Paco Arango ríe con uno de los niños que padecen cáncer en el hospital Niño Jesús. /F. Aladina.
Paco Arango ríe con uno de los niños que padecen cáncer en el hospital Niño Jesús. /F. Aladina.

Paco Arango, (México, 1967), el creador de la popular serie de televisión “Ala…Dina”, es el responsable de uno de los éxitos más inesperados del cine español: Lo que de verdad importa, una producción con reparto internacional que ha sido vista por más de 440.000 espectadores en España y por más de tres millones en todo el mundo y que acaba de editarse en DVD.

Con todo, lo más sorprendente de la película es que es el resultado de un acto de donación: el protagonizado por el propio director, que ha entregado a fondo perdido los 7 millones de dólares que ha costado su obra para que todo lo que la película recaude pueda ir destinado a financiar a varias ONG dedicadas a la protección de la infancia, como la que él mismo preside en España, Fundación Aladina, que será la receptora de lo recaudado en este país.

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Esta “locura” ha ayudado ya a triplicar el número de socios de todas las asociaciones beneficiarias, gracias al movimiento cívico que ha sido capaz de generar con su innovador planteamiento.

Por si esto fuera poco, Francisco Arango, que se considera creyente y católico -y que ya proyectó en el Vaticano su anterior película ‘Maktub’- no tiene reparos en contar historias en las que la fe, la trascendencia, o lo religioso, tienen presencia visible, sin despegarse nunca de la vibración humana.

Andoni Hernández y Diego Peretti, en una escena de 'Maktub', de Paco Arango.
Andoni Hernández y Diego Peretti, en una escena de ‘Maktub’, de Paco Arango.

Con naturalidad y sin afectación ni imposiciones. “Intento brindar al espectador la sensación de que para recuperar la fe hay que volver a ser un poco niño. Y que esa fe no se expresa en reglas negativas, de qué no hacer, sino más bien en reglas positivas, de lo que sí debemos hacer: ayudar a la gente, amar al prójimo, e intentar dejar el mundo un poco mejor de lo que nos lo encontramos”, asegura.

Arango, que llama a Dios “el Míster” y lo define como “muy buen rollo”, habla en esta entrevista para Actuall de la película, de sus creencias y también de algunas experiencias extraordinarias, incluso en el borde de la lógica, que ha vivido a lo largo de sus 16 años de actividad como voluntario en el Hospital Niño Jesús de Madrid, acompañando a niños con cáncer.

“Llevamos 440.000 espectadores en España y 3,3 millones en todo el mundo y todavía nos quedan 8 países”

El mundo está lleno de películas bienintencionadas y con vocación solidaria, como la suya, que no interesaron a casi nadie. Pero no ha sido el caso de ‘Lo que de verdad importa’.

Llevamos 440.000 espectadores en España y 3,3 millones en todo el mundo y todavía nos quedan 8 países. La película ha tenido un éxito inusual. Hemos sido número 1 en México, en Colombia, en Guatemala, en Costa Rica, Panamá… ‘Lo que de verdad importa” es un golazo en toda regla del que yo, como cineasta, me alegro.

Sobre todo, porque confío en que se haya roto una especie de maleficio. Es preocupante que cuando dices que una película ayuda, que tiene vocación solidaria, deje de ser vista como una película de verdad.

Para mí esto es una tragedia porque yo hago cine para emocionar y para gustar. Y en este caso se ha demostrado que las dos dimensiones pueden ir perfectamente unidas, sin que una perjudique a la otra.

Oliver Jackson-Cohen protagoniza 'Lo que de verdad importa', dirigida por Paco Arango.
Oliver Jackson-Cohen protagoniza ‘Lo que de verdad importa’, dirigida por Paco Arango.

“Intervienen Jonathan Pryce (“Juego de tronos”, “Piratas del Caribe) o Camilla Luddington (“Anatomía de Grey”)

La suya es una película verdaderamente única. Y la palabra única no es en este caso un exceso retórico.

Así es. Por primera vez en la historia del cine, una película se concibe con el propósito de recaudar fondos para ONG y organizaciones y toda su recaudación íntegra, incluidos los derechos de video y los ingresos futuros de derechos de televisión, a ese preciso fin.

He de decir que ha sido el año más duro de mi vida, porque no he parado de viajar para promocionarla y explicar lo que pretendíamos. Cada vez que empezaba en un país distinto era como el día de la marmota, y tenía que repetirlo todo de nuevo. Pero estoy muy contento.

