José Javier Esparza: «Rajoy ha sido lo peor que le podía pasar a España»

    Ha cultivado la historiografía, la novela y el ensayo poniendo a nuestro país como objeto principal de su estudio. En sus libros retrata nuestras luces y sombras, estas últimas de nuevo sobre el horizonte. De momento, no ha escrito nada sobre la España de Rajoy, pero si lo hace, no esperen ni mucho menos un diagnóstico benévolo.

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    Historiador, padre de cinco hijos y analista político. No hace falta casi presentación, y menos aún cuando aparece en televisión y todo el mundo le reconoce: «es el del parche». Sí, perdió un ojo por un tumor, pero él le ganó la batalla final. Su obra -historiografía, novela, ensayo,- es amplísima, ha tratado y retratado nuestras glorias y vergüenzas: quién sabe si en el futuro escribirá un libro sobre la España de Rajoy. Por si acaso, ya lo advertimos: no saldrá bien parado.

    Ha dedicado gran parte de su carrera como historiador a escribir sobre las numerosas epopeyas de la Historia de España: la Reconquista, el descubrimiento de América, la forja de la nación o héroes de todo pelaje de la A a la Z. Pero también ha estudiado a figuras controvertidas recientes como Franco o Carrillo. Vamos, desde Covadonga hasta hace dos días.

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    Pero no sólo le fascina lo que ocurre y ha ocurrido dentro de nuestras fronteras, porque José Javier Esparza es uno de los más importantes analistas sobre Francia, país al que dedica numerosos artículos en prensa y comentarios en radio y televisión. Ahora todos ponen la mirada en nuestro vecino del norte por el fracaso del multiculturalismo, la amenaza yihadista y el auge del Frente Nacional.

    ¿Qué está pasando en Francia?

    En la mayoría de los países europeos la división izquierda-derecha recubre de forma artificial la realidad: por un lado, los beneficiarios de la globalización y, por otro, los perjudicados. En Francia hace años que el Frente Nacional se dio cuenta de esto gracias a Alain Soral. Y planteó la recuperación de la soberanía nacional para un país que, como España, vivió un proceso de recuperación económica sobre la base de una participación muy intensa del Estado en los llamados 30 años gloriosos de posguerra.

    ¿Y luego?

    La pérdida de soberanía que ha implicado la pertenencia a la UE ha conducido a que objetivamente se identifique la crisis económica con la pérdida de la soberanía nacional.

    ¿Qué consecuencias ha tenido?

    Pues que mientras la libertad económica ha crecido a favor del proceso de globalización, el programa del Frente Nacional lo ha hecho hacia la izquierda social, es decir, hacia los grupos sociales perjudicados por la globalización que ha dejado fuera al vivero tradicional de lo que ha sido la derecha toda la vida.

    François Hollande, Angela Merkel y Mariano Rajoy / EFE
    François Hollande, Angela Merkel y Mariano Rajoy / EFE

    O sea, que el obrero francés se siente más identificado con Le Pen que con Hollande o Sarkozy.

    Hace poco Hollande y Valls fueron increpados por ganaderos en una feria agrícola, mientras que Marine Le Pen fue acogida con alfombra roja. El Frente Nacional se ha convertido en un partido ajeno al proceso de globalización. Su objetivo es captar al votante de derechas, sobre todo, a través de Marine Le Pen o figuras que han participado en el movimiento Le Manif pour Tous, que promueve el derecho a la vida y la familia.

    «La globalización sólo ha beneficiado a los más ricos. Desde que entró el euro, en Francia la vivienda ha subido un 21%, la cesta de la compra un 15% y los salarios sólo un 3%»

    ¿Por qué la clase obrera francesa ya no se siente identificada con los partidos de izquierda? Jorge Verstrynge dijo que desde el mayo del 68 la izquierda francesa ha abandonado a la clase obrera autóctona porque ya no es la clase revolucionaria y, por eso, ha abrazado a los inmigrantes.

    Es la consecuencia. Pero no es tanto una cuestión de clase como una cuestión del propio problema. Es decir, cuando has visto que tus padres que llegaron a la ciudad procedentes del medio rural y en 25 años consiguieron un piso en propiedad, coche, lavadora, frigorífico y vacaciones pagadas un mes y ahora todo se viene abajo…

    ¿Qué ha pasado?

    Era una prosperidad creciente combinada con derechos sociales y, de repente, tus hijos van a vivir peor que tú. La globalización sólo ha beneficiado a los sectores más ricos de la sociedad. Es el caso de Francia: desde que entró en el euro la vivienda ha subido un 21%, la cesta de la compra un 15% y los salarios sólo un 3%. Es desesperante porque si uno cotiza una cantidad importantísima de su sueldo a un Estado que me abandona, sencillamente no puede funcionar.

    Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional/Fuente:Efe.
    Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional/Fuente:Efe.

    Muchos pensábamos que era el alto porcentaje de inmigrantes lo que había propiciado el auge de Le Pen.

