Así es el espectacular discurso de Elvira Roca apenas difundido que desmonta el feminismo

La filóloga y escritora Elvira Roca realizó una reciente intevención en el Congreso de los Diputados cargada de sensatez sobre las reivindicaciones feministas que prácticamente ha quedado silenciada. "Convendría no convertir a media humanidad en enemiga de la otra media", reclama Roca.

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Elvira Roca, la filóloga y autora de ‘Imperiofobia y leyenda negra’, intervino en una reciente reunión en el Congreso de los Diputados ante decenas de mujeres y con presencia de la presidenta de la institución, Ana Pastor, y que supone un torpedo en la línea de flotación argumentativa del feminismo radical que traslada la lucha de clases a la lucha entre sexos.

En apenas cuatro minutos recogidos por La Contra TV y con una serenidad que contrasta con la habitual agresividad de las defensoras de la ideología de género, Roca expone con sencillez algunas verdades difícilmente refutables.

  • Sobre la maternidad: “Es muy difícil que en algún momento de la vida, si quiera sea para renunciar, no tengamos que planteárnoslo”.
  • Sobre la conciliación: “Una de esas elecciones es pensar que las mujeres sólo tienen un valor social si hacen exactamente lo mismo que los hombres y como los hombres”.
  • Sobre quererlo todo: “Por todo se paga un precio. Y por tener hijos se paga un precio si queremos tener una trayectoria profesional. Sé de lo que hablo, yo renuncié a cosas que supuestamente tenían mucho valor, para poder tenr hijos. Y no me arrepiento ni un minuto”.
  • Sobre discriminación: “De las situaciones de discriminación los hombres no tienen la culpa y ellos también padecen situaciones de discriminación en muchísimas ocasiones en su vida. Y no lo dicen”.
  • Sobre el enfrentamiento contra los hombres: “Convendría no convertir a media humanidad en enemiga de la otra media, entendiendo que la siguiente generación depende de que media generación se entienda con la otra media”.

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A continuación, ofrecemos el texto completo de su alocución:

“Me he dedicado durante muchísimos años a la enseñanza, que es un campo profesional en el que hay más mujeres que hombre. Los hombres sin embargo no han reivindicado paridad. Le animo a que lo hagan. Deberían hacerlo.

Quiero decir que las mujeres en el mundo tenemos muchos problemas por ser mujeres. Los hombres también tienen muchos problemas por ser hombres. Y hemos llegado hasta aquí juntos. Y convendría no sucumbir a ciertas formas de puritanismo que me alarman enormemente.

El problema de la conciliación, que ha surgido aquí varias veces, porque antes o después las mujeres tropezamos con el asunto de la maternidad, sí o sí o sí. Y es muy difícil que en algún momento de la vida, si quiera sea para renunciar, no tengamos que planteárnoslo de una manera muy difícil.

Cuando se tiene hijos, las mujeres suelen poner a sus hijos por delante de todo lo demás. Ese suele ser el techo de cristal que impide entre los 20 y los 40 años mantenerse en la carrera durísima de los puestos de cabeza.

Se deja a un lado unas cosas para atender otras porque el día tiene 24 horas y más no da de sí. La conciliación es un problema muy grave. Entre otras muchas razones porque la sociedad ha hecho una serie de elecciones, muchas de ellas inconscientes. Una de esas elecciones es pensar que las mujeres sólo tienen un valor social si hacen exactamente lo mismo que los hombres y como los hombres.

“Tengo un marido que está más allá de la conciliación porque ha alcanzado la perfección en el don de la ubicuidad: trabajando todos los días para que su mujer ande predicando por estos mundos de Dios. Y ese hombre merece un reconocimiento”

Hay una parte grande del trabajo de la mujer que nunca ha sido reivindicado por nadie. Y yo lo quiero reivindicar aquí: el de mis abuelas, mis bisabuelas y todas aquellas mujeres de hace mucho tiempo que también fueron mujeres trabajadoras. Porque las mujeres han trabajado mucho y muy duramente sin salario. Sospecho que la expresión mujeres trabajadoras significa mujeres asalariadas. Y no son exactamente lo mismo.

La vida moderna es complicada. Hemos creído –o querido- todos que es fácil tenerlo todo. No es cierto. Por todo se paga un precio. Y por tener hijos se paga un precio si queremos tener una trayectoria profesional. Sé de lo que hablo, yo renuncié a cosas que supuestamente tenían mucho valor, para poder tener hijos. Y no me arrepiento ni un minuto.

Y ahora mismo., permítanme que descienda a lo personal, de una manera muy breve, tengo un marido que está más allá de la conciliación porque ha alcanzado la perfección en el don de la ubicuidad: trabajando todos los días para que su mujer ande predicando por estos mundos de Dios. Y ese hombre merece un reconocimiento.

Quiero decir que con los hombres hemos luchado mucho en este planeta para llegar hasta el siglo XXI, o el cinco mil y pico, según el calendario chino. No son enemigos. Ellos tienen sus problemas y se quejan poco. Y nosotras los nuestros y parece que nos quejamos algo más.

No es que no haya cosas que mejorar: las hay a porrillo. A cientos. Pero creo que vamos a ir mucho mejor si reconocemos que los compañeros, que los hemos tenido a lo largo de la vida como padres, como hermanos, hijos… estamos mejor.

Que de las situaciones de discriminación, los hombres no tienen la culpa y que ellos también padecen situaciones de discriminación en muchísimas ocasiones en su vida. Y no lo dicen. Y no lo reconocen.

O sea que convendría no convertir a media humanidad en enemiga de la otra media, entendiendo que la siguiente generación depende de que media generación se entienda con la otra media”.

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Castellano de la Mancha, estudió Letras y Ciencias Políticas, pero se gana la vida como periodista, escritor, gastrónomo y espectador del paisaje y del paisanaje. Colaborador de Actuall.