No ha sido el himno de la cumbre contra el clima porque el propio éxito de la revolución en Chile ha aconsejado que su celebración se traslade a Madrid. Lo han compuesto cuatro mujeres que, juntas, se hacen llamar colectivo Latesis. El himno no habla del clima, pero como el cambio climático se ha convertido en un paraguas en el que se habla de colonialismo, feminismo, migraciones y anticapitalismo, tampoco desentona. No. Se trata del “himno feminista”. 

No tiene música ni la necesita. La letra se acompasa con un baile que recuerda a las danzas de las tribus del África subsahariana. También se parecen al baile del Zikr o, si tuviera alguna gracia, al baile de los Derviches, que también son unisex. Sus pasos están a la altura intelectual de cualquiera, lo que asegura su éxito. Consiste en unos movimientos monótonos y repetitivos, que hunden al individuo al nivel basal, sin que por ello pierda ripio de la letra. 

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Las espasmódicas bailarinas se tapan los ojos para no hacer distinción entre violadores e inocentes

Es una composición oportuna, y por ello nectímera. No es como la internacional, que tiene una música preciosa y una letra escrita con cincel en los anales de la historia y con sangre sobre todo el globo. Está pensada para luchar contra el patriarcado y contra el gobierno democrático de Chile, que se confunden en una y la misma cosa, en este discurso basal. 

La obra se titula Un violador en tu camino. Abre con una obligada mención al patriarcado, y hace mención a “la violencia que no ves”, que es la misma existencia de una democracia capitalista como Chile, y “la violencia que ves”, que es la que merece ese nombre. 

Pero lo más interesante es el estribillo: “El violador eres tú”, dicen apuntando con un dedo, y siempre con los ojos vendados. ¿Por qué? No saben quién eres tú, pero si eres un hombre eres un violador. Es una mofa de la idea de la justicia ciega. Ésta se tapa los ojos para no hacer consideraciones sobre las cualidades de los litigantes, y valorar los hechos según su adecuación a la ley. Las espasmódicas bailarinas se tapan los ojos para no hacer distinción entre violadores e inocentes. Yo les señalo a ellas, a ellas en concreto, y les digo una a una: “la tarada eres tú”. 

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