Lucía Etxebarría, feminista señalada por las nuevas feministas.
Lucía Etxebarría, feminista señalada por las nuevas feministas.

Lo tengo escrito: ser progresista es muy ventajoso, pero agotador. Una tiene que mantenerse en tensión y atenta, sin dejar un solo día de revisar el canon a riesgo de quedarte atrás y convertirte en una facha intolerante e intolerable de la noche a la mañana, porque lo que hoy es el dogma universalmente aplaudido la semana que viene puede ser materia de pecado de lesa progresía.

Tomemos el caso de la escritora Lucía Etxebarría. ¿Lo he soñado, o no era esta mujer una de las exponentes más señeras del feminismo más radical y de izquierdas, azote de feministas moderadas e irreverente adalid de la más moderna de las modernidades?

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Pues bien: hoy es una paria, es lo peor, es una reaccionaria cavernícola exiliada al averno de la derecha, donde es el llanto y el rechinar de dientes. Y, sin embargo, Lucía no ha cambiado un ápice; todo este terremoto, este acoso de los bienpensantes contra Etxebarría en redes y tribunas se ha producido, sencillamente, porque se ha cambiado la ortodoxia del pensamiento único. Pero mejor que sea ella quien lo cuente, espigando algunos tuiteos de un largo hilo en Twitter en el que se lamenta de sus cuitas. Entra Lucía, ipsa verba:

Queridas compañeras. Últimamente me veis muy poco por Twitter, y me parece que voy a tener que dejar Twitter definitivamente, así que antes de hacerlo os voy a explicar el porqué.

1. Cuando empecé a oponerme a la ley trans pensaba, en mi ingenuidad, que la gente se tomaría el trabajo de leer el borrador de la ley y que inmediatamente caería en la cuenta de la burrada que semejante ley sin pies ni cabeza significa.

2. No caí en la cuenta de tres cosas:

          • Que España es el país con el índice lector más bajo de Europa.
          • Que hay intereses económicos detrás de esta ley.
          • Que gran parte de los 451 millones del Ministerio de Igualdad están destinados a campañas de propaganda política.

3. Todas vosotras habéis sido testigos de la campaña de acoso y derribo que he sufrido. Todo por ejercer un DERECHO DEMOCRÁTICO, como es el de criticar un borrador de ley DE FORMA RACIONAL, desde los datos y a estadística.

4. A todas nosotras nos han amenazado. Vosotras leeis cada día los mensajes que recibo. Insultos y amenazas. Pero hay una diferencia entre vosotras y yo. En mi caso se sabe donde vivo y se me reconoce por la calle. No tengo coche ni escolta, uso transporte público.

5. Tengo llamaditas al telefonillo prácticamente a diario. No puedo salir sola. Mi hija ya ha sido identificada y tiene que ir y volver del instituto en una zona complicada y va y vuelve andando.

A partir de aquí el relato se vuelve talmente dickensiano que ahorraré al lector los siguientes tuiteos, que siguen desgranando desgracias hasta acumular un total de 16 (tuiteos, no desgracias).

Su postura lleva, por la propia lógica revolucionaria, al panorama en el que están ahora. De la revolución no se puede tomar solo un poquito, y ya

Cuesta pensarlo desde nuestra barrera, ¿verdad? Ya hicimos la crónica del ostracismo violento de la protofeminista española, Lidia Falcón, y viendo estos casos y lo súbito del cambio una no puede dejar de meditar sobre la Rueda de la Fortuna y la fugacidad de las cosas de este mundo. Porque hace poquísimo estas dos abanderadas del feminismo y muchas otras iban de la manita y nos miraban a los de este lado con los mismos ojos inquisitoriales con que ahora les miran sus antiguas camaradas. No somos nada.

Estas viejas glorias del progresismo, naturalmente, no han sufrido una caída del caballo camino de Damasco, no se han convertido súbitamente en hermanas de ideológicas de deplorables hijas del patriarcado como una servidora, lejos de ello: sencillamente, querrían que la revolución parase donde pararon ellas. Hasta aquí llegué, un paso más es una locura.

Dicho de otro modo, querrían seguir siendo la vanguardia, la personificación de un progresismo estático; volver a esos felices tiempos de la quema de sostenes y todo eso.

Y eso, ay, no es posible. Su postura lleva, por la propia lógica revolucionaria, al panorama en el que están ahora. De la revolución no se puede tomar solo un poquito, y ya.

Bienvenida a la picota, en cualquier caso, Lucía.

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