El primer ministro canadiense Justin Trudeau y la ministra de Ciencia Kirsty Duncan
El primer ministro canadiense Justin Trudeau y la ministra de Ciencia Kirsty Duncan

Canadá es uno de los países con un mayor índice de igualdad de género en el mundo, en parte gracias a la política progresista del primer ministro Justin Trudeau y su gobierno.

Por eso no extraña la última cruzada de la ministra feminista de Ciencia, Kirsty Duncan, quien ha amenazado a las universidades con quitarles los fondos públicos si no cumplen con la regla del 50/50 (50% hombres y 50% mujeres) en sus proyectos de investigación.

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Y es que Canadá tiene un programa que destina anualmente más de 260 millones de dólares canadienses a los mejores proyectos de investigación de las universidades del país. Una especie de I+D+I que permite a los científicos avanzar en sus respectivos campos (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).

El dinero lo asignan los miembros del Canada Research Chairs entre todas las opciones que se presentan, y desde hace varios años los porcentajes de los candidatos entre hombres y mujeres está en el 70-30.

Es decir, que estas instituciones públicas no están cumpliendo con el compromiso que adquirieron hace diez años de repartir el dinero al 50% entre hombres y mujeres. La ministra, escandalizada por esta desigualdad, les ha dado de plazo a las universidades hasta diciembre para que elaboren medidas efectivas que remedien el problema.

No hay mujeres suficientes en ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas para alcanzar la mitad requerida por esos fondos

Y después tienen entre 15 y 18 meses para ponerlos en práctica. Si pasado ese tiempo no hay mujeres suficientes para poder asignar la mitad del dinero a la cuota femenina, se les cerrará el grifo hasta que cumplan su promesa.

¿Cuál es el problema? La raíz auténtica de todo este asunto no radica en que solo el 30% de las candidatas sean mujeres, sino en que el número de mujeres solicitantes de esa beca gubernamental es del 31% del total, . El resto son hombres.

Es decir, no hay mujeres suficientes en ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas para alcanzar la mitad requerida por esos fondos.

No es un problema de sexo

Un artículo en el medio Quillette ahonda sobre esta cuestión y analiza el por qué no será posible alcanzar ese 50/50. Las estadísticas en Canadá muestran que entre 1991 y 2011, las mujeres representaron el 75% del aumento del número de personas trabajadoras en ocupaciones no científicas con estudios superiores, pero sólo el 27% del crecimiento en las ocupaciones científicas.

Las preferencias de las mujeres, en especial en los primeros países de las listas de igualdad de género, se encaminan más hacia aquellos trabajos en los que se pueden relacionar con personas que en los que no.

“Con la mejora de la riqueza nacional y la igualdad de sexos, parece que las diferencias entre hombres y mujeres en los rasgos de personalidad no disminuyen”

Por eso, profesiones como la enfermería o el profesorado tienen un porcentaje mayor de mujeres que las ingenierías. Es más, un estudio elaborado por Schmitt, Realo, Voracek, & Allik sobre estas diferencias en 55 culturas diferentes concluye que:

“Con la mejora de la riqueza nacional y la igualdad de sexos, parece que las diferencias entre hombres y mujeres en los rasgos de personalidad no disminuyen. Por el contrario, las diferencias se vuelven consustancialmente más grandes”.

Pero para la ministra de Ciencias de Canadá esa no es la verdad, y el motivo que radica en que menos mujeres y más hombres se dedican a la ciencia es la construcción social. Por ello, no cesará en su empeño de lograr la igualdad perfecta del 50/50 aunque tenga que utilizar el dinero para lograrlo. Ya lo dejó claro en una entrevista:

“Cuando me nombraron Ministra de Ciencia, dejé claro que esperaba que las universidades alcanzaran los objetivos de igualdad y diversidad que habían aceptado hace diez años. En gran medida han fracasado. Ya han pasado diez años, y simplemente no habido suficiente progreso”.

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Madrileño, de familia numerosa. Comenzó a estudiar Historia aunque pronto se cambió a Periodismo. Se licenció por la Universidad Complutense de Madrid y desde entonces no ha parado. Ha trabajado para las agencias de información Colpisa y Europa Press, para el departamento de comunicación de LaSexta y ha logrado saborear la experiencia de trabajar en papel gracias al periódico La Razón.