Zavala: «El padre Pío cambió mi vida. Llevaba más de 15 años sin confesarme»

    El periodista y escritor José María Zavala ha sido laureado recientemente por ser el artífice de la película El Misterio del Padre Pío. "He sido testigo, sí, de centenares de conversiones; y también de curaciones inexplicables respaldadas por informes médicos", explica el autor.

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    El historiador José María Zavala
    El historiador José María Zavala.

    Hoy, tengo la suerte infinita de acomodar en el sillón de los entrevistados a Don José María Zavala Gasset, egregio periodista que ha dado a luz un sinnúmero de libros de exquisito rigor en su contenido, lo cual pone de manifiesto su acreditada faceta de investigador, además de su diestro manejo de la pluma. Aúna las cualidades de excelente sabueso y excelso escritor.

    En los últimos años de su singladura periodística, ha centrado el corazón de sus esfuerzos en la figura del padre Pío, el célebre y proverbial Santo de Pietrelcina que ha cambiado la vida de tantas y tantas personas (entre las cuales nos incluimos el entrevistado y el entrevistador).

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    El periodista y escritor José María Zavala ha sido laureado recientemente por ser el artífice de la película El Misterio del Padre Pío, extenso documental que continúa inundando centenares de cines en toda España, al otro lado del charco y allende los Pirineos.

    Entre las numerosas obras que José María Zavala ha aportado a las vitrinas de la literatura española, caben destacar, con letra historiada y en formato bloq mayús, Los Milagros del Padre Pío y El Santo: La revolución del Padre Pío, libros que han inspirado al propio autor para idear y dirigir la celebérrima película que sigue rebasando innumerables salas de cine.

    Tras esta introducción, abro el telón y doy comienzo a una entrevista que cambiará decisivamente la vida de muchos lectores, del mismo modo que el entrevistado me la cambió a mí mediante los renglones de sus obras.

    Imaginemos, por un instante, que soy ateo, aunque cueste ímprobos esfuerzos creerlo y que estamos en un guateque o piscolabis charlando de pie, entablando una conversación informal y rápida. ¿Qué destacarías del Padre Pío para convencerme de la existencia de Dios?

    Aludiría, por ejemplo, a sus estigmas: ¿cómo fue posible que el Padre Pío los tuviera en manos, pies y costado durante 50 años consecutivos, sangrantes a diario? Te mostraría los informes de médicos eminentes, aportados al proceso de canonización, donde todos ellos se rinden a la evidencia, incapaces de explicar mediante la ciencia un fenómeno que reconocen de índole sobrenatural. Y sobre todo, su estupefacción al comprobar que esas llagas desaparecieron sin dejar cicatrices al cabo de 50 años. Pero esto es solo el «aperitivo», para romper el hielo…

    Una cosa que me llama poderosamente la atención del Padre Pío es que ha realizado numerosos tipos de milagros y cada uno de ellos repetidos multitud de veces, lo cual facilita enormemente que uno pueda creérselos. Hay no pocos testimonios que corroboran que ha estado en dos sitios a la vez (lo que se conoce como el don de la bilocación), una infinidad de personas a las que ha descrito, con pelos y señales, sus pecados antes de que ellas mismas se los contasen en confesión (lo cual me dejó helado), logró adelantar la elección de Karol Wojtyla como Juan Pablo II y de otro Papa que ahora no recuerdo (sin posibilidad humana de predecirlo en el momento en el que lo anunció), etcétera. ¿Te atreverías a hacer una clasificación de su tipología de milagros más reiterados?

    La bilocación, en efecto, es uno de sus carismas más llamativos. Hablamos de dones con los que Jesús le adornó y no tanto de milagros. Leía el alma de los penitentes en cualquier idioma, predijo que el cardenal Montini sería Pablo VI, se hacía presente a través de un perfume muy intenso de rosas y violetas que advertía al que lo percibía de algún peligro inminente, curaba a paralíticos o ciegos con el poder de Jesús, confesaba hasta dieciocho horas diarias o rezaba más de treinta Rosarios completos…

    La vida de San Pío de Pietrelcina ha sido llevada al cine por José María Zavala.
    La vida de San Pío de Pietrelcina ha sido llevada al cine por José María Zavala.

