La socialista Isabel Celaá, durante un mitin del PSOE en campaña electoral /EFE
La socialista Isabel Celaá, durante un mitin del PSOE en campaña electoral /EFE

La escuela pública española recuerda a los antiguos países del Este: ineficiente, onerosa, burocrática y con un rendimiento escolar de vergüenza ajena. Se les llena la boca hablando de igualdad y libertad y -como pasaba en los satélites de la URSS- ni lo uno ni lo otro. 

Al final, los que presumían de socialismo veían con envidia a los corruptos capitalistas, por la sencilla razón de que el paraíso comunista se caía literalmente a pedazos. Era lo del chiste de Breznev -que se contaban clandestinamente en los años 70-: el representante de una granja colectivizada le hace la pelota al líder soviético: 

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-Camarada presidente, gracias a la labor del Partido hemos cosechado tantas patatas que puestas una encima de otra llegarían hasta Dios.

– Pero, camarada agricultor, seamos sinceros, Dios no existe.

– Tiene razón, camarada presidente, seamos sinceros, las patatas tampoco.

Pues a pesar de que en la escuela pública no hay patatas, el Gobierno de Sánchez-Iglesias pretende asfixiar a la escuela concertada, que es junto con la privada, la única que funciona. 

La izquierda alimenta dos prejuicios sin fundamento: que la concertada es para la clase rica y que le cuesta un pico al erario público

El último episodio del asedio contra la concertada -y ataque contra la libertad de enseñanza- es la decisión de excluirla de un plan de ayudas post-Covid de más de 2.000 millones de euros, destinado únicamente a los centros públicos. De esta forma la deja fuera del Plan Marshall de reconstrucción tras la pandemia, impidiéndole hacer frente a los gastos por las medidas de seguridad sanitarias para alumnos y docentes o por la digitalización de las aulas. Es obvio que el Gobierno frentepopulista pretende ir asfixiando a la enseñanza libre.

La izquierda -y sus corifeos mediáticos- alimentan dos prejuicios que carecen de fundamento: que la concertada es para la clase rica y que le cuesta un pico al erario público. Pura demagogia. La concertada es elegida mayoritariamente por la clase media, lo que pasa es que los socialistas juegan a la confusión metiéndola en el mismo saco que la privada. Y respecto al dinero, hay que recordar que al  contribuyente español un alumno de la concertada le cuesta 3.000 euros por año, en tanto que el alumno de la pública le cuesta el doble (6.000 euros).

No hay, por lo tanto, razones económicas objetivas para asfixiar a la concertada. Al contrario, si le ahorra dinero al Estado, lo indicado sería apostar por ella. Tampoco hay razones sociales para excluirla o poner trabas a la apertura de nuevos centros, ya que la eligen uno de cuatro niños españoles. 

¿Entonces? Sólo quedan razones ideológicas. La educación es para la izquierda una herramienta de adoctrinamiento y, a la postre, de control político. Desde las primeras leyes socialistas de la época de Felipe González hasta la Ley Celaá (que la ministra ha querido colar aprovechando el río revuelto de la pandemia), pasando por la Educación para la Ciudadanía de Zapatero. Lo que da poder no sólo es el escaño de diputado o la vara de alcalde, lo que da poder de verdad es teledirigir los telediarios y lavar el coco a las cabecitas de los escolares. Con ambos puedes cambiar la sociedad como si fuera un calcetín e imponer el pensamiento único. Lo tienen claro desde Gramsci y desde el mayo francés del 68, cuando el relativismo se coló en las aulas y se perdió la autoridad del docente. 

Para ello hay que llevarse por delante el derecho fundamental de los padres a elegir la educación de sus hijos (artículo 27 de la Constitución), pero ¿cuando la Carta Magna ha sido un obstáculo para el PSOE? Eso sí, muchos de los políticos de izquierda llevan a sus hijos a centros religiosos o elitistas –comenzando por la propia ministra Celaá que envió a sus hijas las Irlandesas de Leioa (Lejona)-, lo que deja en evidencia el carácter hipócrita de su socialismo de salón y su apología de la escuela pública. 

El viejo debate sobre la libertad de pensar sigue pendiente en España. Pesa como un lastre el estatismo, quizá porque pocos han entendido que la libertad se traduce, en la práctica, en el destino que se le da al dinero. Si el ciudadano no puede hacer con sus cuartos lo que le dé la gana, si no puede decidir lo que considera lo mejor para sus hijos, entonces no tiene sentido hablar de libertad. Si es el Estado el que se mete donde no le llaman con un dinero que no es suyo sino de los españoles, entonces apaga y vámonos. Esa es la raíz del problema.

sumarioEs un clásico de la izquierda: imponer la escuela estatal y estrangular a la concertada. Y eso que un alumno de esta le cuesta al  contribuyente 3.000 euros por año, en tanto que el alumno de la pública le cuesta el doble (6.000 euros). Pero está en juego el control de las cabecitas de los escolares. Y a por ello van.

Una buena solución sería el cheque escolar, que le produce a la izquierda lo que los ajos a Drácula

Una buena solución sería el cheque escolar, que le produce a la izquierda lo que los ajos a Drácula. Como propone Vox en su programa, los padres recibirían del Gobierno un bono por un importe equivalente al coste medio de un puesto escolar en un centro público para que decidieran libremente a qué colegio, público o privado, quieren llevar a sus hijos. 

El cheque tiene tres grandes ventajas: deja a los padres la capacidad de elegir qué educación desean para sus hijos, en lugar de la impuesta por el mandamás de turno; promueve la competencia y, en consecuencia, la reducción de costes y el estímulo de la calidad y la innovación; y contribuye a la igualdad de oportunidades, al permitir el acceso a las escuelas privadas de los alumnos de familias con rentas bajas. 

¿Por qué la izquierda se opone al cheque escolar? Por la misma razón por la que la Alemania del Este se vió obligada a levantar el Muro de Berlín. Si dejas libertad, los berlineses orientales dicen “Goodbye Lenin” y se fugan en masa a la parte occidental. Si dejas que los padres elijan el colegio de sus hijos con libertad y sin condiciones, ¿qué creen que elegiría una mayoría?  

Pero ya se sabe, Vox es ultra, medieval, heteropatriarcal y cavernícola. PSOE y Podemos, a su lado, son la libertad quintaesenciada. Unos llevan la fama y otros cardan la lana. 

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.