El año que viene en febrero iremos a Italia; en marzo, a Brasil, que son 125 millones de personas; y en abril a Estados Unidos, Portugal, Chile, y Perú. Todavía queda mucho recorrido.

¿Por qué cree que le ha tocado el corazón a tanta gente?

Creo que es una buena película, y que te sientes bien al verla. Toca un tema delicado, como es el cáncer infantil, pero lo hace con cariño y con sabiduría, porque yo lo he vivido durante 16 años, y puedo transmitir cómo son estos adolescentes. Me sabe mal decirlo, pero es que la película es fantástica.

Jonathan Pryce interpretó al gobernador Watherby Swan en Piratas del Caribe.
Jonathan Pryce interpretó al gobernador Watherby Swan en Piratas del Caribe.

Por primera vez cuenta con un reparto internacional.

Jonathan Pryce ha hecho Juego de Tronos, Piratas del Caribe…. Es una eminencia. Quizás el mejor intérprete de Shakespeare que existe en la actualidad. Oliver Jackson-Cohen es un habitual de la televisión y ha interpretado al príncipe William en el biopic, ‘William y Kate’, el mismo trabajo en el que nuestra coprotagonista Camilla Luddington se ha encargado de la Duquesa de Cambridge.

Camilla ha participado, además, en series de televisión tan relevantes como ‘Anatomía de Grey’ o ‘CSI’, entre otras muchas. No es fácil conseguir un reparto así.  Primero les tiene que gustar el guion, luego hay que poder pagarles y luego hay que convencerles.

“Todo el mundo que participó en la película cobró como Dios manda, menos yo”

Porque ellos han cobrado su sueldo con normalidad…

La respuesta es muy poco romántica: todo el mundo que participó en la película cobró como Dios manda, menos yo.

El coste de ‘Lo que de verdad importa’ se ha ido a 7 millones de dólares, aunque recuperamos uno en incentivos fiscales en Canadá, que utilizamos para publicidad y promoción. A nivel económico ha sido una ruina, pero desde la perspectiva de los niños, un milagro.

Define su película como una película benéfica, pero lo tiene que explicar. ¿Qué pasa con el dinero invertido? ¿No se recupera?

Es muy sencillo: el dinero no se repone. Es un regalo que he hecho. Es una locura. Mi familia y todo el mundo me ha llamado loco, pero ahora sólo hace falta que surjan más locos como yo. A mí me había ido muy bien en un negocio y decidí que el dinero logrado iba a ser mi regalo para los niños.

La película lleva hasta ahora recaudados 11 millones de dólares en salas, de los que me correspondería tres millones, que son los que han ido a parar a las asociaciones beneficiarias.

La aventura me ha costado una pasta gansa, pero es difícil explicar las bendiciones que este trabajo me ha proporcionado. Ha sido el mejor año de mi vida en muchos sentidos. Y he ido por todo el mundo entregando dinero con una película que no para de hacer el bien y de transmitir un mensaje de esperanza.

Para mí no ha sido fácil, pero hemos hecho historia. Yo siempre quise entrar en el libro Guinness de los récords, pero nunca imaginé que fuera a ser así. Esta película es un hito en la historia del cine, pero poca gente lo sabe aún.

Tendrá que reconocer que es un hito difícilmente repetible. No es fácil que se pueda repetir una situación en la que alguien esté dispuesto a regalar siete millones de dólares…

Es irrepetible, ciertamente. Pero mire cómo me ha ido a mí en esta historia. He sido número uno en taquilla en varios países americanos, ganándole a blockbusteres de los Estados Unidos. En España empezamos con 110 copias y acabamos con 310, que es algo que no ha pasado nunca antes.

Yo soy hoy un director que cuenta con una película de éxito y que ha gustado. Y he podido repartir dinero. Esto es irrepetible, porque no tengo dinero para permitirme repetir esta locura. Si lo tuviera, si me tocara la Lotería, quizás lo volvería a hacer. Pero por de pronto mi próxima película será ya una producción convencional, aunque yo siempre donaré la parte que me corresponda a mí.

A la vista de los datos alguien podría pensar que hubiera sido económicamente preferible que el dinero de la película se entregara directamente a las asociaciones.

