Lola Velarde, especialista en políticas familiares y autora de 'La familia, centro de la ecología humana'.
Lola Velarde, especialista en políticas familiares y autora de 'La familia, centro de la ecología humana'.

Lola Velarde, doctora ingeniera de Montes, volcada en la defensa de la ecología humana desde la sociedad civil, presenta su primer libro de la mano del ex ministro Jaime Mayor Oreja. “Urge volver a la naturaleza, al sentido común y a la conservación de este primer ecosistema nuestro que es la familia”, explica a Actuall.

La pasión de Velarde por la naturaleza y la necesidad de comprender las leyes de la ecología para la preservación de los ecosistemas, le ha llevado a comprender que, así como hay determinadas condiciones para un perfecto equilibrio y desarrollo de las diferentes especies animales, la familia (padre, madre e hijos) es el ecosistema natural para el desarrollo integral del ser humano.

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Esta semana, Velarde presenta ‘La familia, corazón de la ecología humana‘, un libro editado por Digital Reasons, en el que la autora aborda las características, retos y posibles soluciones para abordar la crisis de la familia que afronta de forma preferente, pero no exclusiva, el mundo occidental.

A su juicio, “el mayor peligro la más peligrosa y desconocida amenaza que afronta la institución familiar en occidente” es la ideología de género, motivo por el cual se decidió a escribir el libro.

El encargado de prologar la presentación del libro que tendrá lugar este martes a las 19:30 en la fundación Tatiana Pérez de Guzmán (Paseo General Martínez Campos, 25. Madrid) será Jaime Mayor Oreja, con quien Velarde colabora desde hace años en diversas iniciativas relacionadas con la sociedad civil, la defensa de la familia, el derecho a la vida o la libertad religiosa.

Velarde es doctora ingeniera de Montes por la Universidad Politécnica de Madrid y en la actualidad ejerce como directora de Desarrollo de la Fundación Europea Sociedad y Educación. Además, es miembro del Patronato de la Fundación Valores y Sociedad que preside el propio Jaime Mayor Oreja.

En el pasado ha sido directora del Instituto de Política Familiar en Nueva York entre 2013 y 2016 y presidido la Red Europea del mismo instituto desde 2004 hasta 2013. Entre 2008 y 2013 formó parte del Consejo Pontificio para los Laicos.

Además, ha sido profesora asociada en la Universidad Rey Juan Carlos y visitante en la Norwegian University of Life Sciences; directora general de Juventud en la Comunidad de Madrid; directora gerente del Instituto Madrileño de Investigación Agraria y directora de la Fundación para la Investigación y el Desarrollo Ambiental.

– En su libro aborda la disciplina de la ecología humana, en cuyo centro sitúa a la familia. ¿En qué consiste esta ciencia?

La palabra ecología tiene la raíz griega “oikos”, que significa “hogar”. La ecología es la ciencia que estudia las relaciones entre los seres vivos y el medio en el que habitan; y la ecología humana estudia las relaciones del hombre con su entorno.

El ecosistema humano o el ecosistema familiar estaría compuesto por los seres humanos, su entorno natural y las relaciones entre ambos; incluyendo el entorno físico construido por el propio hombre y el entorno socio-cultural. Aunque hay antecedentes desde finales del siglo XIX, será en los años 70 cuando se desarrolla más claramente esta ciencia a través de varios autores que abordan la familia como un modelo ecológico.

Yo he querido centrarme en el primero de los entornos del ecosistema humano, el más inmediato: el entorno familiar. He buscado aquel hábitat que resulta óptimo para la vida humana. El hombre tiene gran capacidad de adaptación a diversos contextos, tanto físicos como psíquicos y puede vivir en las condiciones más extremas, pero el hábitat será tanto más adecuado cuanto más se asemeje al hábitat óptimo (lo que en ecología se llamaría el clímax) y que podríamos llamar también su hábitat natural.

– Afirmar algo consistente sobre la familia se ha convertido en un deporte de riesgo en muchas sociedades, aunque se citen 200 fuentes bibliográficas. Usted sostiene que “la familia no es una construcción social, y por tanto modificable, sino una realidad connatural al hombre cuya esencia debemos respetar y fortalecer”. ¿Cree que hoy es posible un diálogo sobre la cuestión que sea sincero, desapasionado y constructivo? 

Creo que es imprescindible crear espacios para que pueda darse ese diálogo, porque efectivamente, está siendo cada vez más difícil encontrarlos debido al avance, e incluso la imposición legal, del pensamiento único. Está en juego la libertad -de pensamiento, de expresión, de educación…- que es uno de los pilares fundamentales de la civilización occidental.

“La familia natural (padre, madre, hijos en una unión estable y duradera) ofrece mejores resultados, no sólo para los miembros de la familia, sino para el conjunto de la sociedad”

Cito en el prólogo del libro a un periodista del New York Times (Stephens, 2017), cuyos posicionamientos sobre la familia están lejos de los míos, pero con quien estoy muy de acuerdo cuando señala que “el desacuerdo inteligente es la savia que alimenta a toda sociedad sana”.

