La fiscal general del Estado y exministra de Justicia Dolores Delgado. /EFE
La fiscal general del Estado y exministra de Justicia Dolores Delgado. /EFE

Leo en ABC que la Fiscalía General del Estado considera machistas algunas de las señales de tráfico. Sí, ha leído bien: machistas. Las señales de tráfico. Ya saben, en la peor crisis económica, sanitaria y política en muchas décadas, la Fiscalía en la que Sánchez puso por sus santas narices a quien venía de ser su ministra de Justicia, la confidente de Villarejo, Dolores Degado, no tiene nada mejor que hacer que buscarle tres pies al gato. O la falda a la señal.

Así lo constata en la Memoria Anual del Ministerio Público correspondiente al año 2019, en la que dedica un apartado a la perspectiva de género y la movilidad. En concreto, la Fiscalía considera “oportuno” hablar de perspectiva de género en el ámbito de la movilidad basándose en las imágenes que representan algunas de las señales de tráfico.

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Todavía no lo entiende, ¿verdad? Lleva media vida conduciendo y aún no recuerda haber visto machismo en una señal de tráfico. Mal: eso denota una deplorable insensibilidad y un sexismo soterrado y profundo.

¿Sigue sin caer? Bueno, que se lo explique la augusta institución del Estado que pagamos todos los españoles: “Hay señales de tráfico que representan a un hombre como conductor o peatón”, se explica en el apartado, aludiendo a señales como las de pasos de peatones, ciclistas, tractores, etc., en las que la Fiscalía destaca que la imagen representada es un hombre y no una mujer.

Me parece sencillamente agotadora esta minuciosa labor de encontrar lo que no hay, de dar mil vueltas a las realidades más prosaicas para encontrar alguna ofensa en ellas hacia algún colectivo de víctimas autodesignadas

Se refiere también a señales en las que “la mujer aparece en una situación de dependencia y subordinación”. Pone como ejemplo en este apartado la señal que indica rutas para senderistas, en la que “una mujer sigue a un hombre senderista” o la señal que indica la proximidad de un centro escolar, con “niño que lleva de la mano a la niña, que va detrás del niño, ambos al colegio”.

Más de una vez, ¿saben?, he sentido fuertes tentaciones de hacerme progresista. Imagínese que radiantes horizontes se abren ante quien toma conscientemente una decisión así. Como periodista, podría publicar en los grandes medios, con un buen sueldo; quién sabe si acabar en alguna tertulia de campanillas. Incluso sin eso, tendría más probabilidades de colocarme y avanzar, menos de ser rechazada o despedida. Toda la gente guapa me daría la razón, tendría detrás de mí a los políticos, a los grandes empresarios, a casi todos los grupos mediáticos, a los actores, al mundo entero de la ‘cultura’…

Pero, ¡ay!, no puede ser. Y no, no crean que es solo el amor a la verdad o a la libertad lo que me impide dar ese juicioso salto profesional: es también la pereza. Me parece sencillamente agotadora esta minuciosa labor de encontrar lo que no hay, de dar mil vueltas a las realidades más prosaicas para encontrar alguna ofensa en ellas hacia algún colectivo de víctimas autodesignadas, retorcer la lógica, el sentido común y la evidencia hasta que confiesen su origen heteropatriarcal supremacista y sus maliciosas intenciones. Hay que nacer para eso, supongo, y debe de matar el alma y todo lo que haya en una de humano.

¿Y por qué sabe que es un hombre? ¿Porque no lleva falda? ¿¿Está usted diciendo, en pleno siglo XXI, que las mujeres tenemos que llevar falda??

Pero, por una vez y sin que sirva de precedente, en esta ocasión les gano por la mano. Y quiero aprovechar estas páginas para acusar formalmente a la Fiscalía General del Estado del peor pecado sexista, del indicio más claro de un rancio machismo y de una ignorancia culpable del Dogma de Género. Porque, vamos a ver, dicen que “hay señales de tráfico que representan a un hombre como conductor o peatón”. ¿En serio? Muéstrenme una. ¿Eso? ¿Y por qué sabe que es un hombre? ¿Porque no lleva falda? ¿¿Está usted diciendo, en pleno siglo XXI, que las mujeres tenemos que llevar falda?? ¿O quizá es porque no se le ve pelo largo? Eso ya sería el colmo.

Del mismo modo, ¿por qué saben que esa figura que aparece “en una situación de dependencia y subordinación” es una mujer? ¿No será que deduce usted, redactor de esta memoria, que es una mujer precisamente porque está en una situación de dependencia y subordinación? ¡Vigile sus estereotipos, señor magistrado o señora magistrada!

O tal vez sea, a la contra, porque lleva falda. Venga, valiente, diga usted con todas las letras, en alto para que le oigan en las últimas filas, que los hombres no llevan faldas. La sangre de los McGregor que corre por mis venas circula más deprisa al leer tamaño disparate.

¿O quizá es porque lleva coleta? ¡Pero, hombre de Dios -he deducido que es un macho, sí-, que tenemos un vicepresidente con una hermosa coleta y pendientes, que le vi el otro día con su papada y parecía mi tía Enriqueta, la del pueblo!

¿Ven lo que pasa? Si no hay nada que caracterice al varón o a la mujer, como no se cansan de decirnos los apóstoles de la Teoría de Género con el entusiasta respaldo legislativo y financiero de la oficialidad, ¿cómo va usted a deducir si una estilizadísima imagen de tráfico es hombre o mujer, cuando ni siquiera enfrentados a la misma carnalidad del sujeto podemos estar seguro hasta que se pronuncie? Vergüenza les debería dar.

Ande, ande: recite el Título VII de la Constitución y no peque más.

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