Me pregunto, seriamente intrigada, cuándo prohibirán ligar. Es evidente que se va hacia ello, pero una espera que lo hagan rápido, que lo hagan ya mismo, esta tarde, aunque solo sea por aquello de la seguridad jurídica y todo eso.

Nueve mujeres han acusado al tenor Plácido Domingo de acoso sexual. Ocho cantantes y una bailarina han asegurado que Domingo las sometió supuestamente a acoso sexual, según testimonios recogidos en un reportaje de la agencia AP, ante lo que el tenor ha respondido que creyó «siempre» que todas sus «interacciones y relaciones» con mujeres eran «bienvenidas y consensuadas». La Ópera de San Francisco se sumó a la Orquesta de Filadelfia y canceló el concierto que tenía previsto dar en ese coliseo, porque todos sabemos que las mujeres nunca mentimos y si tardamos treinta años en denunciar lo que sea es porque se nos acumula el trabajo y no nos da la vida. Y qué eso de la presunción de inocencia es una reliquia del patriarcado, probablemente franquista.

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La Ópera de los Ángeles, que el tenor dirige desde 2003, ha abierto una investigación sobre los testimonios de los supuestos acoso.

Yo no tengo la menor idea de su don Plácido ha sido acosador o atracador de bancos. Ni me interesa gran cosa. Sí me interesa, en cambio, que las nueve hayan decidido hablar justo ahora, décadas después de que sucedieran supuestamente los hechos.

También me interesa el hecho adicional de que los casos explicados hasta ahora presentan, a todo tirar, un Plácido picarón y con ganas de jarana, pero nada delictivo. A una le dijo, tras una fiesta en casa, si era necesario que se fuera; otra dice que en el momento de la insinuación pensó que negarse a Plácido Domingo era “como negarse a Dios”.

Es lo que más me ha parado a la hora de solidarizarme con las lagrimeantes actrices víctimas del #metoo. En ningún caso que recuerde hubo violencia ni intimidación; sencillamente, sabían que si no cedían a los deseos, su carrera en Hollywood habría presuntamente terminado o sería bastante más difícil. ¿Y tengo que solidarizarme con estas arrogantes millonarias antes que con las chicas anónimas que prefirieron volver a servir copas o vender pisos antes que dejarse hacer?

Es mejor que lo ilegalicen cuanto antes, así los hombres sabrán el terreno que pisan

Tengo una amiga que sufrió un verdadero caso de acoso por parte de su jefe. Ella tenía todo que perder y, de hecho, lo perdió. Su caso fue tremendamente injusto, y todas estas mujeres que trivializan el acoso haciéndolo indistinguible de una simple y llana propuesta son una bofetada para mi amiga y una trivialización del acoso real, implacable que sufren y han sufrido tantas mujeres.

En serio, ¿qué hay que hacer para ligar? ¿Qué fórmula habitual, de andar por casa, de toda la vida, de la gente normal, puede usarse para ligar? Piensen en su propia vida, en sus matrimonios o noviazgos o simples ‘líos’. Recuerden qué les dijeron para aproximarse, cómo declararon su intención, y no me digan si no podría reconstruirse como un caso de “acoso” dentro de veinte o treinta años, cuando el interfecto sea rico y famoso. Porque, sinceramente, no me imagino a una sola mujer denunciando que un tipo que no tenga dónde caerse muerto le dijo hace treinta años en una fiesta si de verdad tenía que volver a casa.

Es mejor que lo ilegalicen cuanto antes, así los hombres sabrán el terreno que pisan. Afortunadamente, yo ya pasé esa época, y mis hijos están bien aleccionados. Pero, ¿y el resto? ¿Cómo saber si un “¿estudias o trabajas?” puede convertirse, al cabo de los años, en un caso de acoso? Por eso es mejor que se meta en los códigos: prohibido ligar.

Se me ocurren varias alternativas para que la especie no se extinga o, al menos, que no lo haga en soledad. Una es que solo se pueda ligar a través de redes de contacto homologadas, que cumplan determinados requisitos y obtengan el certificado ISO de calidad. La empresa se comprometerá a guardar copias de todas las conversaciones para proporcionarlas inmediatamente al juez en caso de demanda.

Si esto parece todavía demasiado inseguro, otra opción sería que las aproximaciones y proposiciones de los varones a las hembras -el caso inverso es irrelevante, no nos engañemos a estas alturas- fueran públicas, accesibles a cualquiera.

Pero vivimos en un tiempo en que se desconfían de la iniciativa privada, y en un país en el que, definitivamente, se la odia. Así que quizá sea más acorde a nuestras viejas costumbres intervencionistas esta otra opción: el varón que quiera transmitir a una mujer su interés sentimental y/o sexual por ella debería cumplimentar una instancia que aparecerá seguidamente en el BOE. “Don Fulano Perengánez, de 37 años, licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, etcétera, etcétera, tiene a bien manifestar que Doña Perengana Fulánez, etcétera, etcétera, es una mujer de gran atractivo en cuyo trato desearía profundizar”. No sé, algo así. Por lo demás, incluir una sección sentimental en el BOE, admitámoslo, lo haría más interesante.

Idealmente, lo óptimo sería que el Estado nos eligiera pareja. ¿Quién mejor? Al final, actúa desde hace tiempo como si fuésemos incapaces de tomar las decisiones más normales y privadas sin fastidiarlo todo, desde educar a nuestros hijos a suscribir una hipoteca. La tendencia es a que nuestros amos decidan por nosotros en cada vez más áreas de actividad. ¿Por qué no en esta, tan importante y, como vemos, llena de peligros?

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