– ¿Da igual el ‘formato’ de familia? ¿Ofrecen las mismas ventajas y dificultades para el desarrollo del ser humano y de la sociedad? 

Lo que muestran con claridad las ciencias sociales es que tipos de hogares diferentes tienen consecuencias diferentes para el bienestar, sobre todo de los hijos, pero también de los adultos. No se trata de hacer un juicio sobre ninguna de las situaciones vitales a las que las circunstancias o las propias decisiones pueden haber llevado a una persona.

Lo que se presenta, a través de los numerosos datos que sobre esto contiene el libro, no es sino la constatación de una tendencia. Y la existencia de excepciones no anula la regla, sino que la confirma. Esta tendencia constatada nos indica que la familia natural (padre, madre, hijos en una unión estable y duradera) ofrece mejores resultados, no sólo para los miembros de la familia, sino para el conjunto de la sociedad.

– Quienes se oponen a la idea de familia definida como un grupo humano formado por padre, madre e hijos y unido por un compromiso estable y duradero, con frecuencia recurren a su descalificación como parte de la cosmovisión cristiana. Sin embargo todas las grandes tradiciones religiosas han valorado la familia como pilar de la sociedad ¿cómo valora esta coincidencia esencial?  

Las grandes religiones monoteístas, Judaísmo, Cristianismo e Islam, reconocen y han reconocido siempre a la familia como el pilar básico de la sociedad. También otras religiones, como el Confucionismo, el Budismo y el Hinduismo, a pesar de tener evidentes diferencias en su modo de entender la familia (monogamia frente a poligamia, por ejemplo), todas ellas han considerado el matrimonio como una institución vital y valiosa, que es el corazón mismo de la familia y la base de la sociedad. Este es un punto en común a lo largo de la historia y de las civilizaciones, podríamos decir que en él reside una verdadera alianza de civilizaciones.

Sólo a partir de los años 60 se ha puesto en duda esta certeza compartida, a través de un intenso proceso de reingeniería social que también he tratado de explicar brevemente.

Lola Velarde interviene en la sede de la ONU en Nueva York con motivo del Día Internacional de la Familia 2016.
Lola Velarde interviene en la sede de la ONU en Nueva York con motivo del Día Internacional de la Familia 2016.

– Nos impulsan a reciclar y a ser eficientes en el uso de los recursos; se legisla sobre el uso de combustibles y de las bolsas de plástico; se habla de reutilizar y reparar como consecuencia de una creciente conciencia ecológica sobre el entorno natural y la diversidad animal… mientras no se protege el ecosistema familiar. ¿Es el ecologismo deshumanizado un ecologismo hipócrita en primera instancia e inútil a largo plazo? 

No me atrevo a llamarlo hipócrita, porque muchas personas del ámbito ecologista creen verdaderamente en lo que proponen. Y yo también creo que es necesario reciclar y ser eficientes en el uso de los recursos y que es fundamental crear conciencia sobre la necesidad de cuidar y preservar nuestro entorno natural. Los creyentes lo hacemos por respeto al Creador y a su maravillosa obra, que merece cuidado y que no tenemos derecho a destrozar. Los no creyentes lo hacen por otros motivos, pero coincidimos en la necesidad y, a menudo, en el método.

Vientres de alquiler: “El deseo de tener un hijo no justifica despreciar la ecología del cuerpo de la mujer gestante, ni modificar la ecología de la familia del niño por nacer”

Lo que sí veo con claridad es que tan fundamental o más es ser conscientes de que los seres humanos nos somos ajenos “al libro de la naturaleza” -como diría Benedicto XVI- y que también tenemos una ecología propia que debemos respetar. Somos una pieza clave en ese libro de la naturaleza. Existe una ecología del cuerpo y de la familia que no hemos creado nosotros, y que no debemos ignorar ni mucho menos despreciar, porque, de lo contrario, las consecuencias serán dañinas para nosotros mismos, al igual que ocurre cuando trastocamos la ecología del medio natural.

– Casi el 43% de los nacimientos en la Unión Europea se producen fuera del matrimonio (Eurostat) y por tanto fuera del entorno que usted defiende como el más favorable para el desarrollo integral del ser humano. Por otro lado, cada vez un mayor número de personas -mayoritariamente parejas formadas por dos varones o dos mujeres- acude al mercado de los vientres de alquiler. ¿Cómo pueden afectar a futuro estas tendencias?

Los datos muestran que el matrimonio está asociado con una mayor estabilidad en la relación de pareja. Es lógico, por otra parte, pues el matrimonio no es “un papel”, sino un profundo compromiso cimentado en el amor entre dos personas. El papel no es más que el lugar donde consta ese compromiso y la falta del papel está asociada con un mayor índice de ruptura, probablemente por estar asociado a su vez con la falta de ese profundo compromiso. Y la estabilidad es un factor positivo tanto para el desarrollo integral de los niños, como para el bienestar de los adultos. Por eso es un aspecto clave del hábitat óptimo del ser humano.

