El diario británico Daily Mail denuncia que se está obligando a niños desde 6 años a tocarse a sí mismo como parte de la ‘educación sexual’. ¿Ven la magia que obran las palabras? Lo que es un repugnante caso de perversión de menores se aplaude y acepta si lleva el nombre de ‘educación sexual’?

¿Quién, qué troglodita enfermo y reprimido, podría estar en contra de que la educación sexual, de que los niños aprendan un aspecto de la realidad tan central, tan importante, la ‘maquinaria’ de cómo hemos llegado todos a este mundo? Nadie, ¿verdad? Sobre todo si esa enseñanza tiene la garantía del Estado, que nos representa a todos y cuyos agentes hemos elegido democráticamente.

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Ahora, cambiaré la pregunta: ¿qué padres normales dejarían al fruto de sus entrañas, con 6 añitos, en manos de una gente que le va a ordenar que se toque sexualmente delante de un montón de niños y niñas de la misma edad? Suena diferente, ¿a que sí?

Más de una vez he llamado la atención lo bien que lo han hecho; cómo han conseguido adormecernos para lo que ayer nos haría levantarnos e ir con horcas y antorchas contra el edificio oficial correspondiente lo aceptemos hoy con docilidad, sino con abierta simpatía. Lo han conseguido con todo; si somos sinceros con nosotros mismos, incluso muchísimos de quienes aceptan cosas como el aborto, la eutanasia o el matrimonio homosexual pueden retrotraerse mentalmente a una época en que les hubieran parecido disparates o monstruosidades. Es todo tan gradual, las palabras son tan aparentemente inocuoas…

Ya sabemos que la tienen tomada con los niños. No sé, debe ser que les enferma su inocencia

Pero el efecto es el que es: perversión de menores, aberrante sexualización de niños inocentes que quedarán marcados de por vida. Si, a estos niños británicos se les instruye para que se estimulen sexualmente como parte de lecciones que serán obligatorias en cientos de colegios. Piénselo: hacen obligatorio, con sus hijos, lo que a usted le llevaría (con justicia) a la cárcel si lo hiciera con un niño a su cargo.

Ya sabemos que tienen obsesión con los niños, que la tienen tomada con los niños. No sé, debe ser que les enferma su inocencia, o, más probablemente, que quieren convertirles en adultos afeminados (nada que ver con ‘femenino’) y dóciles a la incesante propaganda del poder.

El programa se llama ‘All About Me’, ‘Todo Sobre Mí’, aunque sería más franco llamarlo “cómo sexualizar a su niño para convertirle en un dócil e hipersexualizado esclavo del sistema”. El programa se impondrá inicialmente en 241 escuelas primarias del Condado de Warwickshire para luego ampliarlo al resto del territorio.

El programa incluye una sección llamada “Tocarse a uno mismo” en la que se aconseja a los profesores que indiquen a los niños que mucha gente se toca para darse placer en sus ‘partes privadas’, y que esto es estupendo y normal. Claro que, si es tan ‘normal’, no se entiende muy bien por qué hay que perder tiempo en el horario escolar para decirlo. No les imagino dedicando una hora a enseñarles a los niños que es normal estornudar o patalear cuando algo no les gusta.

Ah, por cierto, por si no lo sabían o lo habían pasado por alto: en Gran Bretaña gobierna desde hace ya bastante un gobierno del Partido Conservador. El PP de allí, ya saben. Así que olviden arreglar esto por las urnas; es como si nuestras democracias llevaran en la puerta el mismo letrero que el infierno de Dante: Abandonad toda esperanza.

Claro que habría razones para pensar que Gran Bretaña está más avanzada -unos metros como mucho, no se hagan ilusiones- en esta cuesta abajo hacia la decadencia y la irrelevancia. El otro día leía en un diario británico que los organizadores de los premios Brit Awards a la música se están planteando eliminar las tradicionales nominaciones masculina y feminina. ¿Por qué? Porque un célebre cantante -era la primera vez que oía su nombre, pero eso no significa nada porque estoy fuerísima-, Sam White, nominado este año a un premio en la categoría masculina, ha decidido que no está muy seguro de su género. “Después de toda una vida en guerra con mi género -ha dicho el cantante-, prefiero que se refieran a mí como “they” (ellos, hasta ahora) más que como “él”.

No se sorprendan, esto es ya hasta vulgar. En muchas áreas ‘woke’ (hiperprogresistas) es común, el equivalente a las decimonónicas ‘buenas maneras’, preguntar a alguien a quien acabas de conocer “cuáles son sus pronombres”, es decir, por qué pronombres quieran que se les refiera. En esto, el inglés es como el español, tiene ‘ella’ y sus derivados y ‘él’ y sus derivados. Insuficiente, a todas luces, para la cantidad de géneros que han surgido como las setas tras las lluvias de otoño. Así que varias universidades americanas -la fuente de todas las estupideces pseudomarxistas que sufrimos en el resto de Occidente- han publicado tablas con los pronombres que se pueden elegir. ‘They’ es uno de los favoritos, aunque, claro, no puede resultar más confuso. Imaginen este diálogo:

Ellos vienen a comer esta noche

¿Cuántos?

Solo ellos, Kevin

Pero al menos es un pronombre existente. Luego están otros completamente inventados, como zie (zim, zir, zis, zieself), sie (sie, hir, hirs, hirself), ey (em, eir, eirs, eirself), ve (ver, vis, vers, verself)

tey (ter, tem, ters, terself) y e (em, eir, eirs, emself).

Pierda una tantos años aprendiendo inglés para que ahora se lo cambien.

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