Si me preguntasen cuáles han sido las entrevistas más importantes del verano, las que enviaría a todos mis contactos de Whatsapp y recomendaría desde mi cuenta de Twitter, contestaría que dos.

Una, la hecha a los empresarios Elon Musk y Jack Ma en que aseguran que dentro de veinte el mayor problema mundial será, no el calentamiento global, sino el colapso demográfico. Y la segunda, relacionada con la anterior, la de la escritora Candace Bushnell, autora de ‘Sexo en Nueva York’, que lamenta no haber tenido hijos porque ahora, pese a su fama y sus millones de dólares, está “verdaderamente sola”. Son tan importantes que ninguna de estas declaraciones ha merecido aparecer unos segundos en las televisiones, tan ocupadas con las vacaciones de Pedro Sánchez y los incendios en la Amazonia y Canarias.

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Estoy seguro, amigo lector, que no le ha llegado por las redes sociales ninguna de ellas. En cambio, apuesto a que ha recibido la publicada en El Mundo al escritor Juan Eslava Galán bajo el titular de “Europa se va a la mierda y en 50 años caerá, la inmigración musulmana es inasimilable”. Además, alguien habrá añadido los adjetivos y las expresiones más sobados en los ambientes de derechas: “¡Mira qué valiente!”, “¡Así se habla, sin pelos en la lengua!”, “¡Olé tu madre!”.

¿A que este agosto le ha llegado la entrevista de Eslava Galán en que afirma que Europa desaparecerá por la inmigración musulmana?

Pues sí, tiene mucha razón el profesor septuagenario Juan Eslava Galán. Ya estamos viendo la agonía de Europa, donde se ponen casa y paga a muchos enemigos. Pero si algo he aprendido es que las cosas no suceden por generación espontánea. Los políticos, funcionarios, tertulianos y oenegeros que nos dicen que en un país con más de tres millones de parados necesitamos 5,5 millones de inmigrantes para pagar las pensiones, nos mienten. Pero no serían tan perjudiciales si luego no hubiera cientos de miles de españoles que aplauden sus comentarios en la radio, dan unos euros a sus ONG y, lo peor de todo, les votan en las elecciones.

Hay una responsabilidad por acción y otra por omisión.

Volvamos a la entrevista a Eslava Galán. Estoy convencido de que todos los que han recomendado la entrevista de este “valiente” no la han leído hasta el final. Porque en este punto se encuentra la noticia, la auténtica noticia.

Entrevista más interesante para mí es la de la creadora de ‘Sexo en Nueva York’, en que lamenta no haber tenido hijos

Primer consejo para estudiantes de Periodismo: estudiad otra cosa, sobre todo idiomas extranjeros. Y si no me hacéis caso, segundo consejo: leed los teletipos hasta el final; ahí hallaréis joyas escondidas.

Reproduzco el último párrafo:

“Vivimos la decadencia de Occidente. Hemos hecho dejación de todo: Europa se va a la mierda; en cuestión de 50 años caerá como el Imperio Romano. Diré algo políticamente incorrecto, pero que a esta edad me lo puedo permitir: la inmigración musulmana es inasimilable, y con ella estamos recurriendo a nuestro suicidio como cultura.”

O sea, que Juan Eslava Galán ha tenido miedo de decir lo que pensaba y sólo cuando ya ha cumplido los setenta, sale del armario. ¿De qué puede tener miedo un premio Planeta, profesor funcionario, autor sin problemas de ventas ni de editores…? ¿De que no le inviten a cursos de verano y tertulias?, ¿de que veten las reseñas sus libros  en la prensa? Pues algunos dicen cosas políticamente incorrectas a pesar de las consecuencias para sus carreras y sus vidas. Aquí en Actuall hay varios.

La conclusión lógica es que si ahora dice algo políticamente incorrecto gracias a su edad, antes, cuando tenía menos años y más futuro, diría cosas políticamente correctas: en Al-Ándalus las tres religiones convivieron pacíficamente; España existe sólo desde la Constitución de Cádiz; el 12 de Octubre comenzó un genocidio; la Segunda República fue una democracia destruida por el fascismo, el socialismo es libertad; la Junta ha desarrollado una Andalucía olvidada por Castilla…

Pues mire, don Juan, si Europa se va a la mierda usted, con sus silencios calculados para medrar y vender sus libros, ha puesto su granito de arena.

Eslava Galán reconoce que se atreve a decir algo que él cree verdad, porque ya tiene cierta edad y no teme represalias

Si tenemos una sociedad que premia a los mentirosos y los sinvergüenzas, en parte se debe a que muchos de los que en Estados Unidos se llaman líderes e inspiradores han tenido durante décadas dos discursos: uno en privado y otro en público. Las alabanzas a los ministros (y ministras) de Hacienda o Cultura se volvían denuestos cuando se apagaban las grabadoras.

Esa hipocresía no pasaba sólo en los tiempos de Franco o Felipe González o la ETA, sino que está pasando ahora. ¿Cuántos empresarios catalanes callaban sobre el ‘procés’ o sus consecuencias, mientras estaban haciendo el papeleo para sacar sus dineros de Cataluña? ¿Y cuántos se declaran feministas y hasta sacan un fondo de inversión por la ‘igualdad de género’ a la vez que apuntan en una lista negra a las embarazadas?

El mismo doble discurso domina la universidad, donde se cuentan con los dedos de la mano los juristas que se han pronunciado contra la discriminación de los varones que establecen las leyes ‘de género’ y con menos dedos aún los científicos que critican el discurso sobre el ‘calentamiento global’. ¡Hay tantos dictámenes, informes y enchufes pagados con fondos públicos que repartirse!

Muchos de los líderes de opinión y los privilegiados en España tienen dos discursos opuestos: uno en público y otro en privado

¡Menudos modelos escogen las buenas gentes de derechas! Antes, Antonio Gala, cuyas novelas pro-islámicas, anti-católicas y anti-españolas compraban las señoras de misa y del Hola porque era muy elegante y escribía sobre el amor con mucha sensibilidad. Ahora, el legionario Eslava Galán.

Su bravura aplazada me hace recordar a las actrices que han confesado haber pasado por el sofá de Harvey Weinstein y ahora dicen ser víctimas y hasta heroínas. No, bonita (Calvo dixit): las verdaderas heroínas son quienes no aceptaron el peaje del productor por dignidad y les costó su carrera, no las que cedieron por ambición y ya tienen su Oscar.

Por cierto, ¿en qué sociedad libre vivimos si alguien que está entre los privilegiados se lo piensa dos veces antes de decir la verdad?

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