre cultura, queer, raza, género, aceptación de la obesidad y sexualidad. Cabe señalar que estos 3 investigadores no se identifican con sectores conservadores sino más bien con la izquierda, pero valoran más el rigor científico que las tendencia políticas o ideológicas.

Lindsay, Pluckrose y Boghossian fueron muy claros al afirmar que estos temas son importantes de analizar, pero con su proyecto mostraron que el rigor científico escasea y en su lugar abundan los prejuicios ideológicos. Resaltaron que lo grave es que muchos de estos “estudios con perspectiva de género” son citados frecuentemente por medios de comunicación y tomados en cuenta para legislar como si fueran científicos.

Algunos de estos “estudios” fueron intencionalmente atrevidos pero posibles a partir de las palabras que suelen acompañar la agenda de género. Por mencionar algunos ejemplos:

  • explicar que el pene es una construcción social problemática y, por tanto, responsable de cosas como el cambio climático;
  • hacer propuestas educativas para prevenir la violencia de género con técnicas que se usan con los perros;
  • proponer encadenar a niños blancos para desterrar la supremacía racial y que estos empaticen con las minorías de raza y género, o introducir juguetes sexuales por el ano para reducir la transfobia en hombres;

En una de estos “papers” los autores reconocen que en una sección copiaron literalmente fragmentos del “MEINKAMPF” de Hitler, sustituyendo en el texto la palabra “judío” por “hombre blanco heterosexual”, reescribiendo así la obra de Hitler. Desde luego, aunque hay algunos que defienden que el texto fue deformado, el lenguaje nazi estaba presente, solo que para apoyar la causa feminista.

De los 20 trabajos presentados, 4 fueron publicados, 3 aceptados, pero aún no publicados, 6 rechazados, 7 quedaron bajo revisión en el momento en que los autores revelaron y detuvieron su proyecto. Pero además los comités de redacción de dichas publicaciones llegaron a recomendar que se les concediesen las becas necesarias para profundizar y desarrollar tan magistrales estudios.

Lindsay, Pluckrose y Boghossian tenían planeado concluir el proyecto en mayo del 2019. Sin embargo, un periodista del Wall Street Journal descubrió que en un estudio publicado por la revista Gender, Place and Culture se había usado un pseudónimo y que la autora Helen Wilson no existía. Entonces, los investigadores describieron todo su proyecto a ese periódico neoyorquino. Reconocieron entonces que su propósito fue demostrar que, tanto en los campus universitarios como en las revistas académicas, lo científico muchas veces había sucumbido ante la ideología política de género. Querían mostrar que cualquiera puede defender las mayores aberraciones y pasar por experto, siempre y cuando siga los dogmas de la corrección política imperante y utilice unas palabras concretas y una lógica específica.

Por supuesto, muchos investigadores serios valoraron positivamente el proyecto pues el poco rigor afecta a todo el mundo académico, especialmente en el campo de las ciencias sociales. Pero increíblemente también hubo quienes lo criticaron. Acudieron al poco válido pero frecuente argumento de “tienes razón, pero no era la forma correcta”.  

Aunque este incidente fue reportado por otros medios nada conservadores como Washington Post, New York Times, Mother Jones, The Times, The Australian, y BuzzFeed, actualmente se ha desplegado un manto de olvido y la “industria del género” sigue difundiendo sus dogmas como si nada hubiese pasado.

El pasado 8 de septiembre, Peter Boghossian renunció a la Universidad Portland State. Su situación ya era insostenible. En una dura carta, Boghossian muestra que la falta de rigor científico en el campus –tanto de su universidad como en el de muchísimas en los Estados Unidos– sigue dándose, tal como lo denunció en su estudio. Pero además, habló de que recibió una denuncia por discriminación que hizo que se le abriera una investigación interna de la que salió limpio por falta de pruebas, aunque nadie en la universidad se disculpó con él. En el colmo del mal gusto y la agresividad, ha llegado a encontrar bolsas con heces en la puerta de su despacho, mientras las autoridades de la universidad guardaron silencio. Las agresiones continuaron, incluyendo la activación de la alarma contra incendios en medio de un debate con personalidades académicas o el sabotaje de equipos de sonido. Nuevamente, sin reacción de las autoridades del campus.

Esta renuncia y el video de Mike Nayma han vuelto a poner en la escena pública esta denuncia de fraude intelectual y académico. Nayma ha seguido muy de cerca la muy seria trayectoria profesional de estos 3 investigadores y está planeando un largometraje tipo documental sobre este incidente. Sin embargo, ha encontrado serios problemas para financiarlo con sus fuentes habituales y actualmente se encuentra haciendo una colecta de fondos por internet. La pregunta es si se podrá superar la barrera de la ideología de género en las aulas universitarias y hasta cuándo tendremos que soportar esta deformación en lo que debería ser la cumbre del saber humano: la universidad.

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Director de la Oficina para América Latina del Population Research Institute con dedicación a tiempo completo al desarrollo de herramientas de participación política en la división RELEASE, www.releas-e.com Consultor de organizaciones en 18 países de América y España. Coautor del libro 'Análisis de Escenario con Mentalidad de Ajedrecista' (2012) y 'Que no decidan por ti. Hacer política en la era de la posverdad' (2018). Co-editor de Pandemonium www.proyecto-pandemonium.org