El pasado sábado 21 de septiembre acudir al Parque de atracciones de Madrid se convirtió, paradójicamente, en un acto de fuerza de voluntad. En lugar de sonrisas y el jolgorio juvenil propios del escenario, la imagen de la jornada fueron las caras mustias y proclamas reivindicativas del movimiento LGTBI. 

Bajo una cubierta gris amenazante de lluvia, los activistas convocados por JN Gobal  Project se aseguraron con disciplina legionaria de que todos y cada uno de los actos programados salieran adelante. Bandera arco iris en mano, los organizadores uniformados de intenso rojo dirigían miradas suplicantes a un cielo encapotado. 

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El parque, frío y  desangelado, hizo las delicias de los aficionados a la adrenalina, puesto que la escasa afluencia permitió disfrutar de todas y cada una de las atracciones sin esperas ni interrupciones. Familias tradicionales deambulaban por el parque ataviados con chaquetas y paraguas, en previsión de los fenómenos meteorológicos y distraídos de las suflamas progresistas del lobby homosexual.

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Si hubiera que extraer una moraleja del cuento que nos contaron el sábado, sería la extraordinaria cobertura mediática de estos actos apologéticos de la izquierda. Resulta sobrecogedor asistir a un discurso tan triunfalista, en el que se congregan más periodistas que simpatizantes. Resulta patético escuchar tanto victimismo en denuncia de una supuesta discriminación, por parte de aquellos que pagan la hipoteca precisamente gracias que dicha discriminación exista. Casi parece que, si no la hubiera, la crearían ellos mismos. Casi parece que no existe, se la inventan.

Allí estaban los convocantes, mirando al cielo, los periodistas siempre dispuestos a publicar aquello que tengan que decir, y por supuesto el ayuntamiento de Madrid, corroborando la existencia de una discriminación  positiva en favor del colectivo LGTBI. El pasado jueves, la sociedad civil liderada por Hazte Oír, presentó 30.000 firmas en contra de la vinculación de la ideología progresista a la oferta lúdica del Parque de Atracciones y no obtuvo respuesta del ayuntamiento. Sin embargo, los 30 activistas a sueldo, reclutados por JNGlobal para su gay gay, tuvieron el honor de recibir al delegado de Familia José Aniorte. 

Aniorte acudió junto a su familia, entre la que se incluye su propia hija menor de edad, ataviado con la camiseta roja corporativista del evento. Durante el acto, al servicio de todos los madrileños, el político de ciudadanos  no quiso referirse en ningún momento al episodio de violencia sufrido por la delegación de su partido en la manifestación del orgullo gay.

Aun así, no todo fueron palabras de amor y tolerancia. Como en toda manifestación, por muy camuflada y maquillada que sea por parte de las instituciones, hubo señalados. En este caso, la hija de Oniarte y el resto de menores asistentes al discurso, pudieron escuchar que Hazte Oír (adversarios ideológicos de la plataforma convocante) es una organización homófoba. Además, al margen de animarles a amar a quienes quieran, los portavoces animaron a los niños a seguir luchando por el progreso. 

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El plato fuerte de la jornada fueron las actuaciones del patinador travestido Kelly Roller, que sirvió de atracción para los más pequeños de la casa.  Más tarde, frente a los pocos valientes que resistieron a la lluvia, los cantantes Famous y Ricky trataron de levantar un poco los ánimos.

En general, el objetivo se cumplió: cobrar. Y que todos los niños que escucharan el manifiesto gay aprendieran que la libertad tiene unos colores: los de la bandera LGTBI. El contrapunto de tan falaz estrategia de adoctrinamiento, fue la patética asistencia que experimentó el parque, y la escasa atención que brindaron al acto político las familias asistentes. Tan retrógradas, todas ellas, que preferían acudir a las atracciones antes que escuchar clases de diversidad sexual impartidas por políticos.

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