Feministas se manifiestan el 8 de marzo. /EFE
Feministas se manifiestan el 8 de marzo. /EFE

Qué deprisa hemos caído, ¿no? Hubo una época, perdida ya en la nebulosa del tiempo, en que el feminismo aspiraba a que la mujer, siendo igual al hombre, obtuviera la igualdad legal con él. Pero eso lleva logrado tanto tiempo que ha perdido toda su gracia, y ahora las mujeres no nos conformamos con ser iguales, sino que queremos ser más iguales.

Porque resulta que con la igualdad legal e incluso con el bombardeo continuo, inmisericorde, de mensajes de nuestros pastores para que seamos dóciles borreguitas y queramos ser en todo como ellos, los resultados siguen sin ser idénticos, al menos en las áreas que interesan (que haya un déficit de poceras, por ejemplo, no le quita el sueño a nadie). Así que seguimos subiendo la apuesta, sobre todo con mucha subvención, a grupos que surgen como setas en otoño con el exclusivo fin implícito de vivir de eso.

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Pero quedaban los ideales, no sé. Ahora el ideal se resume en el ‘slogan’ que ha lanzado la ministra de Igualdad (igual a todas las demás ministras de Igualdad), Irene Montero: Sola y borracha quiero llegar a casa. Estremece pensar en tanto talento lírico.

La idea es que, en las inmortales palabras de la autora feminista americana Gloria Steinem, “una mujer necesita un hombre como un pez una bicicleta”. Es de suponer que doña Gloria surgió por partenogénesis, al menos para no estropear el simpático aforismo. Debajo de una col, probablemente.

Y, sí, es una idea ridícula, absurda, disparatada y conducente al mayor suicidio civilizacional que hayan conocido los siglos. Pero no es esa la cuestión. La cuestión es que se considere un ideal volver sola a casa, y no digamos volver borracha. Y la ironía, porque siguiendo este camino enloquecido es muy probable que esas jovencitas que vociferan esas consignas pareadas dando saltitos en el 8M tienen no pocas probabilidades de acabar exactamente así: solas. Y, créanme, no es tan divertido como parece. Steinem se acabó casando, como pez al que de repente le apetece montar en bicicleta. En cuanto a lo de borracha, el alcohol es un compañero no infrecuente de las personas frustradas y solitarias.

El 8M no tenía ni tiene que ver con las mujeres, que somos las comparsas o los rehenes de una ideología que es mera excusa para el avance de la izquierda

Las feministas, naturalmente, tuvieron su aquelarre del 8M, faltaría más, aunque este año bastante más deslucido que los anteriores, no sabemos si por el miedo al coronavirus o porque el regodeo acaba cansando.

Sí, regodeo. El 8M no tenía ni tiene que ver con las mujeres, que somos las comparsas o los rehenes de una ideología que es mera excusa para el avance de la izquierda. La autoras feministas de mayor renombre y exposición pública se han hartado de decir que una feminista de derechas es una contradicción en los términos, pero la derechita, ya no sabemos si por su estupidez congénita, sus acomplejamiento terminal o ciertos oscuros impulsos masoquistas, sigue apuntándose a todas estas ‘concentraciones’ que básicamente se organizan contra ellos.

Ciudadanos trató de participar, y fue expulsado, abucheado y humillado. Da igual, seguirán intentándolo, y tanto este partido como el PP, cada vez que toquen poder, seguirán haciendo llover los millones sobre unos grupos que no solo les aborrecen, sino que existen básicamente para que nunca gobiernen en paz.

¿Sabes cómo averiguar cuándo su amada democracia abierta y pluralista se ha convertido en un régimen totalitario? Cuando es el poder el que organiza las protestas

Lo que hace patético lo del pasado día 8… Borren eso: todo lo del pasado día 8 es patético. Una cosa que hace especialmente patético el aquelarre callejero del otro día son sus aires de revuelta, su jugar a que se están enfrentando a un gigante, que están en la barricada contra el poder, cuando son el poder. ¿Con qué cara puedes fingir que eres el oprimido, que eres la resistencia, cuando la marcha la patrocina el Gobierno, todos los partidos del espectro salvo uno, todo el estamento cultural, todos los grandes medios de comunicación y todo el sistema de enseñanza? ¿A quién se supone que se enfrentan? ¿A mi anciano párroco?

¿Sabes cómo averiguar cuándo su amada democracia abierta y pluralista se ha convertido en un régimen totalitario? Cuando es el poder el que organiza las protestas. Son los dos minutos de odio contra el enemigo. ¿Qué enemigo? ¡El Patriarcado, por supuesto! El ogro, el coco, ese cómodo comodín que nos permite seguir jugando a la opresión sin necesidad de señalar a nadie en concreto, sin tener que poner cara o nombre a los culpables de todo-lo-que-nos-pasa. Uno puede agitarlo cuando convenga, y es tan imposible demostrar que no existe como demostrar que no existe el Yeti. O el Cambio Climático.

Mientras, se extiende el pánico a una epidemia que se empieza a notar en nuestra vida diaria, en cancelaciones de viajes, cenas, reuniones, ceremonias. Que crece, por más que el Gobierno quiera quitar hierro. Y, sí, todo esto podría quedar en nada y contenerse y contrarrestarse (aunque el daño a la economía se está haciendo sentir con fuerza). Pero si, como advierte la OMS que es perfectamente posible, se convirtiera en una pandemia histórica, sería una catástrofe con un solo punto a su favor: acabaría de un plumazo con muchas idioteces de la progresía reinante y aburrida.

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