Comenzó como un canto al victimismo revanchista y a la culpabilización de todos los hombres y la cancioncita ha terminado como un fenómeno social de cachondeo para unos y de imitación para otras. Hemos visto bailecitos más o menos multitudinarios, mejor o peor aprendidos realizados por chicas que afirman no tener la culpa de algo que afortunadamente no les ha sucedido, pero de lo que culpan con el dedo a hombres que tampoco han hecho nada, ni tienen culpa ninguna. La canción, en resumen, es una prueba de que la estupidez humana como el universo, es infinita.

Partiendo de la base de que la culpa de cualquier agresión es siempre del agresor, el asesino o el violador (los linchadores profesionales lean diez veces seguidas esta frase antes de dar la lata, por favor), vamos a analizar las verdaderas consecuencias de esta visión de la realidad como “el lugar donde ejercer mis derechos y evadirme de responsabilidades” que inculca el feminismo rancio del que beben estas niñas bailantes.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Porque el problema es que las consecuencias de esta visión distorsionada que da la perspectiva de género son graves.

Todos tenemos derecho a transitar como queramos, a vestir como queramos, a decir lo que queramos. Es un derecho inherente a la libertad. Pero la libertad exige la responsabilidad en su ejercicio porque ese ejercicio deriva consecuencias de las que debemos hacernos cargo.

No es sensato, por mucho derecho que tengamos a ello, pasearnos cubiertos de joyas por un barrio con mucha delincuencia ni en realidad, y pese a la libertad que nos asiste, nadie puede garantizarnos que no tengamos algún problema por ese ejercicio de nuestra libertad. Porque no estamos en un mundo perfecto y carente de personas con malas intenciones.

Si hay algo claro es que el feminismo no quiere a nuestras hijas como las queremos nosotros. ¿Hay algún padre o madre que anime a sus hijas, o a sus hijos (que los peligros existen para ambos sexos) a ejercer su derecho de pasearse por barrios conflictivos diciendo lo que les parezca, vistiendo como les parezca, haciendo lo que les parezca?

Las recomendaciones que se dan a los hijos o a las personas que quieres son otras: sé sensato, controla dónde estás y lo que puede suceder. Nadie dice a su hijo o hija: “Tienes todo el derecho a exhibir tu Rolex, a vestirte como si fueras a pasear por la de alfombra roja de los Oscars y luego darte un garbeo por cualquier lugar de la ciudad. Incluso por lugares peligrosos. No faltaba más. Ea, que nadie os coarte”.

No, cuando se quiere a una persona no se le dice “ejerce tu libertad sin responsabilidad” porque en determinadas circunstancias y en determinados lugares, las posibilidades de meterse en problemas son muchas. El feminismo, en cambio, parece buscar carne de cañón para demostrar que el mundo es injusto con las mujeres.

Decía en una entrevista Camile Paglia, feminista disidente de todo este despropósito en que el movimiento ha derivado, que cuando las estudiantes exigieron en un colegio mayor la misma libertad que los chicos, ellas mismas comprendieron que era prioritario velar por su seguridad, al igual que les sucede a los varones. Y que eso consistía, no sólo en entrenarse en defensa personal, sino en actuar sin poner en peligro la propia seguridad evitando lugares, ropa y acciones que la comprometieran.

Frente a esto, ese feminismo que Paglia y muchas mujeres denunciamos envía dos mensajes completamente nefastos y que juntos pueden ser letales:

1. “Ejerce tu libertad sin responsabilidad y sensatez ninguna. Tienes derecho. La culpa no es tuya si te pasa algo”. Como si no tener la culpa eximiera del sufrimiento.

2. “Si estás en un problema eres capaz de defenderte como las nuevas heroínas de las películas. Eres fuerte como un hombre”. Mentira que hace que las chicas crean realmente que con algunas técnicas se pueden defender contra a un varón de complexión media, e incluso, de uno fuerte.

Mensajes iatrogénicos, que provocan lo contrario de lo que se dice querer: el bien de las mujeres. Porque el resultado no puede ser más que el que ustedes piensan.

El mundo es simplemente imperfecto, con una gran mayoría de gente buena y algunas personas malas. Y una agresión puede, en ocasiones, haber sido evitada por la simple sensatez en el ejercicio de su libertad por parte del agredido. Porque, al final, el que sufre es el agredido. Diríase que no se quiere evitar ese sufrimiento, sino fomentarlo.

“La culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”. No, claro que no, pero la insensatez sí puede ser tuya, y de un feminismo que te engaña respecto al ejercicio responsable de tus derechos. Y no te garantiza, porque no puede hacerlo, que no tengas problemas. En realidad, le importa un pimiento si los tienes. Es más, parece querer que los tengas.

¿Empezamos a hablar de la culpa de quienes, frente a toda lógica, todo sentido común y al contrario que cualquier consejo que darían las personas que realmente las quieren, empujan a las chicas a ejercer una libertad sin responsabilidad y sin comprender que todo tiene consecuencias?

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Riojana. Filóloga Profesora de educación física. Madre objetora a educación para la Ciudadanía. Estudiosa de la ideología de género. Conferenciante, tertuliana en programas de radio y televisión. Miembro de la Ejecutiva Nacional del partido VOX. Escritora de novelas y ensayos. Perseguida por su libro “Cuando nos prohibiernos ser mujeres…y os persiguieron por ser hombres”. Buscadora de la verdad. Defensora incansable de los derechos humanos fundamentales.