Hay varios motivos para preferir el método que hemos elegido. El primero es que el movimiento generado por la película, movilizando y sensibilizando a la gente, ha sido tan importante o más que la recaudación. Mi Fundación Aladina ha triplicado socios gracias a las películas. Y algo parecido les ha ocurrido a otras doce fundaciones en otros países.

Pongamos México, donde colaboro con dos fundaciones: la Casa de la Amistad, que proporciona ayuda a niños con cáncer, o los comedores Va por mi cuenta, que nutren a niños mexicanos pobres facilitándoles una comida diaria. Allí he podido repartir 700.000 dólares y todavía me queda la recaudación de televisión y de Amazon, que será otro pellizco. Pero no sólo eso; todo México ha sabido más de estas fundaciones y han subido en socios.

En Centroamérica ha ocurrido lo mismo con cuatro asociaciones ligadas a la lucha contra el cáncer. En Colombia la película ha llegado a 800.000 personas en taquilla y sigue; allí colaboramos con la Fundación Shakira, que proporciona educación a niños de zonas remotas, y con otras dos fundaciones de cáncer muy especiales.

En cada país me mato por promocionar la película y las asociaciones, pero luego la gente va al cine y se convierte en un movimiento cívico local, porque la recaudación de cada país va a las asociaciones de allí. No es sólo el éxito de la película, sino el éxito de la campaña social que la película crea. Es extraordinario cómo ‘Lo que de verdad importa’ ha salpicado el bien por el mundo. El mensaje es que con el cine puedes hacer el bien y provocar un cambio positivo en la sociedad. Este es un ejemplo.

El dinero impacta mucho, porque es muy estrepitoso, pero para mí es sólo la forma que yo he utilizado para movilizar a la gente. Porque yo tengo mucha fe y entendí que el dinero que había ganado no era realmente para mí, sino que debía usarse para ayudar a otros.

“Mi fe se basa en mis vivencias en el hospital Niño Jesús de Madrid, en el que llevo 16 años trabajando como voluntario, y donde más de 400 niños se me han muerto a pie de cama, conmigo”

Me gustaría hablar de esa religiosidad que se trasluce en una película poco habitual en el cine español contemporáneo. ¿Cuál es su fe?

Lo primero que yo intento es hablar bien de Dios. Gracias a Dios, siempre he tenido mucha fe, y eso que no procedo de una educación especialmente religiosa. Mi fe se basa en mis vivencias en el hospital Niño Jesús de Madrid, con el que mi fundación colabora, y en el que llevo 16 años trabajando como voluntario, y donde más de 400 niños se me han muerto a pie de cama, conmigo.

Eso debe ser muy duro…

En ese escenario lo más fácil sería maldecir a un Dios que consiente tanto sufrimiento. Pero yo siempre digo que he visto a Dios llorar en cada esquina del hospital. He visto cosas horribles, pero también milagros. Nadie flotando, por ahora, pero sí vivencias muy impactantes.

Por eso intento brindar al espectador, a través de mi película, la sensación de que para volver a recuperar la fe hay que volver a ser un poco niño. Y que esa fe no se expresa en reglas de qué no hacer, sino más bien en reglas de qué debemos hacer: ayudar a la gente, amar al prójimo, e intentar dejar el mundo un poco mejor de lo que lo encontramos. Creo que si vas por ese camino te reencuentras, al menos, con la posibilidad de creer que algo más existe.

Paco Arango, junto a uno de los beneficiarios de la UCI del hospital Niño Jesús que ayudó a construir Fundación Aladina.
Paco Arango, junto a uno de los beneficiarios de la UCI del hospital Niño Jesús que ayudó a construir Fundación Aladina.

Un planteamiento abierto y poco dogmático…

Intento no serlo, porque respeto que cada espectador tiene sus propias creencias. Pero le pongo muchas agallas a hablar claramente de lo que yo he vivido y conozco. Para mí, el Míster, como yo le llamo a Dios, es muy buen rollo. Y hoy día los adolescentes tienen muy pocas ocasiones de recibir mensajes de fe que no provengan de un cura, o de una Iglesia, que les puede parecer carca. Y es una pena porque para mí el Míster es amor, y se puede expresar de mil formas.

¿Podría contar alguna de esas experiencias personales que le han marcado?

Muchas me las guardo para mí, porque existe el riesgo de que sean malinterpretadas. Pero hay una que sí puedo compartir. Se refiere a una niña que yo quería muchísimo, porque la traté en el hospital durante cuatro años.