    Hace mucho que el FN no tiene en la inmigración el centro de su discurso: de hecho, muchos de sus candidatos son inmigrantes. La clave está en la cuestión nacional: el discurso republicano ha mantenido la ilusión de que la soberanía nacional reside en el pueblo francés.

    ¿Entonces podría surgir un Frente Nacional en España?

    Es muy difícil, ya que aquí hemos vivido un proceso de demolición de la idea de España. Pero creo que será también cuestión de tiempo. No hay que olvidar que sin soberanía nacional no hay comunidad política y sin comunidad política no hay democracia porque las decisiones las toman otros que no son el pueblo.

    «Podemos y el Frente Nacional son visiones totalmente diferentes: los primeros quieren la destrucción de la identidad histórica española, mientras que los segundos reivindican la identidad histórica francesa»

    ¿Con sus diferencias, Podemos es lo más parecido?

    No. Esa identificación procede de una lectura interesada de quienes definen como populismo a todo lo que no sea un discurso sumiso a la globalización. Y en ese cajón de populismo te cabe cualquier cosa. Pero son visiones totalmente diferentes: Podemos está por la destrucción de la identidad histórica española mientras que el FN reivindica la identidad histórica francesa. Podemos sigue pensando en la lucha de clases como factor de movimiento político e histórico. El FN, no. Sólo se parecen en el hecho de que son fenómenos opuestos a la globalización. Nada más.

    ¿Llegará el Frente Nacional al poder?

    Las próximas elecciones las ganará el FN en primera vuelta. En la segunda, los socialistas y los liberales se unirán para derrocarles. Pero tanto unos como otros tendrán que dar cuenta a sus votantes por qué han pactado con sus contrarios. Es un paisaje caótico, el sistema es incapaz de resolver las contradicciones que ha generado en cuanto al mantenimiento de la prosperidad económica de los europeos y sus conquistas sociales. Si no enmienda eso, tarde o temprano se hará con el poder el partido que apueste por la soberanía nacional. Cameron se ha adelantado y ha planteado esta cuestión ofreciendo un ultimátum a la UE: en el fondo ha puesto la venda antes que la herida.

    Pablo Iglesias e Íñigo Errejon, líderes de Podemos, celebran los resultados la noche del 20-D/ EFE
    Pablo Iglesias e Íñigo Errejon, líderes de Podemos, celebran los resultados la noche del 20-D/ EFE

    ¿Y Podemos llegará?

    Podemos tiene inscrito en algún punto de su programa algo así como: «este partido se autodestruirá seis meses después de ganar las elecciones». Tiene muchas contradicciones, y un partido que se basa en la suma de fuerzas que quieren disolver el conjunto, necesariamente tiene que disolverse. Lo que sí creo es que estando como está España colonizada por la izquierda en los últimos 40 años, se convertirá en una fuerza social cuyos tópicos van a acabar dictando la política de los partidos del sistema. Es lo que le ha pasado al PSOE, que se ha vendido a la falsa ideología de Podemos.

    «¿Refugiados? El think tank del partido de Merkel dice que es una magnífica oportunidad de suprimir el salario mínimo. Es una trampa brutal, sobre todo para los autóctonos»

    ¿Cómo ve a Europa? ¿Qué hay detrás del ‘Welcome refugees’?

    En marzo de 2015 la ONU publicó un informe en el que proponía la migración de sustitución para paliar el déficit demográfico en los países desarrollados. Señalaba a Italia, Alemania y Japón. 6.000 inmigrantes por cada millón de ciudadanos autóctonos en los próximos 20 años, porque si no, el sistema social se quebraría por falta de cotizantes. El think tank del partido de Merkel dice que es una magnífica oportunidad de suprimir el salario mínimo.

    O sea, que de solidaridad nada, sino que todo es porque son mano de obra barata.

    Es una trampa brutal, sobre todo para los autóctonos. A nadie se le ocurren políticas que fomenten natalidad. La clave que demuestra que el problema de los refugiados tiene una dimensión de aprovechamiento económico innegable es el hecho de que se haya utilizado el derecho de asilo para aplicarla a decenas de miles de personas a las que no puedes dar asilo.

    Refugiados en Alemania / EFE
    Refugiados en Alemania / EFE

    ¿Está en contra de atenderlos?

    Nadie puede estar en contra de acoger a refugiados y solucionar sus problemas alimentarios y sanitarios, eso es una cosa, pero otra cosa es convertirlos de facto en ciudadanos con derechos sociales incorporados… ¿han preguntado a los ciudadanos? Esto lo ha decidido el poder político.

    Aunque ahora parece que la UE está reculando.

    Se han dado cuenta de que la gente no es intercambiable: hay identidades, culturas, religiones… y no todas son solubles entre sí. Hace poco Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, protagonizó un espectáculo lamentable diciendo en Grecia ‘Inmigrantes, no vengáis más’, después de haber abierto la puerta de forma irresponsable. El objetivo era económico, eso está claro. Debemos pensar qué queremos que sea Europa y también si tiene algún sentido el respaldo a la política norteamericana en Oriente Próximo, que para nosotros está siendo letal.

