Imagen referencial / PIxabay
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Han tenido que obligarnos a estar encerrados en casa, están muriendo miles de personas y muchísimas más están infectadas y aisladas, se ha paralizado la economía, los hospitales colapsados… Podría ser una película, pero es la cruda realidad.

Ha tenido que sobrevenir una pandemia mundial para poder estar en casa, en familia. Bueno, no todos. A algunos les ha pillado solos, o es que no tenían a nadie. Estas circunstancias nos han golpeado fuerte, nos han dejado KO, como una bofetada que no te esperas. Y nos han mostrado cual es la realidad de cada uno, qué tiene y qué le falta. Si tienen suficiente o si de esta manera no pueden sobrevivir. 

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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A muchos esta situación de 34 días encerrados en casa nos ha mostrado la familia que tenemos. Ya no la podemos esquivar. Está en todos los rincones de la casa. La convivencia es obligada. El reparto de tareas, la organización de los recursos para teletrabajar y teleestudiar, las comidas, la compra, el ocio, el aseo personal, la limpieza, el ejercicio físico, el rato de lectura, el rato de oración, las peleas, los momentos de crispación, las reconciliaciones, etc… 

Igual nos damos cuenta de que antes no había espacio para vivir todo esto. Que casi no nos veíamos y que no compartíamos ni tiempo, ni sitio, ni conversaciones. ¿Hace falta una pandemia? ¿Hace falta esta bofetada para mirar la vida de otra manera y mirarnos con otros ojos? ¿Nos damos cuenta ahora del valor de los demás? ¿Apreciamos ahora que no estamos solos y que lo que hagamos repercute en el prójimo? ¿Que es muy fácil salir de nuestra burbuja individual y que se puede ayudar, sostener y acompañar a los demás aún cuando estamos encerrados en casa?

No es hora de grandes lecciones ni conferencias ni manifiestos grandilocuentes, sino de ejemplo, testimonio, convivencia

Y sobre todo, ¿valoramos ahora el trabajo y las ocupaciones de los demás, por ejemplo de nuestros hijos? Ahora tenemos tiempo de estar con la familia y con nuestros hijos, no todos pueden, pero muchísimos sí. Son nuestras las 24 horas del día, los 7 días de la semana y las 4 semanas que ya llevamos de este mes encerrados. ¡Y todavía queda!

Una tarea que teníamos pendiente en la asociación de familias numerosas era publicar un manifiesto por la libertad educativa de los padres con sus hijos. Frases hechas, rellenas de leyes que nunca hemos leído, pero que parece que nos dan la razón, teoría que no nos llega al corazón para movernos a la acción en defensa de nuestra libertad como padres.

De forma imprevista, sin mediar palabras, nos encontramos frente a nuestros hijos. Y no solo para ocuparnos de sus tareas escolares, de su horario de estudio, de encontrar un hueco en la casa para cada uno, de como organizan el ocio…

Sino para encontrarnos verdaderamente con ellos y tomar las riendas de la familia, de nuestros hijos, de su educación, de su vida, para estar con ellos, acompañarles, ayudarles, enseñarles. Y no como si fuéramos grandes oradores o maestros, sino como padres y con nuestro testimonio de vida.

Ahora compartimos las 24 horas. No es hora de grandes lecciones ni conferencias ni manifiestos grandilocuentes, sino de ejemplo, testimonio, convivencia. Arremangarnos y hacer las cosas juntos. Solo así se construye una familia. Solo así creceremos y nos haremos fuertes.

Y cuando termine este encierro podrán salir a las calles, a las oficinas, a las tiendas, a los colegios, personas valientes, tenaces y enérgicas que forman familias sólidas, animosas y acogedoras con los familiares, con el prójimo y con el futuro, sea como sea. Solo así saldremos adelante. Y no necesitaremos manifiestos que nos recuerden que es lo que somos o lo que tenemos que hacer. Y avisamos, la convivencia en tiempos adversos crea unos vínculos muy difíciles de romper. Son para siempre. 

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