El término ‘feminazi’, les guste o no a los ‘progres’, no lo ha inventado HazteOir.org. Ya hace cuatro años Alba López Mendiola, concejala de Ahora Madrid, se identificó con ese calificativo horrible que suma feminismo radical e ideología supremacista. Nada que ver desde luego con el feminismo clásico del que todas somos deudoras porque en la Edad Contemporánea obtuvo -no sin trabajos arduos- derechos civiles y políticos para las mujeres occidentales. 

Porque si hemos de ser sinceros, las mujeres de la mayor parte del mundo, concretamente de los países islámicos no tienen -en términos generales- ni la cuarta parte de los derechos de los que disfrutamos las mujeres de Europa, América y parte de Asia. Todavía estoy esperando que las feministas supremacistas del 8M se manifiesten frente a las embajadas de la India, Irán, Pakistán, Marruecos o Emiratos Árabes en lugar de hacer pintadas de pésimo gusto en las fachadas de las iglesias españolas, actividad a las que son harto aficionadas.

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El feminazismo ha hecho posible que en España las leyes de violencia de género, aunque no acaben con la constante tragedia de las agresiones y muertes de mujeres, alimenten sus infinitos chiringuitos y actividades con abundantes recursos públicos y conviertan al varón en sospechoso por el único hecho… de ser hombre. 

Seguramente recordarán dos casos de feminazismo en las aulas en los últimos meses. Por si acaso se lo recuerdo. Uno es el de una profesora canaria y concejala socialista que no tuvo reparo alguno de decir en clase delante de sus alumnos que «a los niños hay que castrarlos«. El otro caso sucedió en un instituto de enseñanza secundaria de la provincia de Huelva en el que, con motivo del 8M, se indicó por escrito a los profesores que dejaran a los alumnos varones en clase a la hora del recreo con la intención declarada de que «comprendan lo que ha sentido la mujer durante mucho tiempo en la historia, donde simplemente por el sexo se le ha prohibido hacer determinadas tareas, algo totalmente injusto, pero que sucedía».

«La presunción de inocencia del varón no existe para la ideología feminazi, tan moderada y tolerante que no concede ni un minuto de gracia a los hombres»

Pues ahora el feminazismo vuelve a hacer de las suyas. Se está cebando con el tenor español Plácido Domingo, quien, al parecer mantuvo algún tipo de relación con algunas cantantes y una bailarina. Resulta que más de treinta años después de los supuestos hechos estas mujeres acusan al cantante de haberlas acosado sexualmente.

Sin embargo, sólo una, Patricia Wulf, ha salido a la palestra con su nombre y apellidos y ha declarado lo siguiente: «Cada vez que me bajaba del escenario, me estaba esperando. Se acercaba tanto como podía, ponía su cara frente a la mía, bajaba la voz y me decía ‘Patricia, ¿te tienes que ir a casa esta noche?». Según cuenta, noche tras noche Domingo realizaba sus proposiciones, que ella rechazaba. Llegó hasta esconderse de él.

Si esa es la prueba del acoso de Plácido Domingo a Patricia Wulf deberían meter en la cárcel a un tercio de los varones españoles. Y fusilar al amanecer al castizo que mira a una mujer y le dice “guapa”. Y desde luego denunciar en un juzgado de guardia al rendido admirador que envía flores al camerino de la actriz todas las noches. Y un largo etcétera. 

Así que nos hemos hartado de criticar el puritanismo de nuestros mayores, echando la culpa a la moral franquista de haber censurado el cine, la literatura y hasta los chistes… Y ahora las nuevas inquisidoras se lanzan contra un señor que, según los datos publicados, repetidamente intentaba ligar con una compañera de trabajo o colaboradora… hace casi cuarenta años.

Plácido Domingo podrá ser acusado de cansino, pelmazo y un sinfín de cosas más. E incluso, a lo mejor era un tirano con sus colaboradores y un mal compañero con su colegas. Lo desconozco. Pero acosador sexual, al menos con los datos que tenemos hasta ahora, no parece que sea. Lógicamente, si hay pruebas fehacientes que demuestran que fue un delincuente la valoración de los hechos sería diferente.

Pero es cierto que estamos ante un caso de acoso. Acoso mediático y social, como dice el ‘youtuber’ Marcel García, a un varón, blanco y heterosexual. El supremacismo feminazi ha logrado hacernos creer que la palabra de una mujer, por el sólo hecho de ser mujer, tiene un valor infinito y siempre tiene razón frente al del caballero. La presunción de inocencia del varón no existe para la ideología feminazi, tan moderada y tolerante que no concede ni un minuto de gracia a los hombres e inspira en sus aquelarres lemas como ‘ante la duda, tu la viuda’ o ‘hetero muerto, abono pa mi huerto’.

Por cierto, si la cacería mediática contra Plácido Domingo les ha indignado, les recomiendo que apoyen y difundan la campaña ‘Todos somos Plácido Domingo’ que promueve HazteOir.org y que está obteniendo un respaldo masivo de la ciudadanía. Se trata de pedir a los líderes del Partido Popular, Ciudadanos y Vox en Madrid (Isabel Díaz Ayuso, Ignacio Aguado y Rocío Monasterio) que presenten en la Asamblea de Madrid una moción en defensa del ilustre madrileño y español Plácido Domingo y condenen sin paliativos su linchamiento.

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