«Le daría la custodia de mis hijos a Oriol Junqueras antes que a Pablo Iglesias»

    Albert Boadella mira a su Cataluña y no la reconoce en estos tiempos de masas ordenadas y fe ciega, que es la única manera con la que -asegura- se puede seguir al nacionalismo.

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    Albert Boadella, actor y dramaturgo / Foto: Tamara García

    Un cuento de paranoicos es el título de la obra de teatro que le dedicaría a Artur Mas y al resto de independentistas. Albert Boadella mira a su Cataluña y no la reconoce en estos tiempos de masas ordenadas y fe ciega, que es la única manera de la que -asegura- se puede seguir al nacionalismo.

    Lo de hacer la pantomima no va con este dramaturgo, que no se mete en el burladero ni ante las embestidas de la izquierda ni del nacionalismo. De los catalanes dice que su único y verdadero rasgo diferencial es un cierto instinto de xenofobia. Pero no todo el legado nacionalista es nocivo: Boadella cree que esta enfermedad ha traído el anticuerpo de Albert Rivera.

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    ¿Cómo ha encajado el resultado de las elecciones catalanas?

    El domingo se produjo una situación esperanzadora. Sin la mayoría de votos independentistas en forma plebiscitaria se refuerza la seguridad del Estado español. Ahora el Estado tiene más fuerza moral para aplicar la ley en cualquier acto de rebelión porque un 52% de los catalanes no quiere secesión.

    Es la visión optimista, pero los nacionalistas tienen la estructura del poder: la educación, los medios de comunicación… ¿Qué podemos esperar de aquí a 10 años?

    La fractura ya está hecha y el adoctrinamiento también. Prueba de ello es lo que hemos visto hasta ahora, este adoctrinamiento es una auténtica desfachatez. Hay dos generaciones educadas así y ahora vemos las consecuencias.

    ¿Imposible una reacción?

    No. Puede suceder que las generaciones venideras adoctrinadas bajo el régimen tengan una reacción. La mía se rebeló contra el poder de la dictadura franquista. Ahora el poder en Cataluña es el nacionalismo. Estas generaciones educadas con métodos de inmersión, no digo lingüística, sino histórica y paranoica hacia España, es muy posible que al final reaccionen contra el poder. Cuando un poder se pasa, suele haber consecuencias.

    El nacionalismo sustituye a la religión.

    El nacionalismo está basado en una fe ciega, en cosas intangibles en el sentido de que somos mejores que los demás. El otro día hablé en el Ateneo -martes 22 de septiembre, acto de Libres e Iguales- de los hechos diferenciales, que siempre son mejores que los del vecino. No hay un nacionalismo que diga ‘somos los más tontos de Europa’, ya que entonces no tendría razón de ser. Somos más ricos, inteligentes…

    Y nadie lo discute.

    La realidad del nacionalismo es la necesidad de tener una fe absoluta porque si alguien analiza y busca la realidad, el nacionalismo se va al traste. Cuando un ciudadano empieza a indagar en la historia y escoge la vía de la libertad, adiós nacionalismo.

    ¿Por eso la complicidad con la corrupción?

    Nacionalismo y corrupción son una misma cosa. Uno roba por la patria. Cataluña tuvo un ejemplo letal: el ‘caso Banca Catalana’ con Jordi Pujol. Hubo una auténtica estafa. Pujol culpó de todo al Gobierno central porque él representaba a Cataluña. Un hecho delictivo se convirtió en una razón a su favor, ya que él lo había hecho por Cataluña. El delito se cometió por Cataluña, él había dado dinero para el catalanismo.

    «Cuando se indaga en la historia y se escoge la vía de la libertad, adiós nacionalismo»

    ¿Hemos llegado a este punto porque todas las instituciones catalanas han ido en la misma dirección (política, prensa, iglesia)?

    Una sola persona es decisiva para que toda una sociedad tenga una deriva hacia un lado u otro. Cataluña tuvo la desgracia de tener a Jordi Pujol como presidente. Este hombre ha sido decisivo por cómo se ha desarrollado la trama. Si hubiera sido otro igual, más o menos corrupto, a lo mejor no hubiera sucedido esto. Es un hombre astuto, muy resentido, que quería pasar cuentas con España. Por eso construyó una estructura pensada para la venganza.

    Uno es sevillano y no se olvida de lo que escribió Jordi Pujol en 1976: «El andaluz no es un hombre coherente, es anárquico, destruido, poco hecho».

    No olvidemos que detrás del nacionalismo hay una genética xenófoba. Siempre piensan que el de fuera es inferior. Es algo que hemos vivido profundamente en Cataluña. Detrás de las maniobras de secesión está la xenofobia, que es un instinto enraizado, primitivo.

    ¿Vuelta a la tribu?

    Es lo que les ocurre a los ninos. Porque un nino en general es xenófobo, incluso podría ser a veces un poco fascista. De nino puedes tener reacciones fascistas y xenófobas porque no te gusta aquél, ya que es distinto, como les ocurre a los animales. Los instintos primitivos son fascistas en principio.