     ¿Hay algún milagro en especial en el que quieras hacer hincapié?

    ¡Son tantísimos…! Y no sólo los del proceso de canonización, sino los que sigue haciendo hoy, en pleno siglo XXI. No en vano prometió: «Haré más ruido muerto que vivo». Te contaré uno de los más recientes: Ángela, una veinteañera, quedó curada de un tumor cerebral tras rezar la Novena del Padre Pío sin que los médicos puedan explicárselo.

    El Padre Pío tenía la mano horadada y los estigmas de Cristo en la misma. Algunos intentaron acusarle de que se había provocado semejantes heridas, pero no hubo manera científica de probar tales cábalas o conjeturas. ¿Podrías ilustrarnos en torno a esta cuestión?

    El padre Agostino Gemelli fue uno de los que le acusaron ante el Papa de ser un psicópata que se autolesionaba… ¡sin haber examinado los estigmas! Luego se arrepintió de ello y le pidió perdón al padre Pío. En la película El Misterio del Padre Pío salen a relucir éste y otros muchos hechos con testimonios y documentos inéditos.

    Cuéntanos cómo ha influido el padre Pío en tu vida y si has sido testigo de alguno de sus milagros. 

    El padre Pío cambió mi vida cuando llevaba más de 15 años sin pisar un confesonario. Desde entonces, me dedico a darle a conocer y amar a través de sus libros, mediante más de 300 charlas por toda España, y ahora también con su película que se estrenará en más de 30 países.

    He sido testigo, sí, de centenares de conversiones de personas con nombres y apellidos; y también de curaciones inexplicables respaldadas por informes médicos.

    Revélanos si existe alguna manera especial de rezar o de implorar el auxilio del padre Pío a través de la oración para que interceda por nosotros.

    La Novena al Sagrado Corazón de Jesús que él rezaba a diario es dinamita pura. ¡Cuántas personas conozco que han vuelto a la luz tras recitarla con fervor y confianza!

    Me considero y consideran una persona rematadamente cómica, un humorista de olimpiada, tanto que me estoy tomado, en este mismo instante, el atrevimiento de manifestarlo sin rebozo, ambages ni circunloquios. A la sazón, ¿nos podrías contar alguna anécdota graciosa del padre Pío?

    Era y sigue siendo muy travieso. Le encantaba contar chistes y disfrutaba con las representaciones en el teatrillo del convento. En una ocasión les siguió el juego a sus hermanos conventuales, que hablaban de arrojar una botella por la terraza para asustar al que pasase por debajo. El padre Pío les dijo: «Está pasando ahora el padre Rafaelle. ¡Cuidado! Si le dáis en la cabeza… ¡pobre botella!».

    Un millón de gracias por darnos a conocer la figura del padre Pío, de quien me he hecho muy devoto gracias a ti o a Él a través de ti. Hasta pronto.

    Gracias siempre a Dios, que se sirve de instrumentos para sembrar Su Amor en los demás. Ah…! ¡Y bienvenido al cada vez más numeroso «Club de los conversos»!

    * La película está en cartelera hasta el día 3 de enero en el cine Herón City de Las Rozas (Madrid).

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    Escritor por vocación y amor a las causas nobles. Mi licenciatura en Derecho no me ha impedido dedicarme profesionalmente al periodismo durante una temporada de mi vida, oficio que desempeñé en Intereconomía, casa en la que blandí la pluma, con más fuerza que la espada, cerca de 4 años. En el presente, no vivo solamente de escribir, sino de otros menesteres, al igual que Cervantes, pero es una afición que sigo cultivando como colaborador en diversos medios de comunicación y a través de mi blog, El Despacho de Don Pepone, el cual goza ya de más de 1 millón de visitas