Sus padres estaban separados, en un mal divorcio, y vivían en distintos lugares de España, y, además, él tenía pocos medios económicos. Cuando la niña iba a fallecer, la Fundación Aladina que presido decidió pagarle el viaje en avión para que pudiera despedirse de su hija.

Y la niña aguantó lo indecible, y hasta lo imprevisible, como una jabata, para que su padre pudiera despedirse de ella. A las cuatro de la tarde estábamos convencidos de que ya se nos iba, como en las películas. Pero cinco minutos después nos dijeron que podíamos volver a entrar porque había vuelto.

Le preguntamos qué había pasado y ella nos decía, con su vocecita muy fina, que había estado “ahí”. Y todos le preguntábamos ¿ahí? ¿dónde? Y ella insistía, cabreada, “ahí”. El padre llegó a las 11.05 de la noche y ella falleció tres minutos después.

Efectivamente no había por allí nadie flotando, pero hay que estar muy ciego para no darte cuenta de que hay algo más. Y los niños no mienten. No te puedes imaginar la cantidad de niños que me hablan de túneles con luz y una puerta final que no quieren abrir, porque no se quieren ir. Por eso creo que lo mío ya no es fe, lo mío son vivencias…

No sé si le estoy entendiendo bien. ¿Me está diciendo que esa niña, como el protagonista de la historia de “El cielo es real”, creía haber visitado el cielo?

Sí, pero no te puedes imaginar los casos que hay. Entiendo la atracción que despiertan estas historias, y es lógico que, cuando cuentas una, la gente te pida más. Pero la maravilla de esto es que, al final, a los que estamos ahí, más que estas experiencias espectaculares, nos impacta el amor que se vive dentro. Y he vivido cosas mucho más llamativas, que prefiero no contar.

Es usted católico y su película ha sido elegida para las Semanas de Cine y Espiritualidad que se organizan al amparo de la Iglesia.

Yo es que estoy en la champions de la espiritualidad. Si alguien tiene que estar en la Semana Espiritual soy yo… ‘Maktub’, mi primera película, tuvo un pase privado en el Vaticano. Y en esta ocasión también me han invitado. Reconocen la importancia de un cine espiritual, de un cine de fe… Y eso que mi película es muy poco dogmática. Hay gente muy religiosa que se ha sentido violentada.

La primera señal de que estás recuperando la fe es el cabreo… ¡lo que yo he oído decir a cada padre que ha perdido un niño!

¿De verdad? ¿Qué es lo que les ha incomodado?

Les ha incomodado la escena en la que el protagonista, tras conocer a la niña que va a morir de cáncer, habla con Dios en la Iglesia y le increpa: ¿Qué tipo de ser perverso eres que dejas morir a una niña de 14 años? No se puede imaginar las críticas que he recibido por eso. Esa gente no entiende que eso es lo que yo he oído decirle a Dios a cada padre que ha perdido un niño en el hospital.

Pero es precioso, porque la primera señal de que estás recuperando la fe es el cabreo: ¿A quién le estás hablando? En esa escena yo también hablo de la misericordia de Dios. A él no le molesta ese enfado: lo entiende. Sabe lo difícil que son estas situaciones y, siempre que sea desde el amor, no pasa nada.

Hay un punto en el que la película bordea terrenos peligrosos, porque la realidad de los sanadores suele estar más vinculada con el mundo pagano que con el cristiano. Pero, al final, deriva todo hacia un mensaje de humanidad con el que cualquiera puede sintonizar. “Hay muchos sanadores y Paul Newman es uno de ellos”, proclama en la imagen final que explica el modo como la película colabora con la fundación que el acto creó.

Es exactamente así. Normalmente solemos asociar a los curanderos con el engaño y con el dinero, pero yo quería darle otro sentido. A mí me hubiese encantado tener el don de la sanación, pero no lo tengo. Entonces, ¿cómo puedo sanar yo a otros? Pues estando con los niños, creando una fundación, generando recursos para que puedan llevar su enfermedad lo mejor posible. En ese sentido yo también soy un sanador. Y no soy el único: como yo hay muchos.

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Vidal Arranz es periodista licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Desarrolló buena parte de su carrera profesional en las ediciones de Valladolid y Castilla y León de EL MUNDO, de las que fue director tres años. En la actualidad es colaborador y columnista de El Norte de Castilla.