    ¿Cómo sería posible recuperar el amor a España de los catalanes que han sido educados en el odio?

    Tiene que aplicarse la medicina de volver a intentar contar la verdad. Hay que hacer lo que Ciudadanos: tratar de contar una versión más cercana a la realidad en cuanto a lo que es España, lo que representa como democracia y lo que representa la historia de España  y Cataluña conjunta. Cataluña nunca ha sido víctima del resto de España. Jamás. Que cuenten la verdad de la locura de la independencia. Cuando cuenten la verdad habrá una reacción como la hubo en el pasado. No nos confundamos, esto no es una rivalidad Madrid-Barça.

    ¿Es Albert Rivera la esperanza de los catalanes bajo el yugo nacionalista?

    Rivera representa la visión de alguien que transmite una ilusión. La juventud no es un valor ni positivo ni negativo para la política, pero transmite la ilusión para hacer cosas positivas por los ciudadanos. Tiene un espíritu abierto, sin sectarismos. Las enfermedades como la catalana crean anticuerpos como Albert Rivera. Luego aparecerán otros.

    ¿Sería ilegítima la independencia aunque la respaldara el 99% de los catalanes?

    Contra eso pocas cosas se pueden hacer. No sería legal, habría que hacerla legal, porque ellos votaron una Constitución. No sería legal porque los españoles somos copropietarios de unas hectáreas. No puede ser que algunos digan ‘me voy’ con estas hectáreas. Si alguien se larga algo tiene que pasar, ¿no? Que paguen o hagan algo. Tendrían sus obligaciones frente al resto de los españoles. Pero es que además todo es fruto de una inmensa mentira, así que yo seguiría estando en desacuerdo con esta independencia.

    «Cataluña nunca ha sido víctima del resto de España, que cuenten la verdad de la locura de la independencia»

    ¿Y en el otro lado se han hecho bien las cosas? La cesión de las competencias en educación fue…

    Un inmenso error. Si se quiere, bajo la justificación de un momento complicado en España como fue la Transición. Momentos de miedo, incertidumbre, falta de práctica democrática. Pero fue un inmenso error ese trasvase a todas las comunidades. No digamos ya a las que tienen el delirio secesionista. ¡Solo faltó que les hubieran dado los tanques!

    Y luego los hechos diferenciales…

    ¿Por qué la Constitución recogió esto? ¿Qué quiere decir hechos diferenciales? ¿Acaso el resto de españoles no los tiene? ¿Qué diferencia hay entre un ciudadano de Barcelona y otro de Zaragoza? Hablo de auténticas diferencias. Pues mire usted, no hay ninguna. Hombre, si me dices comparado con un país islámico, pues vale. Pero dentro del mundo judeocristiano las diferencias son mínimas. Es una estafa y el resto de los españoles ha caído en la trampa. El único rasgo diferencial de los catalanes es un cierto instinto de xenofobia.

    Pero no todos.

    Al menos un 48%.

    ¿Qué pasaría si el presidente Rajoy decidiera retirarle las competencias a la Generalitat en caso de que declarasen la independencia?

    Tendría que ocurrir en ese caso, de lo contrario sería trágico.

    Antonio Banos, de la CUP, dijo que iban a desobedecer la ley española.

    Pues que lo prueben, que dejen de pagar impuestos. Ya veremos si hay muchos que los siguen. Cuando se encuentren con las cuentas corrientes bloqueadas veremos si les hace tanta gracia. No pasaría nada absolutamente. Estaríamos mucho mejor porque se preocuparían más de la política y menos de la etnia.

    ¿Y no es todo esto puro teatro? Hay quien dice que Artur Mas es un gran actor, que ya ni pronuncia la palabra independencia. Vamos, que todo es cuestión de más dinero.

    Mas es un aprovechado. Un tipo sin escrúpulos que aprovecha las circunstancias en beneficio propio. Ha hecho esto como podría haber hecho todo lo contrario. Si las ganancias hubieran estado del lado constitucionalista, habría estado en este lado. Es un hombre sin moral.

    ¿Cómo titularía esta obra de teatro catalán?

    Un cuento de paranoicos.

    ¿Se nota que la prensa es menos libre en Cataluña?

    Sí, porque están de acuerdo con lo que en la época de Franco llamábamos ‘los principios fundamentales’ del régimen. Están todos de acuerdo en que Cataluña es una nación que tiene que separarse de España. Este momento tan esencial hace que la libertad quede coaccionada, cosa que no sucede en el resto de España. Hay una gran unanimidad, y eso es muy peligroso.

    Un gran torero, Ignacio Sánchez Mejías, decía que el mundo es una gran plaza de toros donde el que no torea, embiste. ¿Usted, toro o torero?

    A mí me ha tocado hacer más de torero que de toro. Sánchez Mejías tenía razón en que lo que sucede en una plaza de toros es un pequeño esquema de lo que sucede en la vida. Es decir, el sufrimiento, la muerte, la valentía, la cobardía, la astucia, la inteligencia, el buen gusto, el pánico… Todo lo que pasa en la vida está resumido en una corrida de toros.

    ¿Su torero?

    Enrique Ponce.

