Tendría que haber enviado el artículo hace ya un día, pero diferentes problemáticas personales han demorado dicha labor. Los problemas, esas disyuntivas presentes en todas las vidas humanas que en ocasiones prefieren ignorarse por comodidad o con el anhelo de vivir como todo fuera bien como cuando éramos niños. En esa infancia, no es que todo fuera bien, es que nuestros padres nos aislaban de los asuntos propios para que esas controversias no afectasen a nuestro desarrollo.

Hoy en día, como consecuencia de la sobreprotección de los padres, la infancia se alarga cada vez más y la adultez se pospone hasta más edad. Como consecuencia, nos encontramos con hombres y mujeres de cuarenta años ataviándose al estilo de adolescentes y bailando en discotecas cuando en realidad deberían estar preocupados en instaurar un proyecto de vida. Gentes que trabajan, pagan sus facturas o cuidan de sus hijos sin que ostenten unos principios íntegros sobre los que cimentar su existencia. Realidad sobre estimulada con el fin de alienar a la ciudadanía masificada sin un ápice de pensamiento crítico.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

Suscríbete ahora

Esta infantilización de la sociedad, así lo llaman los expertos, además de por las amargas situaciones que le ha tocado vivir a mi generación, es lo que ocasiona en determinados perfiles depresiones, ansiedad o diferentes problemas relacionados. Insatisfacción. El sentirse vacío por los simples entretenimientos o las nulas aspiraciones actuales son el germen de parte del problema.

Al sistema le interesan figuras que no hagan pensar a la sociedad, que fomenten el alineamiento existencial. Por eso los futbolistas ganan millones y los profesores no llegan a fin de mes

Mi profesor de Literatura Universal, cuando estábamos estudiando a Baudelaire y alguien le preguntaba sobre la tan utilizada alegación al aburrimiento del poeta francés, siempre decía que el tedio era algo así como jugar al FIFA toda una tarde. ¿Cuántos se están haciendo millonarios por pasar horas moviendo el joystick del mando de la consola? Tantos que ahora los niños ya no quieren ser futbolistas si no gamers. Al sistema le interesan figuras que no hagan pensar a la sociedad, que fomenten el alineamiento existencial. Por eso los futbolistas ganan millones y los profesores no llegan a fin de mes.

Esa idiotización de la sociedad se refleja en nuestra clase política. Los líderes de los principales partidos, que ninguno pasa de la cincuentena, reflejan su mediocridad intelectual con argumentos banales con escaso calado empírico. Así, los ciudadanos seguimos como borregos a unos hombres y mujeres con nula capacidad de gobierno provocada por la tosquedad de sus conocimientos.

¿Recuerdan aquella vez en la que le preguntaron a Santiago Abascal sobre determinados temas y no supo responder a ninguno? Pues así nos va. Aunque es más preocupante que todavía haya gente que confíe su vida a unos dirigentes que dejan mucho que desear en muchos aspectos. Atrás quedaron los tiempos de la Transición en los que estábamos en manos de una élite intelectual fogueada en la dictadura o la lección que supuso la historia bíblica del Rey Salomón en la que el monarca de Israel le pedía a Dios sabiduría para guiar a su pueblo.

Tenemos estos políticos porque son los que nos merecemos, les dejamos hacer lo que quieren desde el mismo momento en el que depositamos en la urna el voto con sus siglas y su nombre. Paradójicamente, no es culpa nuestra, no somos autores sino víctimas, esclavos de un sistema que premia la mediocridad y censura el talento.

Comentarios

Comentarios