Cañizares: «La primera víctima de la ideología de género es la mujer»

    Dice el periodista: Cañizares es un hombre menudo, de aspecto frágil, pero derrocha muchísima energía. Lo demuestra en una entrevista en El Mundo donde no rehuye ningún tema polémico. Desde el imperio gay hasta los problemas del Vaticano.

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    El cardenal Cañizares, durante una celebración litúrgica / EFE

    Extensa e intensa entrevista la que ha concedido a El Mundo monseñor Antonio Cañizares, cardenal arzobispo de Valencia. No tiene pelos en la lengua para subrayar que el lobby gay es un imperio porque «los lobbies son imperios» y que «ejercen un dominio en las legislaciones».

    A la vez dice que tiene amigos gays y lesbianas, que los transexuales deben sentirse en la Iglesia como en su casa; y que está de acuerdo con el Papa Francisco al decir que «hay que pedir perdón a los gays, pero no sólo a ellos, a mucha gente».

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    Cañizares cuenta que se confiesa cada ochos días, «hay veces que viene un sacerdote a verme y le digo ‘confiéseme'». Porque los obispos también son «pecadores y necesitamos el perdón de Dios».

    Por su interés reproducimos la entrevista íntegra de El Mundo al cardenal arzobispo de Valencia Antonio Cañizares:

    «La limosna no sólo es dar, sino sacar de la necesidad al que la padece y librarla de ella cuando fuere posible». Santo Tomás de Villanueva aceptó por obediencia, en el siglo XVI, hacerse cargo del Arzobispado de Valencia y destacó por su amor y compasión hacia los pobres hasta tal punto que les entregó todos sus bienes, incluida su cama y hasta su propia ropa.

    Fue un inmenso predicador que se hizo cargo de un episcopado cuyas condiciones espirituales eran funestas, deplorables. Cuando Valencia era un gran burdel, la mancebía más grande de Europa. Y ese espíritu de Santo Tomás de Villanueva es el que empuja cada día al cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares (Utiel, 1945), en su labor: «Es mi modelo de obispo».

    Tiene fama de pertenecer al ala más conservadora de la Iglesia, a la más intransigente, pero él mantiene que defiende una renovación profunda de la institución que representa, una auténtica revolución, para que los obispos sitúen en el centro de sus prioridades a los más débiles, a los pobres. Ser obispo es negarse a sí mismo y entregarse al Evangelio y eso es lo que defiende Cañizares: «La Iglesia debe ser renovada, purificada, nosotros con nuestras propias fuerzas a veces la empeoramos, por eso necesitamos el sacramento de la confesión».

    Quiere que las iglesias se llenen, católicos y cristianos que no tengan complejo de ser lo que son, que se les note, y no le preocupa que sus dardos espanten a los indecisos: «Un día Juan Carlos Rodríguez Ibarra me dijo ‘si no dice lo que dice, sería un mal obispo’. Y es verdad, pero no trato de fustigar a nadie».

    Conocido por no tener pelos en la lengua, por decir lo que piensa en cada momento, en el último año ha encadenado un rosario de polémicas por sus declaraciones sobre la ideología de género, el Imperio Gay, la URSS marxista o los refugiados. «Me gusta ser políticamente incorrecto», admite casi sin pestañear. «No trato de dañar a nadie, sino ofrecer lo mejor para que todos cambiemos».

    Dicen que cuando monseñor Cañizares coge carrerilla no hay quien lo pare y ahora el cardenal más polémico de la Iglesia española, al que los obispos han confiado recientemente el cargo de vicepresidente de la Conferencia Episcopal, está dispuesto a dar la cara y explicar o profundizar en aquellas declaraciones que le han convertido en el custodio de la moralidad católica.

    No tiene miedo a lo que se le plantee, «no hay preguntas impertinentes, sino respuestas torpes». Acepta sentarse con El Mundo y otros medios en una misma tarde para hablar sobre Iglesia, Estado o el colectivo LGTBI. También sobre la ideología de género, a su juicio la «más terrible de la humanidad», el Vaticano y hasta la emisión de sexo en televisión: «¿Se pueden emitir películas porno y la misa no? ¿Eso se puede hacer?».

    Cañizares, cien por cien, sin filtros.

    Pregunta: Usted siempre se rebela y dice que nadie le va a callar.

