Apreciado lector,

Llevo mucho tiempo queriéndole contar algo que me quita el sueño y de lo que me cuesta mucho hablar, así que seré directo y claro: soy una foca. En concreto, una Monachus monachus, más conocida como foca monje del Mediterráneo.

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Cuando nací, allá por los noventa, me asignaron mi especie. No dudo de la buena fe de aquéllos que lo hicieron, pues por aquél entonces era una práctica habitual asentada en la sociedad por diferentes motivos entre los que se encuentran la falta de conocimiento, de sensibilidad o incluso el deseo de que la prole se sienta parte de un grupo –humano- y no sea objeto de discriminación en el colegio o en la sociedad en general.

Entiendo estará interesado en la historia de cómo supe cuál era mi especie y yo no quiero defraudarle. Fue hace cinco veranos. Mi padre acababa de cumplir una edad considerable y para celebrarlo -u olvidarlo, quién sabe- decidió invitarnos a todos a una casa rural durante unos días en Castelsardo, Cerdeña. Una de esas mañanas en las que sólo quería tumbarme en la arena, cerrar los ojos y escuchar los quejidos que las olas moribundas proferían al llegar a la orilla, vislumbré una especie de bulto oscuro y alargado que estaba depositado sobre la arena. Mi curiosidad, que hizo que siguiese mirando durante un tiempo, se acrecentó cuando el objeto no identificado se movió. Fue un movimiento sutil, la verdad, pero suficiente como para percatarme de que podría ser un ser vivo. 

«¡Ojalá fuese un animal como estos, una foca!»

En ese instante, me levanté, anduve hacia el bulto y me paré a escasos metros de él. Ni se inmutó. Yo tampoco. Durante unos minutos que pasaron como una eternidad mi cerebro empezó a alojar pensamientos a la velocidad de la luz. “¡Ojalá fuese un animal como estos, una foca! Todo el día tomando el sol, en la playa, visitando paisajes idílicos, nadando por mi querido Mediterráneo. Sin preocupaciones de ningún tipo ni amigos que sólo me quieren para contarme sus problemas. Pero, espera un momento. ¿Por qué no puedo ser una foca? ¿Quién me lo impide? Es más, eso de que me guste tanto el pescado fresco ¿no será una señal? ¿Acaso no me gustan las siestas en la playa?

Después de muchas preguntas más y tras sentir mucha empatía por la criatura que estaba ante mí, me miró, le miré y desde entonces supe que estábamos conectados de una forma que no podría explicar en estas líneas.

Desde entonces la batalla no ha sido fácil, pero ha merecido la pena. Tras varias búsquedas en internet descubrí que no estaba sólo, pues había varias focas muy activas en redes a las que se les había asignado la especie humana al nacer. Tras varios intercambios de mensajes decidimos hacer una quedada. Que yo sepa el primer encuentro internacional de focas en mi situación. Fue algo informal en un hostal de Cádiz, pero hizo que mi salida del océano fuese más llevadera y desde entonces me siento muy apoyado por esta comunidad.

Hace unos días hemos decidido dar el paso a la vida pública y hemos creado la Fundación para el Descubrimiento de la Identidad de los Fócidos (FunDIF). Ha sido duro pero ha merecido la pena. Vamos a tener varias líneas de actuación, que les contaré a continuación.

Brahil, de Argelia, se va a encargar de la memoria histórica de nuestra especie. No sé si lo sabe, pero nuestra familia marina ha sido una de las más castigadas y perseguidas a lo largo de la historia, pese a tener una relevancia tal que fue merecedora de ser mencionada en la Odisea. El desarrollo descontrolado de la Costa Brava en los cincuenta del siglo pasado hizo que a las focas españolas no les quedase otra opción que el exilio. Así que Brahil organizará exhibiciones itinerantes para visualizar al colectivo de las focas exiliadas y perseguidas por el Ladrillismo.

Nuestro compañero de Grecia, Nikolaos, se encargará de los talleres educativos. Llevamos meses planeando esta actividad, pues es crucial que los niños a los que se les ha asignado la especie Homo Sapiens Sapiens de forma errónea, empiecen a preguntarse desde una edad muy temprana de qué especie son realmente para que descubran su identidad de especie real y puedan alcanzar grados de felicidad impensables para mi generación. Gracias a Tritón, esperamos poder ayudar a mucho niños que todavía no saben de qué especie son y también a preparar el camino para que creen un ambiente en el que no se juzgue a los compañeros por su identidad fócida. Puede que colaboremos con otros colectivos o especies para aumentar el impacto y unir fuerzas.

 Por último yo me encargaré del contacto con los grupos sociales y políticos para organizar campañas de concienciación, entrenar a la policía para reconocer rápidamente los casos de focafobia, obligar a los humanos a que se refieran a mi de una forma correcta (por ahora admito Señor Foca o Álvaro de la Foca) y crear un Observatorio de la Identidad de Especie que entre otros asuntos se encargue de formar a los profesionales de la medicina para que de una vez por todas dejen de tratar la elección de especie como una anomalía, o “disforia de especie”, como suelen denominarlo. Nuestro plan y nuestro sueño es que en diez años se financien operaciones de cambio de especie por parte de las autoridades, pero esto no va a ser sencillo. Lo sabemos. Pero también somos conscientes de que cada vez un número más numeroso de políticos empieza a ver la necesidad de escuchar a nuestro colectivo, así que intentaremos jugar nuestras cartas bien.

De hecho, el descubrimiento de más focas entre la población infantil podría ayudarles a apuntarse un tanto al contribuir a que las focas Monachus monachus dejen de estar en peligro de extinción, ayudando así a la conservación del planeta. Esto puede ser extrapolable a otras especies en extinción. Lo importante no es que estén de acuerdo con nosotros, sino que logremos serles útiles y encajemos en sus otros planes. Es como un puzle, pero eso lo hace divertido.

Bueno. Ya lo saben. A partir de ahora confío en que me llamen Señor Foca. En breve lanzaré una campaña para que se me reconozca mi especie en el pasaporte, por lo que puede que les pida su ayuda y firma para tal ocasión.

Hasta entonces, reciban un cordial saludo,

Álvaro de la Foca

P.D. Siempre nos quedará el humor, estimado lector.

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