Giovanni Boccaccio, autor de
Giovanni Boccaccio, autor de "El Decamerón"

Una de las obras que ha dejado huella dentro de la Literatura Universal fue escrita en el siglo XIV por un mercader que dejó el comercio para dedicarse a las letras.

Dicho personaje fue Giovanni Boccaccio (1313-1375) y la obra es El Decamerón que es una colección de cien cuentos que durante diez días son contados por siete damas y tres caballeros que huyen de la peste negra que asolaba a Florencia en 1348.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Lo que le da unidad a la obra es que son contados por ese grupo de personas que, dentro de su confinamiento, se entretienen contando temas alegres, satíricos e incluso desvergonzados.

El mensaje que recibe quien lee los cien cuentos del Decamerón es malo por las siguientes diez razones que damos a continuación:

Porque la moraleja es que los pícaros triunfan, quedan sin castigo y reciben alabanzas.

Porque la gente honrada, buena y trabajadora es presentada como estúpida.

Porque dan malos ejemplos que fomentan la infidelidad conyugal.

Porque se burlan e incluso calumnias tanto a los frailes como a las monjas.

Porque falsean la realidad al presentar una sociedad hipócrita y corrompida.

Porque ridiculizan el sacramento de la confesión creando un ambiente de tibieza espiritual. 

Porque presenta como algo normal la corrupción, el adulterio, la picardía y el comportamiento frívolo de los religiosos, lo cual fomenta que se le pierda el respeto a quienes, siguiendo su vocación, se han consagrado a Dios.

Porque se burla de importantes dogmas del Cristianismo como son la vida eterna y el juicio particular.

Porque las trampas y las mentiras son de lo más común.

Porque alimenta sentimientos de odio y de venganza.

Por todo esto y mucho más el Decamerón de Boccaccio es una obra que, al fomentar la relajación de costumbre, pudre a la sociedad.

Boccaccio -como antes dijimos- vive y escribe su obra en los años de la Baja Edad Media cuando la sociedad europea está viviendo un período de transición.

Aquellos años no eran ya los tiempos de las Cruzadas que enardecieron a toda Europa inflamándola de un santo idealismo que les impulsaba a luchar por el rescate de los Santos Lugares que se hallaban en poder de los sarracenos.

Aquellos años decadentes del siglo XIV no poseen ya el idealismo del siglo anterior; y por si esto no bastase fue creciendo una nueva clase social (los mercaderes) que acabó desplazando a la nobleza, al alto clero e incluso a las clases populares.

Debido al poderío económico que fueron logrando los mercaderes, el materialismo fue desplazando al idealismo de las pasadas centurias.

Pues bien, reflejo de esa época de transición que es preludio de una nueva mentalidad es un Boccaccio que dejó sus ocupaciones de mercader para entregarse a la poesía.

Sin embargo, al entregarse a la poesía, no lo hizo con el fervor idealista de su compatriota Dante Alighieri quien también vivió por aquellos años y que le regaló al mundo una de las máximas obras de la Literatura Universal: La Divina Comedia.

Nada de eso, Boccaccio es muy diferente. Aunque su estilo es ágil y comunica con facilidad sus ideas no deja de ser prosaico, ramplón y -por supuesto- inmoral.

El Decamerón, al igual que muchas otras obras que se fueron publicando a raíz de que la imprenta burló cualquier tipo de censura, es una obra que contribuyó a cambiar el modo de pensar de las generaciones que vinieron detrás.

Una obra que, al relajar las costumbres, fue preparando una mentalidad que mucho ayudó a los reformadores protestantes que llegarían en el siglo XVI.

No obstante, así como en el más sucio de los charcos se refleja también la luz de la luna, el Decamerón ¡cosa extraña e inexplicable! No deja de tener algo bueno, aunque eso bueno sea mínimo.

En uno de sus cien cuentos, se habla de dos amigos -uno judío y otro cristiano- que viven en París.

El cristiano intenta convencer al judío para que adopte la Fe de Cristo. El judío se resiste hasta que, por fin, le entra la duda y le dice a su amigo que antes deberá visitar la Ciudad Eterna por ser dicha ciudad la más importante del Mundo Cristiano.

Su amigo se entristece pues, conociendo la depravación de costumbres que impera en Roma, con justa razón, piensa que será peor el remedio que la enfermedad.

Poco después regresa el judío, le cuenta como, ante todas las vergüenzas que ha visto dentro del clero y altas jerarquías de la Iglesia, ha decidido hacerse cristiano.

Su amigo no da crédito a lo que está escuchando, a lo cual responde el judío:

-«Después de ver tanta podredumbre, quedé convencido que si el Cristianismo se ha mantenido durante tantos siglos es porque su origen no es humano sino mas bien divino; esa y no otra es la razón por la cual decidí hacerme cristiano»

Una anécdota digna de meditarse por la enseñanza que proporciona.

Desgraciadamente, tan edificante anécdota no hace bueno al Decamerón, una obra que respira depravación en cada una de sus páginas.

Por lo tanto y a manera de conclusión: Respondiendo a la pregunta que da título a este trabajo diremos que el libro en cuestión merece un juicio condenatorio.

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Abogado, historiador y periodista. Editorialista de el Heraldo de México (1973-2003). Colaborador de varias revistas mexicanas y españolas. Corresponsal en México de la revista Iglesia-Mundo (1981-1994). Autor de 'La cruzada que forjó una patria' (1976); 'Forjadores de México' (1983); 'Los mitos del Bicentenario' (2010) e 'Isabel la Católica. Su legado para México (2013).