    Respuesta: Sí, porque decir estas cosas no es lo que se lleva hoy en día. La verdad del Evangelio no puede ser encadenada y yo estoy al servicio del Evangelio y, por tanto, la libertad mía nadie podrá hacerla callar. Si yo callase, sería un mal obispo y no quiero serlo.

    P: Hubo un tiempo en que quien ocupaba su posición, mandaba mucho. O se decía que mandaba bastante. Ahora parece que manda menos, o influye menos en el poder político.

    R: No sé si tengo influencia política o no, lo único que sé es que trato de hacer bien a la sociedad y que no soy un obispo que esté al margen de la sociedad, me meto en todas las cuestiones. La relación de la Iglesia es con la sociedad, donde también están los políticos.

    P: Si el 70% de los españoles dice que es católico, ¿por qué las iglesias están cada vez más vacías?

    R: Hay una descristianización muy grande y eso se nota también en la práctica religiosa. España no ha sido de mucha práctica religiosa excepto algunas religiones. Era una paradoja que España, siendo católica, fuese poco practicante. En estos momentos esto se ha acentuado, necesitamos revitalizar la fe. Esa es mi principal preocupación, que la gente viva lo que cree, conforme al Evangelio, que es sencillamente la vida de la caridad y de las bienaventuranzas.

    P: ¿Se puede ser cristiano sin comprometerse con el catolicismo?

    R: Lo católico no está en contra de lo cristiano, al contrario, hay que vivir la fe cristiana dentro de la Iglesia católica.

    P: ¿Es un grito de protesta de la gente?

    R: Creo que es de indiferencia, que es peor que la protesta.

    P: Para la Iglesia es mucho peor la indiferencia que la protesta.

    R: Las dos cosas son malas. Que no se quiera a la Iglesia es realmente un drama porque entonces indica que la Iglesia no es fiel a lo que la constituye o que a la gente lo que le ofrece la Iglesia, que es Cristo, lo rechaza. Pero la gente no siempre tiene razón.

    P: ¿Qué quiere decir?

    R: Se dice que la Iglesia es un cúmulo de pecado y no es cierto. Los pecados son los míos, no de la Iglesia como tal. Hay que recuperar el sentido de Iglesia, es fundamental para el futuro de la humanidad. La Iglesia sólo tiene una riqueza, la palabra de Jesucristo.

    Quiebra «humana y moral»

    Cañizares es un hombre menudo, de aspecto frágil, pero derrocha muchísima energía. Guste o no, no se entienden muchos capítulos de la historia reciente de España sin sus aportaciones, pues ha ejercido de consejero de destacados líderes de los últimos 30 años.

    El arzobispo de Valencia se confiesa cada ochos días, «hay veces que viene un sacerdote a verme y le digo ‘confiéseme'». Porque los obispos también son «pecadores y necesitamos el perdón de Dios».

    «Había gente que venía a Europa con otras intenciones y los hechos me han dado la razón»

    P: ¿Sigue pensando que en las colas de los refugiados se esconde un Caballo de Troya?

    R: En aquel momento era así, había gente que venía a Europa con otras intenciones y los hechos me han dado la razón.

    P: ¿España ha sido modélica en la acogida de refugiados?

    R: Se dijo lo del barco y fue una imaginación de la compañía naviera y de algunos políticos que decían que iba a suceder. Estamos dispuestos a acoger a los refugiados, la Iglesia siempre ha estado abierta a acogerlos.

    P: ¿Europa actúa como debía?

    R: Hay que superar la construcción de los muros. Europa necesita una renovación en profundidad y España también. Hay una quiebra humana y moral muy grande, no sólo de corrupción, también en el tema de los refugiados y debemos dar mayores pasos.

    P: ¿Y hacia qué Europa tenemos que avanzar?

    R: Hacia la Europa que defiende a las personas, la de las libertades y la de los derechos humanos.

    P: ¿Y en esa Europa ve justo que se juzgue a una persona por su identidad sexual?

    R: No, debe aceptarse a todas las personas y acogerlas como son.

    P: ¿Entiende que el colectivo LGTBI se haya sentido ofendido por su referencia al Imperio Gay?

    R: Es que es un imperio, no reconocerlo es estar ciego. No tengo nada contra los homosexuales, tengo amigos homosexuales y lesbianas.

    P: Son personas, en definitiva.

    R: Y hay que acogerlas con la máxima amplitud y cariño. En la Iglesia no deben ser excluidos, Jesucristo no hubiese preguntado a una persona si es homosexual.

    P: ¿Qué quiere decir con imperio?

