El pie de un bebé recién nacido, con su ficha de identificación./ Pixabay
El pie de un bebé recién nacido, con su ficha de identificación./ Pixabay

Las mujeres españolas no tienen hijos. Al menos no se acercan ni de lejos a los mínimos para alcanzar la tasa de reemplazo (2,1 hijos por mujer). El Instituto Nacional de Estadística ha divulgado los datos definitivos de la Encuesta de Fecundidad correspondiente al año 2018, que constituyen un ejemplo más del páramo demográfico en el que lleva sumida España desde hace décadas.

Por edades, el 95,3 % de las mujeres menores de 25 años no tiene hijos. En la misma situación están casi 8 de cada 10 féminas entre 25 y 29 años (79,2%), así como una de cada dos entre los 30 y los 34 años; casi un tercio de las que se sitúan entre los 35 y los 39 y 1 de cada cinco entre las mayores de 40 años tampoco han sido madres.

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Cinco años de retraso sobre el ideal

Sin embargo, el retraso respecto a la edad ideal para tener el primer hijo tiene un retraso medio de más de 5 años, circunstancia que afecta a un proporción cercana a la mitad de las mujeres en edad fértil, cualquiera que sea la franja de edad que se estudie.

Son precisamente las más mayores, las que más expresan su deseo de haber sido madres con anterioridad. El 51,7% de las situadas entre los 40 y 44 años así lo ratifican, con una media de 5,5 años y el 46,9% de las mujeres entre 35 y 39 años que hubieran deseado ser madres 4,8 años antes. Como es lógico, son las mayores de 45 las que hubieran deseado ser madres con mayor antelación, con una media de 5,6 años.

Es relevante que entre los grupos de edad de mayor fecundidad, también expresan de forma mayoritaria la desazón por no haber sido madres con anterioridad.

Hay un número destacado de mujeres que no quieren ser madres que ronda entre el 18,3% y el 26,4% entre las mujeres de 30 a 44 años

Entre las razones, las más jóvenes, menores de 30 años, alegan, sobretodo, motivos económicos, laborales o de conciliación de la vida laboral y familiar; entre los 30 y los 44 años, aseguran de forma mayoritaria que ya tienen el número de hijos que deseaban, mientras que las mayores de 45 respaldan su decisión en motivos de edad de forma prioritaria.

Como contrapeso, aunque insuficiente para las necesidades demográficas españolas, el 41,85% de las mujeres de menos de 34 años que ya tiene hijos piensa volver a ser madre en los próximos tres años.

También resulta relevante que hay un número destacado de mujeres que no quieren ser madres que ronda entre el 18,3% y el 26,4% entre las mujeres de 30 a 44 años.

Las españolas sin hijos superan a las extranjeras

A excepción de las mujeres que han superado la barrera de los 45 años, en todas las franjas de edad los porcentajes de mujeres que no han tenido hijos superan a los de las extranjeras.

Entre las menores de 25 años, los porcentajes son similares: 96,2% entre españolas, frente al 89,8 entre las extranjeras; la diferencia se acentúa en el siguiente tramo de edad, con un 83,5% frente a un 55,4% entre las mujeres de 25 a 29 años. También hay distancia entre las mujeres de 35 a 39, aunque mucho menor (28,5 y 24,6% respectivamente). Prácticamente se igualan entre las aquellas de 40 a 44 años: el 19,4% de las españolas y el 16,3% de las extranjeras no ha tenido hijos.

Por otro lado, las extranjeras también aventajan a las españolas en el número de hijos a todas las edades. Por ejemplo, mientras que las españolas de 30 a 34 años sólo tienen 0,69 hijos, las extranjeras ya han alcanzado 1,2, casi el doble.

El trabajo fuera de casa retrasa la fecundidad

En general, la situación laboral afecta mucho a la fecundidad, ya que con independencia del tramo de edad al que nos refiramos, las que trabajan fuera de casa tienen menos hijos de media.

Al contrario, aquellas que el estudio del INE considera en situación de «inactividad», esto es, aquellas que no forman parte del sistema laboral fuera del ámbito doméstico, son las que más hijos tienen de media.

Este dato se complementa con la valoración que hacen las mujeres con y sin hijos respecto a los trabajos que desempeñan. Aquellas que no han sido madres, tienen en cuenta sobre todo las buenas condiciones económicas en todos los tramos de edad. Y salvo las menores de 30 años, que subrayan que el trabajo reporte satisfacciones personales y profesionales, todas valoran en segundo lugar la estabilidad laboral a largo plazo. Los porcentajes de valoración de medidas de conciliación no superan el 8,6% en ningún caso.

Las madres, por su parte, además de considerar de forma prioritaria las condiciones laborales, ponen en el segundo lugar de sus preferencias laborales aquellos trabajos que tengan mejores medidas de conciliación.

Falta de políticas favorables a la maternidad

Al hilo de estos datos, la coordinadora de la plataforma Women of the World, Leonor Tamayo, señala que “hay una inmensa brecha entre la realidad laboral y social y la vida real. La imposición de horarios laborales antifamilia, la incapacidad para proporcionar políticas de verdadera y auténtica conciliación, la inactividad frente al mobbing maternal, dan como resultado un descenso de la natalidad y un aumento de la frustración”.

Para Tamayo, «el hecho de que las mujeres jóvenes empiecen a rechazar la maternidad es el resultado de un modelos social, laboral y cultural ideológico que rechaza la feminidad». A su juicio, «tener hijos es una decisión libre, pero los datos muestran que según se va acercando el final de la edad fértil, la gran mayoría de las mujeres que rechazaron la maternidad, quieren tener hijos, y muchas veces ya es demasiado tarde, añadiéndole a la frustración, el problema colateral de la baja natalidad que afronta Occidente».

En conclusión, «los modelos ideológicos que no respetan la naturaleza humana, acaban en un callejón sin salida”.

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