“La familia por tanto no es sólo una opción privada, sino también un sujeto social con dimensión pública, que merece apoyo colectivo”

Los vientres de alquiler tienen sin duda un impacto negativo sobre la ecología del cuerpo y de la familia. El cuerpo de la mujer no es un envase que se pueda usar como si careciera de afectos. Hacerlo así, es ignorar su propia dinámica natural y en definitiva dañarla. El fin no justifica los medios. El deseo de tener un hijo, aun siendo un fin loable, no justifica despreciar la ecología del cuerpo de la mujer gestante, ni modificar la ecología de la familia del niño por nacer.

– ¿Cuáles deben ser los ejes de una política familiar integral que ayude a preservar el hábitat natural del ser humano? 

Aunque tenga su origen en una decisión personal, la familia es necesariamente social, pues desempeña funciones vitales para el conjunto de la sociedad: solidaridad inter-generacional, colchón de amortiguamiento ante las crisis, pilar básico del sistema económico, generadora de capital social… La familia por tanto no es sólo una opción privada, sino también un sujeto social con dimensión pública, que merece apoyo colectivo. Cinco tratados internacionales con carácter vinculante obligan a los estados a proteger a la familia, además de numerosísimas resoluciones y recomendaciones, tanto de la ONU como de las instituciones europeas.

Una política familiar debe tener en cuenta una doble realidad: por una parte, el hecho de una mayor diversidad de formas de convivencia presentes en la sociedad actual que es necesario integrar en la medida en que realicen una función social (cuidado y educación de los hijos); y al mismo tiempo, el hecho contrastado de que la familia original unida por el compromiso matrimonial aporta los mejores resultados para el bienestar de la persona y de la sociedad, de modo que cuanto más se fortalezca ésta mejores serán los resultados.

“La ideología de género rompe la imprescindible complementariedad entre hombre y mujer, que aporta tanto a los hijos como a la sociedad toda la riqueza de su diferencia”

A la luz del diagnóstico, de las propuestas de los organismos internacionales y de las experiencias de otros países, podrían proponerse tres líneas prioritarias de acción: desarrollar una cultura favorable a la familia; revertir el invierno demográfico apoyando la maternidad; y favorecer la estabilidad conyugal.

Para desarrollar una política pública que cuide de la familia será además necesario priorizar, la conciliación o integración de la vida familiar y laboral; una fiscalidad centrada en la familia (a más hijos, menos impuestos); y un apoyo decidido al cuidado de los hijos y de otros familiares a cargo -mayores o discapacitados- incluyendo el acceso a la vivienda y a la educación (a más personas a cargo, más apoyo).

– Usted es experta en políticas familiares en el ámbito internacional. ¿Cuáles son las mayores amenazas para la familia en este sentido?

En muchas regiones del mundo, las amenazas vienen en forma de guerras, persecuciones, pobreza o la separación obligada por su causa. En las sociedades occidentales, están más bien en la crisis económica, el desempleo o los horarios laborales. Sin embargo, en las últimas décadas se ha venido fraguando un desafío mayor y más profundo, que afecta a la esencia misma de la familia, a su propia naturaleza, a su ecología. Es una gran y desconocida amenaza.

Se trata de la ideología de género, cuya carga de profundidad probablemente desconozcan muchos de los lectores: para eliminar la discriminación de la mujer es necesario eliminar la diferencia sexual; para ello hay que promover una sociedad sin sexos, en la que cada uno autodefine su propio ‘género’ conforme a sus sentimientos o deseos. En consecuencia, maternidad y paternidad son roles intercambiables y la mujer se libera así de los estereotipos que la vinculan a la maternidad.

El invierno demográfico en España “no ha ocurrido por azar, sino que es la consecuencia lógica del impulso de una legislación y unas políticas”

Pero desde este planteamiento se rompe la imprescindible complementariedad entre hombre y mujer, que aporta tanto a los hijos como a la sociedad toda la riqueza de su diferencia. Esta es la más peligrosa y desconocida amenaza que afronta la institución familiar en occidente. Tratar de explicarlo es lo que me ha llevado a escribir este libro.

– ¿Es España -con sus ecos en la América hispana- uno de los focos de mayor experimentación y deterioro de la institución familiar en el mundo?

La profunda identidad católica de España en la historia, hace de ella un objetivo particularmente interesante, como lo son también Irlanda o Polonia. Lograr la transformación cultural de estos países es poner una pica en Flandes. Por otra parte, el profundo vínculo histórico de las Españas hace que lo que aquí se implante, se expanda con relativa facilidad a Hispanoamérica, como está de hecho ocurriendo.

Los bajísimos índices de natalidad, la elevada tasa de ruptura familiar o el incremento sostenido del número de abortos, son algunos de los indicadores de deterioro de la familia en España, que en las últimas décadas están aumentando de forma mucho más drástica que en otros países europeos. Esto no ha ocurrido por azar, sino que es la consecuencia lógica del impulso de una legislación y unas políticas que, en el mejor de los casos, han ignorado a la familia y que a menudo la han infringido un profundo daño.

Volviendo al principio, estos indicadores no reflejan sino un grave deterioro del ecosistema humano, que resulta dañino para la especie y sus individuos. Urge volver a la naturaleza, al sentido común y a la conservación de este primer ecosistema nuestro que es la familia.

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Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".