    R: Lobbies, y los lobbies son imperios. Se ejerce un dominio en las legislaciones.

    «Se persiguen a miles de cristianos por el hecho de serlo y nadie se levanta contra eso ni se publica en los medios»

    P: El papa Francisco dijo que la Iglesia debe pedir perdón a los gays, ¿qué opina?

    R: Lo acepto completamente. Hay que pedir perdón a los gays, pero no sólo a ellos, a mucha gente. Pero añado, la Iglesia es la única que pide perdón, los demás no piden perdón a la Iglesia. Se persiguen a miles de cristianos por el hecho de serlo y nadie se levanta contra eso ni se publica en los medios. Hay un control para que ciertas cosas no se digan.

    P: Sí que hemos publicado que Podemos quiere quitar de la parrilla de RTVE la misa de los domingos.

    R: Esa emisión no va en contra de la libertad religiosa. Una persona puede hacer zapping, cambiar de canal y no herir a nadie. Sin embargo, sí salen escenas que son totalmente deleznable. ¿Se pueden emitir películas porno y la misa no? ¿Eso se puede hacer?

    P: ¿La libertad de conciencia y religión peligran?

    R: Están sometidas a un ataque muy constante. Cuando se pone la libertad de expresión por encima de la libertad religiosa o de conciencia, mal asunto.

    P: ¿Se matan a mujeres por el hecho de ser mujeres?

    R: Existe una violencia contra la mujer pero no es de género, esa es la trampa. Pensar así significa considerar a la mujer más débil y al hombre el macho. Se puede llamar de otra manera, pero no de género. Es una manera que tiene la ideología de género de ir penetrando a través del lenguaje, pero no tiene nada que ver. Simplemente son unos animales que hacen eso con sus mujeres o compañeras, una barbaridad.

    P: ¿Qué quiere decir con ideología de género?

    R: Nacemos hombre o mujer, es evidente. Parece que en el género no importa la biología. ¿Sabes cuántos géneros dicen que hay? 35. Es grotesco. Género no es igual a decir homosexual, lesbiana, transexual… A los transexuales hay que aceptarlos y acogerlos, que se sientan en la Iglesia como en su casa, sin ser rechazados. Pero la ideología de género dice que no hay naturaleza, que no hay cuerpo, que no hay biología… ¡que no hay Dios! Y eso es terrible para la humanidad. La ideología de género no es feminista, ni mucho menos, la primera víctima de esa ideología es la mujer.

    P: ¿No cree que el género está en la cabeza de las personas?

    R: Eso es una invención de la ideología de género. Uno puede ser lo que sea pero eso no quiere decir que uno no tenga unas características de naturaleza. La ideología de género niega la propia naturaleza.

    P: Don Ricardo Blázquez habló de las personas «no tan santas» que pueblan el Vaticano…

    R: Si fuésemos más santos los católicos, el mundo sería distinto. Malas prácticas hay en todas partes, conozco bien el Vaticano y las hay. Pero tengo que decir que hay muchísimas más buenas prácticas que malas.

    P: ¿Cuál cree que debe ser el papel de la mujer en la sociedad?

    R: Debe tener más protagonismo y un papel muy importante en la Iglesia, está utilizada e instrumentalizada y en la Iglesia también, aunque menos que en otros lugares.

    P: Hay un partido, Compromís, que ha denunciado en Fiscalía que se pagaba a profesores de Religión que trabajaban para el Arzobispado, ¿es cierto?

    R: A mí no me consta, sólo sé que se me imputan cosas de cuando yo no era arzobispo.

    P: ¿Por qué dijo que Puig no hace lo que piensa?

    R: Sé cómo piensa Ximo Puig y en algunos temas hace cosas distintas a las que piensa. En el tema de la educación Puig, como todos los socialistas, es partidario de la libertad de enseñanza, cosa que no sucede en su conseller. El tipo de colegio concertado que tenemos en España no está en Europa y eso ha sido cosa de los socialistas. Si ahora quita los conciertos, dígame usted si eso no es hacer cosas que exige un guión.

    P: ¿Qué le diría a Mónica Oltra?

    R: Siempre que nos encontramos decimos que tenemos que vernos, pero no llega. Le diría que tenemos que entendernos por el bien común de Valencia.

    P: ¿Los católicos tendrán que salir más a la calle?

    R: Tenemos que ser cristianos no anónimos, que se nos note. Es necesario y a los obispos más todavía.

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