Este verano hemos conocido una nueva forma de manipulación mediática al servicio del lobby feminista.

Se trata de la consideración como violencia machista de aquellos crímenes en los que los fallecidos resultantes son varones, mientras que la mujer implicada que justifica el carácter machista del delito, tan solo resulta herida.

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Un ejemplo es el asesinato de un joven adolescente el pasado 7 de Agosto en Teruel, España, y el posterior suicidio de su asesino; su propio padre. La madre, que también fue objetivo del atacante, resultó herida durante el suceso y afortunadamente consiguió recuperarse de sus heridas. Desgraciadamente, por el contrario, el muchacho murió.

No es necesario repetir más veces que las dos personas fallecidas eran hombres y que fallecer es sinónimo de morir. Sin embargo, a día de hoy, las feministas y sus tentáculos mediáticos siguen reivindicando el carácter machista de un ataque contra un hombre. 

Aun así, y por muchas veces que se repitiera en este artículo el desgraciado asesinato de un varón, habría muchas personas que jamás renunciarían a interpretarlo como un crimen machista, porque para ver hace falta algo más que un par de ojos, porque no hay más ciego que el que no quiere ver, y porque no hay mayor fe que la del converso. No les preocupa defender a la mujer, como hizo el chico con su madre, les preocupa seguir justificando la existencia de sus puestos de trabajo, al precio que sea.

La línea a seguir por el colectivo feminista sigue siendo la vieja instrumentalización comunista del lenguaje al servicio de la causa, independientemente de su concordancia con la realidad. 

Reducir crímenes como este a la categoría de crimen machista no solo supone un desprecio por la muerte de un hombre, sino que además vincula directamente al sexo masculino con la maldad, obviando su potencial situación de víctima, y asignándole en exclusiva el papel de verdugo en un guión que el feminismo está logrando imponer en la sociedad.

La desigualdad ha vuelto a occidente en el siglo XXI. En este caso por el supremacismo femenino. En la actualidad, cualquier crimen es machista, porque la masculinidad pretende ser criminalizada.

¿Cómo puede ser machista la violencia ejercida contra un hombre? ¿Por qué resaltar siempre la indiscutible corrupción del ser humano varón por encima de sus virtudes? ¿Qué mente enferma puede concebir la transformación del dolor y la muerte masculina en un acto de maldad machista?

¿Qué profesional tan sectario, parcial y manipulador puede servir a una causa que pretende reducir una muerte de un hombre a la categoría de mero  daño colateral de la agresión a una mujer? ¿Qué sociedad tan corrupta sería capaz de asimilar semejante mensaje y negar a un ser humano el protagonismo de su propia muerte? Aquella en la que la vida de un hombre y una mujer no valgan lo mismo.

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