    ¿El proyecto de la UE fracasará o mutará para sobrevivir?

    La oligarquía europea quiere constituir un espacio de mercado transparente para disolverla en el mercado global que constituyen los Estados Unidos. Y todo ello gracias al tratado de librecambio del pacífico. Ahora además se está negociando otro tratado entre el Parlamento europeo y las multinacionales norteamericanas, por cierto, a espaldas de los ciudadanos europeos.

    «El gran debate debería ser soberanistas-mundialistas. Los primeros están a favor de una Europa fuerte política y militarmente; los segundos, de una Europa cosmopolita sin identidad en el macromercado»

    ¿Hay una traición de las élites europeas a los ciudadanos?

    Ese proyecto al final choca con una realidad: nuestra supervivencia. A escala nacional se percibe la división entre soberanistas y mundialistas. Los primeros están a favor de una Europa fuerte en el campo político, militar, geoestratégico, etc. Los segundos son partidarios de una Europa cosmopolita sin identidad en el macromercado occidental. Este debería ser el gran debate.

    ¿Otro debate podría ser el de la integración de los musulmanes en Europa? El discurso oficial dice «cuidado con la islamofobia», tras cualquier atentado de signo yihadista.

    La Europa globalizada se ha construido como una no-identidad. El mejor ejemplo ha sido la constitución europea, felizmente no nacida, pero vigente en muchos aspectos. Si identificas a un enemigo con una identidad concreta, has de reconocer que tú tienes una identidad específica, algo que va en contra de esta construcción de Europa. Es un ejemplo claro de la histeria de Europa sobre sí misma que arrastra tras la Segunda Guerra Mundial. Es hora de ir rompiendo ya.

    ¿Todo lo que pasa hoy es consecuencia del mayo del 68?

    Es una parte del problema, pero el principal ha sido el maridaje entre la política económica neoliberal y el nihilismo progresista de posguerra. Desde los años 60 los poderes económicos vieron que les resultaba más rentable un mundo atomizado de individuos hedonistas y egoístas que el viejo mundo tradicional estructurado en torno a la familia. La mezcla de ambas cosas ha construido un mundo cabeza abajo.

    «El discurso religioso es una barrera frente al discurso político redentorista que siempre ha enarbolado la extrema izquierda. En España ese discurso religioso es católico»

    El discurso hegemónico ha sido el de la izquierda desde entonces. ¿Eso explica el empeño laicista en desterrar las tradiciones que ahora vivimos en España?

    Nadie puede plantear al pueblo que él es su redentor y que lo va a conducir al paraíso en la tierra si al mismo tiempo ese pueblo cree que hay un paraíso en el cielo, un horizonte mucho más radiante, o sea, la salvación. El discurso religioso, por definición, es una barrera frente al discurso político redentorista que siempre ha enarbolado la extrema izquierda. En España, claro, ese discurso religioso es católico.

    ¿La izquierda es una herejía del cristianismo?

    No lo creo. Es una desviación del cristianismo. La palabra herejía se utiliza mal, como un concepto teológico socializado. La idea de la marcha de la Historia hacia la salvación se transmuta en progreso en la tierra, el libre albedrío frente al pecado se transmuta en libertad individual, la igualdad de las almas se transmuta en igualdad física. En el fondo lo que significa es que hay una operación de desacralización que expulsa a Dios. Es la historia de siempre, la Historia no pasa. Todo el que quiere imponerse como redentor en la tierra acabará atacando a los redentores que hablan del cielo.

    Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones /Fuente EFE
    Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones /Fuente EFE

    Bajemos a la tierra. ¿Quién va a gobernar en España?

    Lo lógico sería que Rajoy capitaneara un proceso de regeneración en el PP convocando un congreso y pasara a la historia como el líder que se apartó y se sacrificó por el partido y por España. Pero eso no le hará mientras no tenga la certidumbre de que el juicio sobre el caso Bárcenas le va a salpicar.

    Quizá es pronto, pero ¿qué balance histórico hace de Rajoy?

    Rajoy ha sido lo peor que le podía pasar a España. Ha convertido al PP en un partido sin alma, ha exterminado a los miembros que representaban a la derecha social tradicional, ha aniquilado a los provida, se ha apartado de cuanto quedaba de nacional y conservador, y ha terminado convirtiendo al partido en una especie de partido socialdemócrata vergonzante. Si algún día se retira a Santa Pola como registrador no debería escribir sus memorias, porque si dice la verdad tendrá que irse a montar una oficina de registrador de la propiedad en una isla del Caribe.

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    Licenciado en periodismo por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Tomó la alternativa en Intereconomía -semanario Alba, La Gaceta, Los Últimos de Filipinas, Dando Caña, 12 Hombres sin vergüenza- de la mano de Gonzalo Altozano y Kiko Méndez-Monasterio, de los que aprendió incluso algo de periodismo. Más tarde escribió para los digitales La Información y Periodista Digital. Viajó a Irak antes que a Roma, le apasionan la Historia y la tauromaquia. Nazareno de Sevilla.