Agustín Laje explica en 5 minutos cómo el feminismo llegó a convertirse en el hembrismo que odia al varón

Agustín Laje ofrece una explicación condensada del desarrollo ideológico del feminismo desde el Renacimiento hasta nuestros días. El politólogo argentino, azote del progresismo en Hispanoamérica, denuncia la deriva del feminismo hasta el hembrismo cuyo motor sólo es el odio hacia el varón.

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Agustín Laje se ha configurado en los últimos años como una de las figuras emergentes de combate intelectual al neomarxismo feminista más relevantes en el panorama hispanoamericano.

Facebook le ha suspendido la cuenta coincidiendo con las manifestaciones LGTBI de cada verano, sus publicaciones son objeto de censura, insulto y ataque y es señalado permanentemente por la prensa de su país y los grupos feministas, desde los más especulativos a los más violentos.

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Hasta se le ha prohibido hablar en instituciones educativas como la Universidad Nacional de Costa Rica.

Acaba de publicar su última aportación al debate sobre el feminismo radical en su cuenta de Youtube. Se trata de un vídeo titulado “La estafa del feminismo” en la que desgrana los pilares de este fenómeno en apenas 5 minutos.

La segunda ola nace de la teoría marxista, en especial por la teoría de la familia de Engels: “En la familia la mujer es el burgués y la mujer es el proletariado”

Laje aborda una somera explicación sobre las llamadas “olas” del feminismo que han degenerado en el hembrismo, cuyo motor no es la defensa de la mujer sino el odio al varón.

La primera ola del feminismo, con origen en el Renacimiento, reclamaba en un primer momento la incorporación de la mujer al mundo académico. Tomó fuerza en el siglo XVIII con las revoluciones burguesas, reclamando igualdad legal y acceso a la ciudadanía para la mujer.

Mientras que la primera ola feminista tenía principios ideológicos, la segunda ola nace de la teoría marxista, en especial por la teoría de la familia de Engels: “En la familia el hombre es el burgués y la mujer es el proletariado”.

La ideología de género es “la comprensión anticientífica de nuestra sexualidad que la desarraiga de los componente naturales, de tal forma que la sexualidad pasa a ser un constructo de la cultura”, sostiene Agustín Laje.

Se tiende así el puente entre la lucha de clases y la lucha de sexos, con la particularidad de que la mujer debía, para liberarse en el plano sexual, subordinarse a la lucha del obrero, con lo que se vio cada vez más esclava. En ese sentido, sostiene Laje, la segunda ola del feminismo fracasó.

Así es como llega la tercera ola del feminismo, de la mano de Simone de Beauvoir y su libro ‘El segundo sexo’ en el que pontifica que “no se nace mujer, se llega a serlo”. Esta concepción de la mujer está en la base de los fundamentos ideológicos de la ideología de género. 

Laje subraya que esta ideología no es sino “la comprensión anticientífica de nuestra sexualidad que la desarraiga de los componente naturales para dejarle a la cultura un espacio monopólico, de tal forma que la sexualidad pasa a ser un constructo de la cultura”.

Esta tercera ola se radicaliza cada vez más y se concibe más como un “hembrismo” que como un movimiento feminista. Es decir, no está motivado por el amor a la mujer, su dignidad y valor personal y social, sino por el odio al hombre.

Este odio se hace patente en expresiones como: “Todo coito heterosexual es una violación de un hombre sobre una mujer” (Andrea Dworkin); “Cuando una mujer llega al orgasmo con un hombre lo que hace es reproducir el sistema del patriarcado” (Sheila Jeffreys); “El odio político hacia el hombre es un honorable acto de toda mujer” (Robin Morgan); o “Tratar al hombre de animal es halagarlo porque el hombre es una máquina, un consolador andante” (Valerie Solanas).

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Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".