Brasil ha tomado partido en defensa de la familia, al blindar jurídicamente el matrimonio, apartándolo del juego ideológico, y reconocerlo como lo que es: la unión entre un hombre y una mujer.  El país ha entendido  el mensaje de una  ciudadanía puesta, en pie: está en juego el futuro de la sociedad.

El Comité Especial para discutir la situación de la familia en la Cámara de Representantes (Congreso) aprobó recientemente, por 17 votos frente a 5, el informe preliminar del proyecto de ley  6583/13, auspiciado por el diputado Anderson Ferreira  (Partido de la República) para blindar legalmente el matrimonio como lo que es, la unión establecida entre un hombre y una mujer.

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El proyecto es un compendio de 15 artículos para establecer el Estatuto de la Familia y “facilitar los derechos de la familia y las directrices de las políticas públicas” de apoyo a esta institución social básica.

Faltan por aprobar cuatro puntos del texto final, que se votarán en el Senado, pero los legisladores dejan claro ya que el matrimonio debe quedar fuera del juego ideológico o partidista: va en ello el futuro mismo de la sociedad, como ha subrayado una ciudadanía que se ha manifestado incansable y mayoritariamente en su defensa.

Esta idea quedó clara en el debate de la propuesta: Evandro Gussi (Partido Verde) defendió el nuevo Estatuto de Familia indicando: “Queremos que todos los gays tengan sus derechos garantizados, pero la Constitución dice que la familia merece una protección especial, ya que es la base de la sociedad”, dijo. Y el diputado Hidekazu Takayama (Partido Social-Cristiano) apuntó: “Hombre con hombre no se concibe. Mujer con mujer no se concibe”,

En Brasil, el lobby gay lleva años presionando con fuerza: en diciembre de 2010 pretendió que, sin audiencias públicas previas, se aprobara la llamada ley «Brasil sin homofobia«, que además de imponer el pseudomatrimonio homosexual convertía en un delito, sin derecho a fianza, cualquier crítica a la homosexualidad y promovía la despenalización del aborto así como la restricción de la libertad religiosa y de prensa, entre otros derechos fundamentales.

Es uno de los primeros países de América Latina que ha dado el paso, subrayando la importancia que tiene la familia para el futuro de la sociedad

En agosto de 2012, tras haber sido aceptada por la Justicia la unión civil homosexual, se volvía a despertar la fractura y la inquietud ciudadana y jurídica por la «unión civil» conseguida por un trío poligámico compuesto un hombre y dos mujeres. Se alzaron las voces de quienes denunciaban que, de nuevo, se estaba jugando y poniendo en tela de juicio el concepto de ‘familia’.

En mayo de 2013, el lobby homosexual llegaba a celebrar una aprobación ‘de facto’ del pseudomatrimonio gay, después de que la Justicia ordenara a los empleados registrar todos como matrimonios las uniones homosexuales, a la espera de la aprobación de una ley por el Parlamento.

Los ciudadanos, en pie por la familia

El rechazo ciudadano no se hizo esperar: el mes siguiente, en junio de 2013, una multitudinaria manifestación ciudadana en Brasilia, convocada por Movimiento Nacional de la Ciudadanía por la Vida, expresaba  en las calles de la capital el clamor cívico en defensa del matrimonio y de la familia.

Ahora, la nueva disposición legal brasileña, cuya votación han intentado aplazar por todos los medios aunque sin éxito desde el partido de los Trabajadores de la presidenta Dilma Rousseff y grupos de presión gays, marcará los derechos de las familias y las líneas de actuación política del gobierno en áreas que afectan a la institución familiar, como la sanidad y la educación.

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