No se nace gay. Punto. Y esto no lo dice ni una Conferencia Episcopal, ni los autobuses de HatzteOir.org, ni un siniestro colectivo homófobo y heteropatriarcal. Lo dice el mayor estudio estadístico elaborado hasta la fecha. Lo han llevado a cabo 21 científicos multidisciplinares de distintas nacionalidades sobre una muestra de 493.000 personas. Y el resultado ha sido publicado en la revista Science. 

El trabajo tiene un enorme interés científico ya que se trata de la primera vez en que conjuntos de datos a gran escala aportan suficiente potencial estadístico para identificar variantes genéticas asociadas con el comportamiento sexual con personas del mismo sexo.

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Y la conclusión es la siguiente: “Hemos establecido que la arquitectura genética subyacente [al comportamiento sexual con el mismo sexo] es enormemente compleja; ciertamente no existe un único determinante genético (a veces denominado por los medios ‘gen gay’)”.

La frialdad de los datos ponen en cuestión los dogmas de Género, y su carácter fraudulento

La frialdad de los datos ponen en cuestión los dogmas de Género, y su carácter fraudulento. Y vienen a corroborar, desde la más absoluta neutralidad ideológica, lo que científicos perseguidos o ninguneados por el lobby LGTB habían adelantado. 

Por ejemplo, que la sexualidad humana está diseñada de manera binaria con la intención evidente de la reproducción y multiplicidad de la especie, como señaló el Colegio Americano de Pediatras.

O que no hay no hay evidencia científica que respalde que la identidad de género sea independiente del sexo, de suerte que ser homosexual o transexual no sería algo «innato», como apuntaban los psiquiatras Mayer y McHugh en un estudio publicado en The New Atlantis.

Es innegable, por otra parte, que muchas personas -singularmente jóvenes- tienen proyección hacia el mismo sexo, lo que provoca no pocas dosis de sufrimiento. Pero lo único que eso quiere decir es que el asunto es suficientemente complejo como para que no sea tratado con frivolidad, como ha hecho el establishment ideológico. Un asunto tan serio no se puede despachar con cuatro esloganes o con falsedades tan carentes de rigor como decir que la heterosexualidad no es natural, o que es una herramienta del patriarcado. Hace falta más ciencia y menos demagogia. Más verdades y menos mentiras. 

Por eso:

Si no hay evidencia del gen gay, las leyes del matrimonio homosexual se basan en una mentira. Son por lo tanto leyes injustas. Y quienes las promovieron, como el Gobierno de Zapatero en el caso de España, incurrieron en una forma de estafa. El matrimonio sólo puede ser entre varón y mujer, desde que el mundo es mundo. Porque, por definición (la palabra matrimonio viene del latín matrem, madre), va unido a la reproducción. Esa y no otra es la razón de ser del matrimonio. Como explicó muy bien el profesor Francisco José Contreras en La batalla por la familia en Europa (Sekotia) la unión conyugal no es la certificación juridíco-social de un sentimiento entre dos adultos, como pretende justificar los promotores del gaymonio, sino un contrato para facilitar la procreación y educación de la prole.

Si no hay evidencia del gen gay, lo de la orientación sexual es discutible. No es que no exista, no es que un varón no pueda sentir atracción hacia otro, pero desde luego es un asunto mucho  menos simplista de lo que nos ha vendido Gobiernos y lobbies. El propio estudio de Science subraya que son importantes otros factores además de los genéticos, como los ambientales o educativos. En la proyección hacia el mismo sexo, pueden influir variables como la relación con el padre; con la madre; la dinámica familiar; la relación con los pares; y,  por supuesto, los abusos sexuales o violaciones. Pero es poco serio decir que alguien nace homosexual o es homosexual. 

Si no hay evidencia del gen gay, a qué esperamos para denunciar las distintas leyes de lgtb aprobadas en los últimos años, que atropellan derechos fundamentales (como la igualdad de todos los españoles -art. 14- o el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos -art. 27).

Si no hay evidencia del gen gay, sería bueno levantar la censura que los aprendices de Torquemada han impuesto a investigadores y estudiosos durante los últimos años. La lista es larga. Son los perseguidos por el macarthismo lgtb, por atreverse a hacer ciencia, en lugar de dejarse llevar por prejuicios ideológicos o ceder ante el chantaje de quienes amenazaban con condenarlos al ostracismo. El último ejemplo de caza de brujas: el de Amazon retirando los libros del doctor Nicolosi.

Decir que se nace homosexual es como afirmar que la Tierra es plana

Si no hay evidencia del gen gay, quiere decir que se ha supeditado la ciencia a la ideología o a intereses espurios. Decir que se nace homosexual es como afirmar que la Tierra es plana. A los que ahora defendieran que el límite del mundo termina en un abismo por el que se precipita el agua más allá de la costa gallega, los tomaríamos por chiflados. Sin embargo, a los que durante las últimas décadas han dicho que se nace homosexual, se les ha tomado en serio. Tan serio que se les han dado cátedras universitarias, escaños en el Parlamento o se les ha regado con dinero público. Por poner un ejemplo de chiringuito subvencionado: el 66% de los ingresos de COGAM (Colectivo de Gays y Lesbianas de Madrid), organizadores del Orgullo Gay, proceden del bolsillo del contribuyente.

Si no hay evidencia del gen gay, quiere decir que se han valido de una mentira para imponer una ideología totalitaria, la ideología de género. No es la primera vez: para imponer la legitimación social de la muerte de inocentes, el lobby abortista de EEUU manipuló a Jane Roe para conseguir la despenalización del aborto en 1973 (sentencia del caso  Roe vs. Wade). Como la propia Jane Roe reveló años después, su embarazo no era fruto de una violación, pero esa mentira fue utilizada por abortistas y feministas para conseguir una legislación pro-aborto.

En ambos casos, quienes están pagando el pato son víctimas inocentes, bebés masacrados en el seno materno, por un lado; y por otro, personas manipuladas -gran parte de ellas, menores- por el lobby LGTB o instrumentalizadas por gobernantes o legisladores.  Y cuando esas víctimas quieran reclamar, los responsables de su desgracia se habrán ido de rositas. ¿A ustedes les parece justo?

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.