    Una pena que ya no pueda verlo en Barcelona. Claro que es pura paradoja que fuera un andaluz (José Montilla) el que prohibiera las corridas en Cataluña.

    Montilla también pertenece a ese mundo donde todo se puede comerciar. Es esa clase de gente que entiende que la verdad es algo manipulable, marginal. Unos dicen que la tierra es redonda, otros que la tierra es cuadrada. Vale, la dejamos en ovalada.

    «La casi totalidad de mi gremio se declara de izquierdas, otra cosa es que luego tengan millones en el banco»

    El FC Barcelona como síntoma. Emmanuel Petit, un francés que jugó en el Barça dijo que el nacionalismo está muy cerca del racismo, que a él le dijeron que aprendiese catalán y no español.

    Cuando alguien viene de fuera quieren que desde el principio se ponga del lado del ‘oprimido’ catalán. De lo contrario, te pones ‘de mal rollo’ con el entorno.

    ¿Por eso hemos visto a jugadores del Barça nacidos en Asturias, Albacete o Brasil terminando sus alocuciones con un Visca Catalunya?

    Es puro complejo. Una parte de los catalanes ha tenido la habilidad extraordinaria de acomplejar al resto de los españoles, o sea, de presentarse siempre como víctimas. Víctimas de alguna opresión… ¡Pero es que ni siquiera durante el franquismo! Ellos fueron tran franquistas como en el resto de España. Muchos magnates catalanes pagaron a Franco, todo es una gran mentira. Pero tienen esta inmensa habilidad de hacerse la víctima.

    Dijo usted que el catalán tiene un carácter poco dado a la expresividad… ¿excepto cuando están juntos?

    Cuando salen en muchedumbre son masas encuadradas, están perfectamente dirigidas. Hitler era un especialista en esto, era un director de escena formidable, bueno, en realidad lo hacía Goebbels. Franco también lo hacía pero más cutre porque en la plaza de Oriente se subían a las estatuas y las farolas. Era un poco caótico. En Cataluña están mucho mejor encuadrados.

    Otra frase suya: «En la vida es muy importante tener adversarios, me fío muy poco de los que quieren estar bien con todo el mundo».

    No soporto a los que dan la razón a todo el mundo, son tipos peligrosísimos.

    ¿Es lo que se ha hecho desde la Moncloa en los últimos 35 años?

    Ha calado en la sociedad: ‘buen rollo, buen rollo, tío’. Cuando quieres quedar bien con todo el mundo al final acabas quedando mal. Hay que defender las cosas que son defendibles con orgullo y dignidad. Si eso te obliga a quedar mal con alguien, pues lo haces.

    ¿Acaso se ha perdido la dignidad?

    Sin duda, se está perdiendo. En Cataluña la mayoría silenciosa ha tenido una posición indigna. El 27-S salió una parte de esta mayoría silenciosa, naturalmente es una posición más digna.

    ¿No hay posiciones dignas porque faltan héroes en España?

    Falta gente que tenga una posición de entrega, cívica. Falta civismo. La Ilustración hizo al ciudadano. Falta ciudadanía. Un ciudadano es alguien que conocesabe sus obligaciones y sus libertades. En España es un terreno muy ambiguo, porque hay pueblo español pero no ciudadanía.

    ¿Ha faltado dignidad también en los escenarios? La omertá sobre ETA es curiosa, ya que era la principal preocupación de los españoles hasta la llegada de la crisis.

    El 90% de mi profesión se dice de izquierdas. La izquierda en el fondo fue relativamente condescendiente con el tema terrorista. No digo que lo favoreciera, pero con la sumisión muchas veces lo favoreció. La izquierda no reaccionó hasta muy tarde a pesar de que también tuvo mártires.

    «No soporto al que da la razón a todo el mundo, son tipos peligrosísimos; al final quedas mal con todos»

    ¿El motivo?

    En el fondo le parecía una actitud revolucionaria y eso le producía un orgasmo. Es el problema de la izquierda. La casi totalidad de mi gremio se declara así, otra cosa es que luego tengan millones en el banco.

    Uno que no los tiene -de momento- es Pablo Iglesias. ¿Ha aportado algo nuevo a la izquierda?

    Es la pura demagogia, el puro populismo. Es encontrar una brecha en la política para colarse diciendo lo que haga falta. Es un hombre del que no me fiaría un pelo. Si tuviera que dejar la custodia de mis hijos a Oriol Junqueras o a Iglesias, se la dejaría al primero.

    ¿Por qué?

    Porque en el fondo Junqueras no engaña; el otro, sí.

    Entrevista realizada a: Albert Boadella

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    Licenciado en periodismo por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Tomó la alternativa en Intereconomía -semanario Alba, La Gaceta, Los Últimos de Filipinas, Dando Caña, 12 Hombres sin vergüenza- de la mano de Gonzalo Altozano y Kiko Méndez-Monasterio, de los que aprendió incluso algo de periodismo. Más tarde escribió para los digitales La Información y Periodista Digital. Viajó a Irak antes que a Roma, le apasionan la Historia y la tauromaquia. Nazareno de Sevilla.